El expresidente cubano Raúl Castro (2008-2018) asistió este viernes a un homenaje por su cumpleaños 95 en La Habana, en su primera aparición pública desde que fuera imputado el pasado 20 de mayo con cargos penales en Estados Unidos por el derribo de dos avionetas de exiliados hace tres décadas.
El acto, celebrado en un concurrido teatro Karl Marx, en su mayoría de oficiales de los cuerpos armados, fue trasmitido en diferido en la noche del viernes, cuando el país padecía de un apagón que cubría el 65 % de su territorio.
Con un explayado programa cultural y la presencia en el escenario de figuras como el pentacampeón olímpico en lucha grecorromana, Mijaín López, la celebración también conmemoró el aniversario 65 del Ministerio del Interior (Minint) y reunió a las principales figuras del Partido Comunista de Cuba (PCC), el Gobierno y familiares del exmandatario.

Un cumpleaños con fuerte carga política
En su discurso, el presidente Miguel Díaz-Canel calificó la fecha como “uno de los cumpleaños más celebrados en la isla” y elogió a Castro como jefe militar y estadista. Subrayó su “alto valor simbólico” y afirmó que “Raúl es Cuba y a Cuba no se toca”, en referencia directa a la reciente imputación estadounidense.
El mandatario insistió en que Cuba “quiere la paz” y sigue “apostando por un clima de entendimiento con EEUU sobre la base del respeto mutuo”. Sin embargo, advirtió que, si la isla es atacada, responderá en “legítima defensa” y que “si intentan entrar, habrá combate decidido y firme”.
La narrativa del “Estado fallido”
Díaz-Canel denunció que “con más mentiras se pretende construir un pretexto para una agresión militar a Cuba”, bajo el relato “ridículo y patético” de que el país es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Señaló que el imperio “no solo destruye, sino que además construye el relato para que la destrucción parezca inevitable”, difundiendo imágenes falsas de supuestas bases chinas o rusas en Cuba.
El jefe de Estado subrayó que la mayor crueldad del bloqueo es su permanencia en el tiempo —fue decretado oficialmente en febrero de 1962— y la mayor ofensa, “el cínico intento de imponer la narrativa inversa del Estado fallido como culpable”.
A su vez, reconoció insuficiencias internas, pero advirtió que nunca podrá funcionar con normalidad un Estado al que se le niega importar alimentos, medicinas, combustible y repuestos, al bloquear sus finanzas internacionales e impedirle acceder a créditos o comerciar libremente.
El mandatario enumeró las actuales secuelas del embargo: apagones prolongados, desabastecimiento de medicinas y alimentos, baja producción, crisis en el transporte, caída del turismo y migración elevada. Frente a ello, denunció que “el coro imperial y sus voceros locales culpan al supuesto Estado fallido y al socialismo”. Concluyó que “lo que el imperio llama Estado fallido es, en realidad, un Estado agredido y negado a rendirse”.
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Empresas bajo presión
Díaz-Canel también vinculó la salida de importantes compañías y cadenas hoteleras de la isla con las medidas de coacción de Washington.
“Han desatado ese terror global sobre la base de otra gran mentira: la criminalización de un sistema empresarial cubano como el GAE”, afirmó y denunció que, sin pruebas, se ha construido un relato de corrupción y favorecimiento millonario.
De acuerdo con el gobernante, el ataque contra el GAE “no es casual ni una campaña mediática más”, sino un intento de golpear un sistema empresarial que ha demostrado efectividad frente al cerco económico.
Recordó además que las empresas del GAE (la narrativa oficial omite ahora la partícula S.A, Sociedad Anónima) han hecho notables contribuciones al desarrollo socioeconómico del país.

Mensaje de Raúl Castro y un gran ausente
Durante el acto, el ministro del Interior, Lázaro Álvarez, leyó un mensaje de Raúl Castro en el que el exguerrillero y exministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias señaló que “en el momento histórico actual corresponde seguir trabajando con orden, control y responsabilidad”.
Castro no participó en los actos de repudio convocados en todo el país durante más de una semana para denunciar su imputación en EEUU, aunque sí lo hicieron las principales figuras del Gobierno y su familia.
Desde que el llamado líder de la Revolución cubana fue acusado formalmente el pasado 20 de mayo por fiscales federales de Estados Unidos por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996, el Gobierno cubano ha rechazado la imputación y la ha calificado de “farsa” destinada a justificar una agresión contra la isla.
La aparición pública del exmandatario, en medio de este escenario, fue interpretada como un gesto de respaldo político y simbólico a la coherencia histórica del sistema socialista en medio de una crisis existencial sobre la que muchos analistas consideran que se ha superado el punto de no retorno a su status quo anterior y se enfrenta a una mutación inevitable.
El gran ausente de la velada fue el artífice directo del Minint, el comandante Ramiro Valdés, de 94 años, a quien el presidente Díaz-Canel dedicó el primer pensamiento, dado que fue “miembro y jefe fundador, paradigma de esta institución, con un legado que ha perdurado en el tiempo”.











