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Cantaba desde muy pequeña, pero fue a los 18 años, después de entrar a un estudio de grabación y probar por primera vez cómo sería dedicarse profesionalmente al canto, cuando despertó en ella el deseo de hacer aquello por el resto de su vida.
Hizo parte de su carrera en Cuba, su país natal, pero a sus 29 años, Gretcheem Grey (La Habana, 15 de diciembre de 1997) se reinventa en Italia, desde donde sigue soñando con que su trabajo pueda conocerse en la isla. “Quiero regresar. Extraño muchísimo mi país. Sé que la situación allí es muy difícil, pero no quiero perder ese vínculo. Quiero volver, hacer conciertos y reencontrarme con el público cubano. Me gustaría que mi música pudiera acompañar a las personas también en ese contexto tan complejo”, contó en un intercambio que sostuvimos vía WhatsApp.
En 2022, su tema “Limbo” ganó en la categoría “Video balada” de los Premios Lucas, en el que compartió la dirección con DJ Rowa. De ahí en adelante y tras la emigración a Italia —que también supuso el inicio de su carrera como artista independiente—, la joven cantante y compositora divide sus días entre componer, grabar y aprender habilidades de editora, videógrafa y directora de fotografía para seguir sacando adelante su música, mientras lidia con otras funciones que ella misma no esperaba tener que aprender a gestionar cuando decidió dedicarse a la música, entre ellas la creación de contenido para redes sociales.
“Hoy muchas casas discográficas, mánagers y representantes ya no se fijan únicamente en tu talento. También miran tus números, tus visualizaciones y si eres tendencia. Puedes hacer muy buena música, pero si no eres viral, muchas veces simplemente no trabajan contigo”, observa con pesar.
Su repertorio de influencias lo compusieron en una primera etapa Christina Aguilera, Miley Cyrus, Erykah Badu, Evanescence, Rihanna, Katy Perry y Pink. Más adelante también llegaron Melanie Martínez, Billie Eilish, Aurora, Bruno Mars y Lady Gaga.
“Michael Jackson fue otra de mis grandes influencias, al igual que algunos grupos de rock que escuchaba desde niña, como Black Eyed Peas y Slipknot”, rememora Grey, quien se ha dedicado estética y musicalmente al dark pop, un subgénero en el que se siente cómoda para poner sobre la mesa, en su propio lenguaje, debates tan contemporáneos como la presión de crear en tiempos de redes sociales y la mediación algorítmica en el arte, uno de los ejes de su nuevo tema “Poder”, que acaba de lanzar.

¿Cómo empezó tu camino en la música?
Comenzó desde muy pequeña. Mi mamá siempre cuenta que, desde los cinco años, tuve un interés muy especial por la música. Cantaba todo el tiempo y me paraba frente al televisor a interpretar las canciones que escuchaba. Además, crecí rodeada de música porque mi papá es músico profesional de la Banda Nacional de Conciertos y de la Orquesta Sinfónica. Él siempre me llevaba a sus ensayos y conciertos, y a mí me encantaba estar en ese ambiente, rodeada de músicos y directores. Fue una experiencia muy bonita.
Ahí fue donde despertó realmente mi amor por la música. También cantaba en los coros de la iglesia desde pequeña; tuve varias oportunidades de ser solista y a mis doce años participé en el Concierto de Navidad, donde canté como solista junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
¿Cuándo descubriste que querías dedicarte profesionalmente al canto?
Desde muy pequeña cantaba en las actividades de la escuela y de la iglesia. Siempre me llamaban para participar. Me encantaba el mes de diciembre porque era cuando empezaban los villancicos y disfrutaba muchísimo cantar en las iglesias y en todas esas actividades.
Cuando salía con mis amistades de la escuela, también cantábamos juntos, y casi siempre interpretaba “Veinte años”, un bolero de María Teresa Vera que me encanta. Además, participé en muchos concursos de radio, donde varias veces obtuve el primer lugar con esa canción.

