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¿Cómo hacer posible que la falta de electricidad no sea un obstáculo para un concierto? Dar respuesta a esa pregunta y solución a esa problemática de la Cuba de hoy es el sentido de The Cuban Resilience Brass.
El trompetista cubano Yasek Manzano y el tubista suizo Victor Belinda dieron vida a este proyecto luego de la experiencia del trabajo conjunto que trajeron a la pasada edición del Festival Internacional Jazz Plaza en enero.
La motivación ha sido justamente el difícil contexto que vive el país y que afecta a artistas y públicos. Hacer posible a toda costa que esa necesidad de creación y expresión que tienen unos y de disfrute, ocio e interacción de los otros, es lo que se persigue.
“Cuando estamos en un entorno así, lo que queremos es liberarnos. Los cubanos siempre estamos en busca de la libertad. Es una libertad que trasciende la política. Yo creo que la libertad de expresión en la música es superimportante y, si tienes el apoyo y el talento de tantos jóvenes que de repente en una situación tan compleja están aislados, desmotivados, con tanto talento que tienen y están encerrados en su casa, sin trabajo básicamente. Esa es una situación que a todos los músicos profesionales nos duele. Y yo creo que esa es la esencia y la razón por la cual personalmente yo quise hacer este proyecto con Víctor”, explica Yasek.

“Los apagones necesitan una respuesta, y para nosotros esta respuesta es este proyecto. Un proyecto de resiliencia”, así lo resume Víctor, quien además comprende la situación que sobre todos los jóvenes músicos enfrentan en este contexto, los cuales muchas veces tienen que recurrir a otros trabajos para generar ingresos y luego hacer convivir esas responsabilidades y horarios con hacer música.
Resiliencia en escena
Durante el mes de mayo y principios de junio, el proyecto llegó a escena, con una especie de gira habanera que incluyó conciertos en espacios muy diversos como el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, la Fábrica de Arte, el César Jazz Club, la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, el Convento de Belén, el Pabellón Cuba y el Parque de Cristo.
Un recorrido que buscaba no solo presentar a la agrupación, sino lograr conectar su trabajo con distintos públicos. Esencialmente, “es volver a ese espíritu de improvisación, a ese espíritu del cubano de crear la rumba en la esquina, pero con una banda que tiene de todo”, afirma Yasek.
Para eso concibieron una formación musical que no necesita microfonía para ofrecer sus conciertos, y sus integrantes son mayormente estudiantes de la Academia del Lyceum Mozartiano de La Habana, junto a otros músicos de renombre y larga trayectoria como Yasek, Victor y los percusionistas Adner López, José Julián Morejón (JJ) y Adel González.
“Un ensamble de metales es un tipo de ensamble poco específico, y yo creo un poco raro acá en Cuba, pero es una música que no necesita electricidad para existir, se puede tocar totalmente acústico”, explica Victor Belinda.
Que la mayor parte de sus integrantes sean estudiantes responde a esa otra parte de la resiliencia de esta idea, no es solo poder tocar en cualquier condición, sino que esta sea una posibilidad de trabajo y de crecimiento profesional para esos jóvenes músicos a los que hoy les es difícil encontrar el aliento e impulso que necesitan.

Yasek Manzano, desde su labor pedagógica en la Academia del Lyceum Mozartiano de La Habana, asegura que para él “es un honor traer un proyecto al cual incluir, o digamos poner en reto a estos estudiantes a tocar una música que no solamente imbrica el estilo de la música clásica, también estamos trabajando con la música popular”.
Un taller vivo
La experiencia musical de The Cuban Resilience Brass está basada en la tradición cubana de la banda de concierto, un concepto de orquesta local que por muchos años fue el atractivo sonoro de plazas y parques en ciudades y pueblos de todo el país, manteniendo vivo además el legado musical de varios géneros y estilos musicales que no tenían tampoco otros muchos espacios de interpretación o difusión con la evolución e impacto de otros más modernos.
Yasek considera que es “importante volver a impulsar” este tipo de formación musical y considera toda esta experiencia como un “taller vivo”.
“La idea fue enfocar una visión moderna con una agrupación que no es la banda nacional, donde tienen tantos integrantes, sino una orquesta modesta y grande a la vez, como para desarrollar un estilo musical donde está mezclando la música afrocubana, está la rumba, con la visión clásica de estos músicos, de estos estudiantes, que tienen un hermoso sonido en su instrumento y además tienen unas condiciones increíbles para tocar el jazz y están desarrollando también su vocabulario como improvisadores”, nos explica.
El repertorio está conformado esencialmente por composiciones de los propios Yasek Manzano y Víctor Belinda, algunos creados específicamente para este proyecto y otros a los que se les realizaron nuevos arreglos para este formato.
“La idea es mantener un concepto moderno de la música, que sea escuchado por las generaciones anteriores y también por la generación joven”, es la aspiración de Yasek.
The Cuban Resilience Brass no solo está concebido para que las necesidades técnicas que requieren electricidad no sean un problema a la hora de ofrecer un concierto, sino también para los propios ensayos.
Para la preparación de lo que fue esa primera gira, la agrupación trabajaba en la intersección de 5.ª Avenida y 26 en Miramar y esa también ha sido una gran experiencia. “Es como darle vida a ese parque que sigue siendo un lugar precioso, pero con la música yo creo que su valor crece”, cuenta Yasek.
Esa manera de interactuar para dar vida a este proyecto ha sido para Víctor otra gran experiencia personal. Para él se han mezclado ahí valores de los artistas cubanos con lo que ahora confluye y la propia realidad cubana a la que no es indiferente.
“Es interesante porque cuando yo fui un estudiante, tenía otra prioridad en mi vida, pero acá para los estudiantes la música es una pasión muy fuerte en el corazón, pero también es una puerta de éxito para vivir mejor. La gente es muy seria, tiene mucho talento, pero mucha disciplina y trabajo duro. Y cuando el talento y la disciplina están juntos, pueden hacer cosas maravillosas”, confiesa.

“Yo soy muy admirativo, porque yo sé que la gente no tiene mucha electricidad en casa, a veces no tiene mucho que comer, no tiene mucha posibilidad de moverse y también en este momento preciso no tiene mucho éxito a seguir. Pero siempre puedo sentir el fuego. Y con este proyecto es para mí muy emocionante, porque creo también que la música es acá para apoyar la vida”.
Sus creadores ya piensan en nuevas oportunidades para seguir llevando a escena este proyecto, ofreciendo música y dando oportunidades de trabajo a jóvenes. Sueñan con salir de la capital cubana y aspiran a usar la plataforma que el Festival Internacional Jazz Plaza ofrece con sus sedes en otras provincias del oriente y centro de la isla.
“Por esas carencias que tenemos, también hay como un cierto desánimo. La idea es poder llegar a esos barrios, hacer conciertos, animar y ver a los músicos empíricos, los estudiantes de música, los estudiantes de baile, todo aquel que ama nuestra cultura, dentro de esos barrios donde, de hecho, ha nacido la esencia de nuestra cultura. Es como devolver esa historia, devolver esa inspiración, ese espíritu cultural a los barrios”.
Es la aspiración mayor del trompetista cubano en su apuesta por este proyecto.












