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Como ya sucedió el pasado año, este verano los habaneros volvieron a tener a su disposición el tren entre la ciudad y las populares playas del Este y, en particular, Guanabo.
Reactivado por las autoridades para la temporada veraniega, el tren “de la playa” comenzó a salir a inicios de julio y debe finalizar sus actividades este domingo, justo antes de inicio del nuevo curso escolar. Como en 2024, su punto de partida —y destino en los viajes de vuelta— fue el Patio de Cargas de Egido y Arsenal, en el centro histórico habanero, con varias paradas a lo largo del camino.
Con salidas programadas de martes a domingo, el tren volvió a recorrer en las mañanas el trayecto hacia Guanabo y a regresar a La Habana al caer la tarde, aunque no siempre cumplió con los horarios previstos y en ocasiones se extendió más allá de la hora y media establecida como recorrido oficial.
A lo largo del trayecto retomó sus paradas habituales en puntos intermedios como Arenal, Guanabacoa, el Cementerio de los Judíos y Berroa, así como en playas muy concurridas, entre ellas Bacuranao, Tarará y, finalmente, Guanabo: principal destino de los viajeros y lugar de retorno tras una intensa jornada de sol y mar.
Con sus tres coches restaurados y sus asientos “tiesos”, el tren de Guanabo no es, sin duda, el más cómodo ni el más lujoso, pero sí representa una opción económica al alcance de habaneros y visitantes.
El trayecto hacia las playas y el regreso a la ciudad mantuvieron el mismo precio del año pasado: 35 pesos (CUP) por persona, o 70 CUP en caso de viaje de ida y vuelta, una cifra muy inferior a la que cobraría cualquier vehículo particular en medio de la crisis y la inflación actuales.
Por esa razón, y también por la posibilidad de escapar del calor y “desconectar” en familia de los apagones y las dificultades cotidianas, muchos volvieron a optar por el tren este verano. Adultos y niños, familiares y amigos, subieron una vez más a sus coches para, tras el desembarco en Guanabo, recorrer a pie el tramo hasta la playa, extenderse sobre la arena y zambullirse en el mar.
De ese viaje —con sus vistas y paradas intermedias, y con el intenso azul de su destino final— dejó testimonio gráfico el fotorreportero Otmaro Rodríguez, poco antes del cierre de la temporada estival este fin de semana.