Pero a los 18 años decidí entrar por primera vez a un estudio de grabación para grabar mi primer cover: “Chandelier”, de Sia, que en ese momento era un tema muy famoso. Sinceramente, ahí fue cuando dije: “Quiero dedicarme de lleno a esto. Quiero empezar a recorrer este camino en la música”.
Fue entonces cuando empecé a grabar mis primeras canciones. Todavía no componía porque estaba dando mis primeros pasos. Colaboré mucho con el productor DJ Rowa, en Rowa Music Records, y esos fueron realmente mis inicios.
En tu perfil de Instagram se lee que haces “dark pop”. ¿Cómo describirías tu estilo?
Creo que esa parte oscura ha estado conmigo desde pequeña, porque escuchaba mucho rock. Para mí es muy importante que un artista sepa qué hace, cómo quiere definirse, hacia dónde quiere ir y cómo quiere presentarse.
Me gusta mucho el estilo dark pop. Soy fanática de escribir canciones oscuras, profundas, y de abordar temas poco habituales. Aunque en mi música también hay elementos de indie, alternativo, contemporáneo y electropop, considero que el dark pop es el género que más la define.
Me describo como una artista muy emotiva, muy vulnerable y apasionada por escribir sobre resiliencia. Siempre intento construir una atmósfera en mis canciones.
Al principio buscaba demostrar mucho virtuosismo vocal, alcanzar notas muy altas y destacar por mi voz. Pero con el tiempo entendí que eso no necesariamente hace que una canción le llegue al público. Entonces decidí cambiar un poco mi enfoque.
Ahora, cuando grabo mis voces, busco crear una atmósfera. Me gusta trabajar con capas de voces, armonías y una producción que envuelva al oyente. Esos son los recursos que más disfruto utilizar. Quiero que, cuando alguien escuche mi música, se sienta inmerso en una atmósfera narrativa.

¿Cómo ha sido la mudanza a Italia y de qué forma la música encuentra espacio hoy en tu vida?
Llegué a Italia por motivos familiares hace casi tres años. Emigrar ha sido una de las experiencias más difíciles de mi vida. Encontrarme en un país completamente nuevo, lejos de mi familia, sin amistades, sin conocer el idioma y sintiéndome sola ha sido muy duro. Muchas veces siento que no encajo y extraño muchísimo mi país. Espero poder volver pronto.
En este tiempo la música ha seguido teniendo un espacio muy importante en mi vida, aunque no de la manera en que imaginaba. Gran parte de mi energía ha estado dedicada a mi papá, quien, gracias a Dios, logró vencer un cáncer. En estos momentos, él es mi mayor prioridad.
Pero nunca dejé la música de lado. Durante ese período tan difícil, en el que atravesé mucha depresión, frustración y lloraba todos los días, la música fue lo que me salvó.
Por eso muchas de las canciones que estoy publicando ahora están relacionadas con mi llegada a Italia y con todo lo que vivimos mi papá y yo. Él llegó prácticamente al mismo tiempo que yo, y gran parte de mi música nace de todos esos sentimientos que experimenté al inicio de esta etapa y de la batalla que enfrentamos juntos.
La música me ayudó a desahogarme y a procesar todo lo que estaba sintiendo. Tal vez no pude dedicarme a ella completamente porque las circunstancias no lo permitían, pero siempre encontré un espacio para seguir creando, y espero poder hacerlo con mayor libertad en el futuro.

Tu nuevo tema, “Poder”, aborda la presión que ejercen las redes sociales sobre la identidad y sobre cómo la mostramos. ¿Alguna experiencia personal dio origen a esta canción?
Sí. “Poder” nace de una lucha que todavía sigo viviendo. Cada vez que abro las redes sociales siento mucha frustración. Me esfuerzo muchísimo preparando un reel o creando contenido artístico, y me duele ver que el algoritmo muchas veces no premia el contenido de valor, sino de otro tipo.
