Las sanciones de EE.UU. están obstaculizando las reformas económicas en marcha en Cuba, de acuerdo con el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío.
Así lo declaró el diplomático cubano en una entrevista con Bloomberg, en momentos en que las ventas estadounidenses al incipiente sector privado de la isla alcanzan niveles inéditos, algo que, en su opinión, sería una estrategia de Washington para “generar dependencia”.
“Si EE.UU. reduce la presión, esas transformaciones en Cuba pueden avanzar mucho y volverse verdaderamente irreversibles”, afirmó Fernández de Cossío, quien dijo que eso justamente es lo que La Habana persigue y también “en teoría, lo que EE.UU. quiere que suceda”.
Sin embargo, el vicetitular de Exteriores consideró que en las condiciones actuales el paquete de 176 reformas anunciado en junio por el Gobierno cubano no puede funcionar como debería porque la Administración Trump está sometiendo a la isla “a la opresión y la asfixia”.
Según el vicecanciller, las conversaciones entre La Habana y Washington se encuentran prácticamente estancadas por la presión estadounidense, mientras las restricciones sobre combustible y otras sanciones han agravado la crisis energética y la escasez de productos básicos.
En este contexto, Cossío aseguró que Cuba “agradecería una solución” con EE.UU., algo que, dijo, su Gobierno desea lograr “lo antes posible”. Al respecto, admitió que un acuerdo podría estar “lejos de lo que queremos”, aunque “menos de lo que algunas personas en EE.UU. podrían esperar”.
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Más barcos, más mercancías, ¿más dependencia?
En la entrevista con Bloomberg, el vicecanciller cubano aseveró que las importaciones estadounidenses al sector privado son bienvenidas, aun cuando todavía estén lejos de satisfacer la demanda existente.
No obstante, se mostró contrario a que ese flujo comercial ponga a la isla en una “situación de dependencia”.
“Es evidente que EE.UU. busca generar una situación de dependencia”, consideró y marcó distancia de esa presunta estrategia de Washington: “No queremos ser dominados por ningún otro país”.
La realidad, no obstante, confirma el creciente peso de la nación norteamericana en el comercio de Cuba. Según datos expuestos por el propio Bloomberg en otra publicación, las exportaciones estadounidenses a la isla aumentaron 60 % hasta julio respecto al mismo período de 2025 y ya superaban el valor registrado durante todo 2024.
Hasta finales de agosto, una flotilla de al menos varias decenas de buques había realizado más de 200 viajes de EE.UU. a Cuba, en los que habían trasladado cerca de 720 millones de libras de mercancías desde puertos como Miami, Houston, Nueva Orleans, Jacksonville y Wilmington.
Los cargamentos incluyen alimentos, equipos, vehículos, piezas de repuesto, paneles solares y combustible, entre otros productos. Las compras se benefician, entre otros mecanismos, de la excepción estadounidense conocida como Support for the Cuban People, diseñada originalmente para facilitar determinados envíos humanitarios a la isla.
El crecimiento también aparece en el comercio registrado oficialmente por Washington. Los datos del U.S. Census Bureau sitúan en 674 millones de dólares las exportaciones estadounidenses de bienes a Cuba entre enero y julio de 2026, frente a 421,4 millones en igual período de 2025.
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El combustible y la política
Una parte creciente de ese intercambio corresponde al sector energético. Bloomberg calcula que desde febrero, cuando comenzaron a permitirse estas importaciones privadas, han llegado a Cuba por vía marítima unos 850 mil barriles de combustible, principalmente gasolina.
Solo en julio se enviaron alrededor de 16,4 millones de dólares en gasolina, una cifra equivalente a la suma de los seis meses anteriores.
Los envíos de sistemas solares también se dispararon: solo en julio llegaron unas 15 mil unidades, casi el doble de las exportadas durante los dos años y medio anteriores. Ello, en un escenario de crisis energética agudizada por las sanciones y el bloqueo petrolero de la Administración Trump.
El propio reportaje de Bloomberg recoge la posición del Departamento de Estado, según la cual las sanciones están dirigidas contra las fuentes de ingresos del Gobierno cubano, sus élites y sus integrantes, mientras se mantienen excepciones para alimentos y productos médicos.
A la par, el medio señala que el aumento de las exportaciones estadounidenses a Cuba choca con la postura del exilio de línea dura en el sur de Florida, que aboga por un “bloqueo total” para forzar la caída del Gobierno. Opositores desde Miami consideraron que, a pesar de que puedan aliviar la escasez de la población, las ventas a la isla “solo ayudan a mantener vivo al régimen”.










