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Aunque mucho menos extenso y conocido que la Necrópolis de Colón, el cementerio de Regla sostiene buena parte de la memoria de este poblado ultramarino de La Habana. Su historia se entrelaza con la del propio municipio: en él reposan patriotas de las guerras de independencia y también otros combatientes y figuras prominentes vinculadas a la historia de la localidad.
Aunque su construcción comenzó en 1876, no fue hasta seis años después, aun sin concluir las obras, que este cementerio acogió sus primeros enterramientos. Su modesta entrada, que se inauguró en 1900, da paso a un camposanto pequeño, estructurado por una calle central y algunas entrecalles donde se mezclan panteones, fosas familiares y tumbas anónimas.


El de Regla no es ciertamente un cementerio monumental, como el de Colón o el Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, sino un espacio funcional donde la arquitectura funeraria responde más a la economía local que al afán de ostentación.
Aun cuando algunas esculturas y panteones muestran cierto cuidado artístico, la mayoría de las sepulturas son sencillas, con lápidas austeras y cruces sin ornamento, reflejo de una comunidad obrera y portuaria. Cuenta también panteones de sociedades y cofradías religiosas, huella de las asociaciones y de la religiosidad popular que marcan la vida del pueblo desde finales del siglo XIX.


El presente del camposanto reglano está marcado por la crisis y el deterioro acumulado. Aunque las familias intentan mantener en el mejor estado posible el sitio de descanso final de los suyos, la imagen del cementerio no es hoy la mejor: tumbas y panteones dañados, paredes con grietas, desechos acumulados y una vegetación que gana terreno en espacios donde el mantenimiento es escaso o tardío.
Ese estado material contrasta con el peso simbólico del lugar para Regla, conocida también por el Santuario de la Virgen y su intensa vida religiosa afrocubana. El cementerio funciona como archivo de esa historia: apellidos que se repiten en las lápidas, fechas que marcan el devenir de la localidad, referencias a oficios vinculados al puerto y a la industria que moldearon la vida económica del municipio.


En la Cuba actual, golpeada por una crisis económica prolongada que reduce presupuestos, encarece materiales y complica servicios básicos, la situación del cementerio de Regla no es una excepción. Es parte de un patrón más amplio de deterioro en la infraestructura pública, una realidad donde se mezclan las limitaciones reales, la desidia y el intento de hacerles frente.
Lo que ocurre entre sus muros —su desgaste progresivo y fatal a pesar de los esfuerzos puntuales de familiares y trabajadores por sostener lo esencial— refleja la tensión entre la necesidad de preservar la memoria y las profundas dificultades de un país atenazado por la escasez. Así nos lo revela hoy con sus imágenes de este histórico sitio el fotorreportero Otmaro Rodríguez.















