La misión Artemis II de la Agencia estadounidense del Espacio y la Aeronáutica (NASA) se puso finalmente en marcha este miércoles.
Su objetivo es protagonizar el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna en más de medio siglo, un paso decisivo para el regreso del ser humano a la superficie del satélite natural de La Tierra.
Tras su lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, la cápsula Orion —impulsada por el cohete Space Launch System (SLS)— alcanzó la órbita terrestre este miércoles.
La tripulación está integrada por Reid Wiseman, comandante de la misión; Victor Glover, primer astronauta afroamericano en viajar a la Luna; Christina Koch, primera mujer en esta trayectoria; y Jeremy Hansen, primer canadiense en orbitar el satélite.
Los cuatro astronautas permanecieron unas horas alrededor de la Tierra para realizar pruebas críticas antes de emprender un viaje de aproximadamente 10 días hacia la Luna y de regreso.

El programa científico de la misión y la cooperación internacional
Artemis II es una prueba clave para el sistema de soporte vital de Orion, las interfaces de la tripulación y las comunicaciones. Los astronautas tomaron el control manual de la nave tres horas después del lanzamiento para verificar su maniobrabilidad en caso de fallo de los sistemas automatizados, según reportes de prensa.
El Módulo de Servicio Europeo (ESM), desarrollado por la Agencia Espacial Europea, proporcionará propulsión, energía, agua potable y oxígeno, demostrando la cooperación internacional que caracteriza al programa.
Además, se evaluará la resistencia de los sistemas en condiciones reales de vuelo, preparando el terreno para futuras misiones que incluyen un alunizaje tripulado y la instalación de una base permanente en el polo sur lunar.
Artemis II: el reto espacial más arriesgado y fascinante de nuestra generación
La misión refleja el espíritu de colaboración que ha caracterizado a la Estación Espacial Internacional. La participación de astronautas de diferentes nacionalidades y perfiles marca un hito en la diversidad de la exploración espacial, resaltan especialistas en el tema.
“Hay seres humanos de diferentes colores, sexo y todos son capaces de volar hacia la Luna”, señaló el astronauta europeo Matthias Maurer, quien subrayó que la mezcla de culturas y experiencias enriquece el programa.
Carrera por la conquista de la Luna
El regreso de Estados Unidos a la Luna ocurre en un contexto de competencia internacional. La NASA prevé un asentamiento a largo plazo en el polo sur lunar antes de 2028, mientras que China planea su primer alunizaje tripulado alrededor de 2030.
La carrera por la Luna no solo tiene un componente simbólico, sino también estratégico: se estima que en su subsuelo existen recursos valiosos como helio-3, agua congelada y minerales que podrían ser esenciales para la energía del futuro y la exploración más allá del sistema solar.
La misión Artemis II llega tras años de retrasos y sobrecostos. El programa, valorado en miles de millones de dólares, ha enfrentado presiones políticas y técnicas.
Aunque no aterrizará en la Luna, su importancia es estratégica. Se trata de un peldaño hacia la construcción de una base lunar permanente y, eventualmente, hacia la exploración de Marte.
Como señaló la astronauta Christina Koch, “es una piedra de Rosetta para entender cómo se forman otros sistemas solares”. El viaje que comienza este jueves no solo revive la épica del programa Apolo, sino que abre una nueva era en la conquista del espacio.
El programa Apolo fue la iniciativa de la NASA que llevó por primera vez al ser humano a la superficie de la Luna. Entre 1961 y 1972 se desarrollaron diversas misiones, que tuvieron su clímax el 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin caminaron sobre el satélite mientras Michael Collins permanecía en órbita, como parte de la histórica misión Apolo 11.
El proyecto, concebido en plena Guerra Fría, buscaba demostrar la capacidad tecnológica y científica de Estados Unidos frente a la Unión Soviética.
No obstante, tuvo también obstáculos y accidentes como el ocurrido en 1967, durante una prueba en tierra, en la que el Apolo 1 sufrió un incendio dentro de la cápsula en la plataforma de lanzamiento que provocó la muerte de los tres astronautas a bordo.