La canción nace de ese conflicto interno, de preguntarme si debía cambiar mi esencia o aparentar ser alguien que no soy para captar la atención de las personas en redes sociales. Hoy todo se reduce a detener el scroll durante unos segundos, y si el algoritmo ve que la gente pasa de largo rápidamente, simplemente deja de mostrar tu contenido.

Eso me ha generado mucha presión porque yo no soy creadora de contenido: soy cantante, soy artista. No quiero ser influencer ni seguir el mismo patrón que veo constantemente en redes sociales. Veo muchos videos que terminan siendo iguales: las mismas fórmulas, los mismos ganchos, los mismos subtítulos. Todo se repite.
“Poder” nació de esa tristeza y de esa presión que hoy sienten muchos artistas. Hay muchos que solo quieren mostrar su arte, pero sienten que el algoritmo no valora el esfuerzo ni el talento que hay detrás de ese trabajo. Si el contenido no se muestra, las personas tampoco llegan a verlo.
Comentabas antes que te preguntaste si debías dejar de ser tú misma para encajar en lo que premia el algoritmo. ¿Qué tan difícil ha sido atravesar ese conflicto?
Yo no quiero ser otra persona. No quiero vivir en un mundo de ilusión. Veo que hay muchas personas que en redes sociales terminan creyéndose una imagen que construyeron: que son millonarios, famosos o influencers, porque ahora parece que todo el mundo quiere ser influencer.
Por eso en “Poder” digo: “Deseando el poder, no sé si me transforme, fingiendo no ser yo sin perderme en una ilusión”. Ese verso nace del miedo que tengo a fingir tanto que termine perdiéndome y viviendo en un mundo que no es el mío. Me preocupa dejar de reconocerme por intentar encajar. Ese miedo y esa frustración fueron los que dieron origen a la canción.
¿Crees que hoy los artistas jóvenes sienten más presión por generar contenido que por dedicarse a su propio arte?
Sí, completamente. Existe una obsesión con las redes sociales: con las visualizaciones, los likes y las métricas. Eso no te deja estar tranquilo y, además, influye directamente en la carrera de un artista independiente.
De esa frustración nació “Poder”: de todo lo que está sucediendo en las redes sociales, de ese mundo tan ficticio que vivimos hoy y que, además, ahora se mezcla con la inteligencia artificial. Todo eso hace todavía más difícil llegar a las personas.
Intentar enamorar al algoritmo es una locura. Existen tantas teorías sobre cómo funcionan las redes sociales que llega un momento en el que ya no sabes qué hacer para captar la atención de alguien.
Entonces empiezas a preguntarte: ¿empiezo el video con un gancho?, ¿empiezo siendo yo misma?, ¿rompo un vaso para llamar la atención? Ya no sabes cuál es el camino correcto. Y todo eso solo para conseguir que alguien se detenga un minuto y escuche tu música.
Yo solo quiero decir: “Esta es mi música. Soy una artista cubana que está luchando por cumplir sus sueños. Regálame un minuto de tu tiempo”.
Ha sido muy difícil. Me ha generado mucha ansiedad, mucha frustración y hasta depresión. Incluso, muchas veces he pensado en abandonar la música por todo lo que está pasando con las redes sociales. Pero siempre hay una voz dentro de mí que me dice: “Olvídate del algoritmo y sigue creando. Tu momento llegará. Tal vez no sea hoy ni mañana, pero llegará”.
Yo no soy creadora de contenido. Soy artista.

Toda esa presión terminó generando mucha confusión en mi cabeza hasta que, poco a poco, pude decir: “Esta soy yo. Al que quiera escucharme, bienvenido; y al que no, que siga viendo el siguiente video”.
Sí creo que hoy los artistas sienten muchísima más presión por generar contenido. Lo veo constantemente en redes sociales. Muchos músicos hablan de lo mismo. Incluso la propia plataforma te sugiere publicar más.
Llega un momento en que dejas de disfrutar tu trabajo porque vives pensando que tienes que subir seis reels, un post, varias historias y hacerlo siempre a la misma hora. A mí me ha pasado que he estado casi toda una semana editando videos y no he tenido tiempo para hacer lo que realmente amo, que es la música.
