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Enrique Diego Arango, jefe del Servicio Sismológico de Cuba, accede a un encuentro solicitado por los lectores de OnCuba, preocupados, con razón, por la tragedia que vive el pueblo venezolano y las implicaciones que pudiera tener para nuestra región un sismo de carácter tan devastador.
Este mes de junio está siendo de gran actividad sísmica. Te relaciono solamente algunos movimientos telúricos, ocurridos en o en las cercanías de los lugares que se consignan:
8 de junio: Occidente de Cuba; 19 de junio: Tabou (Costa de Marfil), Yuzhno-Sajalinsk (Rusia), Invercargil (Nueva Zelanda); 24 de junio: San Felipe (Venezuela), Papua (Nueva Guinea), Kuji (Japón), Willits, California (EE. UU.), Nishikatsura (Japón); 25 de junio: Yokoshibahika (Japón); 26 de junio: Palomolok (Filipinas). Isla de la Mona (Puerto Rico), Punta Cana (República Dominicana)
¿Es frecuente que haya temporadas sísmicas tan activas?
Hay ocasiones, no temporadas, en que coincide la ocurrencia de varios terremotos en un periodo de tiempo corto. Cada terremoto sucede en una zona, principalmente en el límite de placas, donde se acumula la energía por un periodo de tiempo que es proporcional a la magnitud del mismo.
Hay límites de placas que interactúan más rápido que otras, como ocurre en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico. Esto trae como consecuencia que la frecuencia de terremotos fuertes sea mayor que en otras regiones del mundo donde es menor la velocidad con que están en contacto las placas.

¿Hay alguna relación entre sismos tan distantes como los ocurridos el 19 de junio en Rusia, Nueva Guinea, Costa de Marfil y Nueva Zelanda o los del día 24: Japón, Venezuela y California?
Directamente no hay ninguna relación. Sucede muchas veces que, al ocurrir un terremoto fuerte en un lugar, las mismas vibraciones que sacuden la tierra disparan zonas donde está en el límite de acumulación de energía, y se produce un terremoto. Es lo mismo que al sacudir una mata de mango: se caen los que ya están maduros, a punto de gotear.
Leí en algún lugar, seguramente a ti mismo, que la gran falla que se encuentra frente a Santiago de Cuba lleva acumulando energía desde los años 30. ¿Qué significa eso?
Esto significa que hay energía acumulada desde esa fecha. Siempre se toma de referencia el año 1932, cuando ocurrió un terremoto de VIII grados de intensidad en la escala MSK que afectó a Santiago de Cuba. Sin embargo, en 1947 ocurrió un terremoto similar al suroeste de Santiago de Cuba, que no se toma en cuenta porque no causó tantos daños como el de 1932.
Corre por las redes la especulación de que los sismos pudieran ser provocados por el hombre. Estados Unidos, dicen, tiene armas o dispositivos que pudieran estimular los movimientos telúricos. ¿Qué piensas de eso?
Totalmente falso. Todos los terremotos fuertes ocurren en las fallas límites de placas donde anteriormente han ocurrido. Esto es así desde mucho antes de que existiera el hombre, por la liberación súbita de energía con un periodo de recurrencia o retorno con una aproximación bastante aceptable. Mover la corteza terrestre de miles y miles de kilómetros cuadrados implicaría una energía colosal para generar un terremoto, que no pasaría sin ser detectada.

Ya sé que los sismos no pueden prevenirse en un plazo inmediato. ¿Se puede, en cambio, hacer predicciones a largo plazo?
Sí, por supuesto. Estas predicciones se hacen en términos probabilísticos y determinísticos, teniendo en cuenta la historia sísmica y las zonas fuentes principales. Estos mapas muestran zonas de mayor o menor peligro sísmico con las aceleraciones del suelo que se esperan ante la ocurrencia de un terremoto fuerte para un periodo de tiempo determinado.
¿Cuál es el peligro real de que el archipiélago cubano sea asolado por un terremoto de escala 7 o mayor?
La zona de mayor peligro sísmico del archipiélago cubano es toda la parte suroriental, por estar próxima a la falla Oriente, que es un límite de placas.
Los terremotos más fuertes que han ocurrido en esta zona de fallas en el periodo de registro histórico, desde el siglo XVI, se han estimado con una magnitud de 7.6 (12 junio 1776) y 7.3 (20 agosto 1852).
Desde que hay estaciones sismológicas, en la década del 60, los terremotos fuertes ocurridos en esta zona de falla han sido menores a 7 de magnitud. La energía acumulada en el sector situado entre Santiago de Cuba y Guantánamo pudiera provocar un terremoto similar al ocurrido en 1932, con una magnitud de 6.75 aproximadamente.

¿Está preparado el país para contrarrestar los efectos devastadores de un evento así?
Durante años, las autoridades del gobierno y la defensa civil en Santiago de Cuba y otras localidades del oriente del país se han estado preparando mediante ejercicios prácticos dedicados a impactos de terremotos fuertes, análisis de las zonas con mayores estimados de pérdidas en daños materiales y humanos para facilitar las tareas de salvamento y ayuda de todo tipo.
Se han construido repartos con sistemas constructivos sismorresistentes. No obstante, hay una vulnerabilidad sísmica acumulada significativa, unida a la situación por la que atraviesa el país, que todos conocemos, que complicaría mucho el escenario.