Sientes que debes crear contenido todo el tiempo, y eso termina robándote horas de trabajo creativo. Muchos artistas hablan de lo injusto que resulta y algunos incluso han decidido hacer una pausa por esa razón.
En mi caso, esta misma semana he tenido muchísimo material por editar, pero casi no he podido dedicar tiempo a hacer música. Como soy una artista independiente, tengo que grabarme, editar mis propios videos y promocionar mis temas.
Tengo muchas canciones e ideas esperando porque las redes sociales no me permiten tener el tiempo y la pausa que un artista necesita para crear.
Eso es lo más frustrante: pasar horas y horas generando contenido y que, aun así, el algoritmo no lo impulse. Es una sensación muy triste.
Tu nuevo tema parece ser una especie de invitación a recuperar la identidad en medio de tanto contenido pensado para satisfacer algoritmos y datos. ¿Qué significa para ti “tener poder” como creadora?
Sí. “Poder” es una invitación a recuperar la identidad en medio de un mundo cada vez más ficticio. Es una canción reflexiva, no un tema comercial. Incluso cuando hago canciones con un sonido más comercial, siempre intento que tengan un mensaje de fondo. Si algún día una canción mía se vuelve viral, quiero que también deje una semilla en el corazón de quien la escuche.
“Poder” invita precisamente a reflexionar sobre la obsesión que estamos desarrollando con las redes sociales. A mí también me pasa. Las plataformas te empujan a revisar constantemente las métricas, los números, el rendimiento de cada publicación. Sin darte cuenta, empiezan a absorber tu energía. Estás haciendo cualquier cosa y, de pronto, tomas el teléfono para ver cómo va un reel, si funcionó o si se hizo viral.
Quiero invitar a las personas a tomar un poco de distancia de todo eso. Cuando hablo de “tener poder”, no me refiero al poder político o a una posición de autoridad. Hablo del deseo de que, finalmente, una de mis canciones o uno de mis reels conecte con muchas personas y que eso permita que más gente descubra mi música. Hoy, gran parte de la carrera de un artista se construye en las redes sociales. Ya no existen las mismas herramientas de promoción que había antes; ahora casi todo pasa por TikTok e Instagram.
En Cuba, muchos jóvenes artistas utilizan las plataformas digitales para abrirse camino dentro y fuera del país. ¿Cómo fue tu experiencia?
Mi experiencia fue bastante limitada. En Cuba muchas plataformas no funcionan o tienen restricciones, así que los artistas solemos depender de terceros para registrar nuestra música, distribuirla y comercializarla.
En mi caso, viví experiencias muy difíciles. Sufrí abusos relacionados con mi trabajo musical y pasé casi dos años sin poder lanzar mi música debido a problemas que escapaban de mi control. Fue una etapa muy triste porque no tenía poder sobre mis canciones ni sobre mis propios derechos.
Sé que muchos artistas cubanos viven situaciones parecidas. Distribuir música desde Cuba no es sencillo. En cambio, ahora que vivo en Italia, puedo gestionar personalmente mis derechos, mi distribución y todo lo relacionado con mi carrera. Aprendí mucho de lo que viví y hoy soy mucho más cuidadosa al momento de firmar contratos, negociar distribuciones o establecer el reparto de regalías.
He visto a muchos artistas jóvenes en Cuba sufrir porque, al ser un contexto tan limitado, existe la esperanza de que alguien desde el extranjero los ayude a crecer. Lamentablemente, muchas veces terminan encontrándose con personas que se aprovechan de esa ilusión.
Creo que, dentro de Cuba, Instagram ha sido una de las plataformas que más ha ayudado a los artistas emergentes a darse a conocer.
En mi caso utilizo principalmente Instagram. También estoy en TikTok, aunque no lo manejo tanto. Mi objetivo siempre es llevar a las personas hacia las plataformas donde realmente escuchan mi música, como Spotify y YouTube.
Volvamos a “Poder”. Su videoclip tiene una estética muy cinematográfica y cargada de simbolismos. ¿Cómo nació esa idea y qué quisiste representar con esas imágenes?
Sí, el videoclip está pensado completamente desde una estética cinematográfica.
Siempre cuento que todos mis videos los grabo con mi teléfono. Al principio ni siquiera tenía iluminación. Durante mucho tiempo grabé con un iPhone 12 y ahora lo hago con un iPhone 16 Pro Max. Espero que en el futuro pueda comprar una cámara profesional, porque es prácticamente lo único que me falta para seguir creciendo en esa parte.
Siempre intento que mis videoclips tengan una estética cinematográfica y estén llenos de simbolismos. No me interesa hacer un video simplemente porque un paisaje sea bonito o porque haya una buena puesta de sol. Necesito que cada elemento tenga un significado.
Por ejemplo, en una de las escenas aparezco con una máscara blanca y un código QR sobre el rostro. Ese símbolo representa cómo, al entrar en el mundo de las redes sociales, parece que primero tienes que “escanearte” para descubrir qué personaje vas a construir, qué identidad vas a mostrar y cómo vas a adaptarte a ese entorno.

Esa máscara, en realidad, la hice yo misma. Era un pulóver blanco que corté y transformé a mano. Compré unos tatuajes temporales por Amazon para crear el código QR y cosí algunos detalles con hilo rojo que simula sangre.
Esa sangre representa la obsesión que generan las redes: la necesidad constante de tener el teléfono en la mano, de consumir contenido y de vivir pendiente de la vida de los demás. Es una imagen que habla de esa dependencia que poco a poco vamos desarrollando.
También hay otra escena en la que aparezco sentada con una especie de suero conectado a la vena. Esa imagen simboliza la adicción al teléfono y a las redes sociales, que nos están robando tiempo para disfrutar de la vida, de quienes tenemos cerca y de las conversaciones reales. Hoy es muy común salir con amigos y ver que todos están mirando la pantalla del teléfono en lugar de compartir el momento.
Por eso esa escena funciona como una metáfora. Igual que un paciente necesita un suero para recuperar fuerzas, en el videoclip el personaje parece necesitar una conexión permanente al mundo digital para sentirse bien. Es una forma de representar hasta qué punto esa dependencia puede convertirse en una necesidad.
Muchas de las cosas que imaginé para este video las visualizaba mucho más grandes, con una producción más ambiciosa, pero trabajo prácticamente sola y hago todo con los recursos que tengo a mano.
Me gusta muchísimo trabajar desde lo conceptual porque mi música también funciona así. Me interesa experimentar, construir atmósferas, narrar y traducir visualmente lo que quiero decir.
No hago música pensada únicamente para el consumo rápido. Me gusta que quien escuche una canción pueda detenerse un momento, reflexionar y decir: “Es verdad”. Ese es el tipo de experiencia que busco provocar.
¿Qué papel jugaste en la concepción del video?
La verdad es que desempeñé prácticamente todos los roles. Como comentaba antes, ahora mismo no tengo un equipo de trabajo. En Cuba sí lo tenía cuando hacía videoclips: había un equipo de producción, maquillista, iluminación, utilería… Yo solo tenía que concentrarme en interpretar la canción y hacer el video.
Aquí, en Italia, ha sido muy diferente. Ha sido difícil hacerlo todo sola, pero al mismo tiempo ha sido una etapa muy bonita porque he descubierto facetas de mí que nunca imaginé desarrollar.
La idea conceptual del videoclip es completamente mía. Incluso, en mi Instagram pueden ver parte del detrás de cámaras: cómo busco las locaciones, cómo construyo los objetos que aparecen en los videos y cómo fabrico muchos de esos elementos con mis propias manos. No soy experta en manualidades, pero trato de resolver con los recursos que tengo.
En ese sentido, he sido la principal responsable de todo el proceso creativo.


En la parte de edición, sí tengo la suerte de contar con mi amigo Leandro Escalona, quien siempre edita mis videoclips. Gracias a él, esa parte no la siento tan solitaria.
Y también está mi pareja. Él no pertenece al mundo artístico, pero ha aprendido conmigo todo lo relacionado con grabar. Es quien sostiene la cámara y sigue todas las indicaciones que le doy: dónde colocarse, qué plano hacer, cómo moverse. Mientras él graba, yo puedo concentrarme en el performance.
Muchas veces también me ha tocado grabarme completamente sola y ha sido muy complicado, porque no es fácil hacer un videoclip sin una referencia que te permita saber si estás bien ubicada o si la toma funciona.
Pero, en términos generales, toda la construcción de mis videoclips nace de mí. Las ideas aparecen de cualquier lugar: a veces las sueño, otras veces me inspiro en una película, un comercial o una imagen que veo por casualidad. También nacen simplemente de mi imaginación. Por suerte, la creatividad nunca me ha faltado.
Más allá de entretener, has dicho que quieres que tu música invite a reflexionar. ¿Ese será el sello de tus próximos proyectos?
Sí, completamente. Más allá de entretener, quiero que las personas reflexionen y, sobre todo, que se sientan identificadas y menos solas.
Mis canciones hablan de conflictos personales, de emociones profundas y de experiencias muy humanas. Creo que ese siempre será el sello de Gretcheem Grey.
Siempre digo que la música acompaña distintas etapas. Cuando alguien quiere salir de fiesta, escucha canciones para divertirse. Pero también existen esos momentos de desamor, de resiliencia, de enfermedad o de situaciones difíciles, y ahí es donde me gustaría que estuviera mi música.
Quiero que, cuando alguien atraviese un momento vulnerable, pueda escuchar una canción mía y sentirse acompañado, comprendido y abrazado por lo que estoy diciendo.
Al principio de mi carrera no me permitían hacer este tipo de música. Hacía canciones mucho más comerciales, que no hablaban de temas personales.
Desde que comencé este nuevo camino de manera independiente, me siento libre, porque por fin puedo ser yo y hacer la música que realmente quiero hacer.
A veces me entristece sentir que ese tipo de propuesta no siempre recibe el reconocimiento que merece, pero aun así seguiré buscando que mis canciones hagan reflexionar y acompañen emocionalmente a quienes las escuchen.
¿Qué sueños y metas te has propuesto en esta etapa de tu carrera?
Mi primera meta, por encima de todo, es que mi papá esté bien de salud. Si él está bien, yo también voy a poder estar tranquila y dedicarme a mi carrera con más serenidad.
Después de eso, mi mayor deseo es que mi música sea valorada. Creo que ahí está la base de todo: que las personas la descubran y la aprecien por lo que realmente es.
Claro que me gustaría llegar algún día a los Latin Grammy o a escenarios muy importantes, pero no es una obsesión. Pienso que todo tiene su momento y que cada etapa tiene sus propios pasos.
Antes de pensar en premios, primero quiero que la gente conozca mi trabajo y se identifique con él. Si eso sucede, todo lo demás llegará poco a poco.

¿En qué otros proyectos estás trabajando y qué puede esperar el público de Gretcheen Grey en los próximos meses?
Tengo muchos proyectos en marcha y varias canciones grabadas que todavía estoy terminando.
Espero que, en los próximos meses, el público encuentre a una Gretcheem Grey emocionalmente más fuerte. Una artista que pueda volver a presentarse en vivo, conectar con más personas y seguir sanando corazones a través de su música.
Más que llenar estadios en este momento, mi prioridad es que mi trabajo sea valorado. Soy muy realista: primero hay que construir una base sólida antes de pensar en metas más grandes.
Creo que, cuando una canción encuentra su público y la música empieza a ser reconocida, todo lo demás llega de forma natural: aparecen los representantes, los mánagers y las oportunidades.
Por eso no tendría sentido intentar correr antes de tiempo. Hoy prefiero seguir construyendo mi camino paso a paso, con paciencia y siendo fiel a quien soy.













