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Hace tiempo que la gran mayoría de los cubanos, dentro del archipiélago, no puede permitirse pensar en eso que algunas personas llaman “el futuro”. La palabra se ha vuelto un concepto abstracto y difuso. Bastante tienen con proyectar la secuencia de acontecimientos que marcará el día siguiente de sus vidas, apenas salga el sol: si los niños podrán ir a la escuela, si habrá electricidad para bombear agua, si tendrán algún tipo de combustible para cocinar, o si quedará dinero para comprar comida y resolver alguna urgencia. Cuba es un país que vive al día desde hace más de un lustro, y su gente ve en el paso de cada hora la prolongación de sus agonías, con poco margen para frenarlas.
A este país, cuyo estado de parálisis se ha visto agudizado con el bloqueo petrolero impuesto a inicios de 2026 por el gobierno estadounidense, llegó por estos días el fotógrafo español Héctor Garrido, para presentar Habitación con cielo, su primera novela publicada, cuya trama se desarrolla en La Habana.

La aparición de un cadáver en las costas de Boca Ciega, en La Habana del Este, abre la puerta a un viaje íntimo por los recuerdos, nostalgias y el doloroso presente de una pareja de ancianos que vive sus días conscientes de que la vida les cayó encima. Ella es una escritora que nunca llegó a publicar sus escritos —aunque influyó en los textos de otros escritores publicados— y ahora está atrapada en su propio cuerpo, víctima de una enfermedad degenerativa y paralizante. Él, su cuidador y compañero de vida, es un exbailarín de Tropicana que ve cómo sus anhelos se fueron esfumando y sus días se limitan a la “lucha diaria” por conseguir lo básico para alimentarse, mientras encuentra verdadero consuelo en el cuidado de ella.
Juntos, los protagonistas de esta novela ven cómo los sueños y una existencia pasada feliz se desvanecen, a medida que él debe malvender los objetos de una vida común: el tocadiscos, los estantes, los libros. Y solo queda aferrarse a los recuerdos. Mientras, se impone la asfixiante cotidianidad, con precios cada vez más altos, una crisis que moldea a su antojo, una ciudad que se vuelve hostil para sus habitantes, así como el deterioro irreversible de una casa —la de esta pareja de ancianos— que en el pasado fue refugio de artistas y creadores en ciernes —y se vislumbran algunas alusiones al grupo Orígenes—, que con el paso del tiempo fueron desapareciendo.
Esta historia cuenta, en parte, la impotencia de gente que ya no tiene fuerzas para levantar los brazos y, lejos de resignarse, solo puede constatar, con innegable desconsuelo, que el paso de los días es un camino irreversible hacia el final. Pero también —y eso está en el germen de esta novela de ficción— es una historia de amor, de cuidados y cuidadores que buscan fragmentos de felicidad en el disfrute de las cosas simples, desde el vuelo de un colibrí, las olas del mar, el horizonte, hasta la luz mañanera que entra por la ventana e ilumina un cuerpo tendido. Y la música, por supuesto, emerge como complemento meridiano en el recorrido de estas páginas.

A lo largo de la trama, los afectos se entremezclan con una profunda tristeza, dando paso a una perfecta intimidad que logra un lirismo estremecedor. Y es que esta novela no nace del deseo puntual de un escritor por contar una historia determinada, la cual debe desarrollarse en un contexto cualquiera. Esta historia es fruto de más de una década de convivencia de un artista en el país donde eligió vivir, pues se enamoró de lo que aquí pasaba y de la gente que lo habita.
Héctor Garrido (Huelva, 1969) le tiene tomado el pulso a la realidad cubana, porque la ha vivido, disfrutado y sufrido durante años, junto a los amigos que cultivó, junto al hogar que forjó con la actriz Laura de la Uz, junto a la gente que ha retratado y los fragmentos de historias que ha capturado con su cámara. Por eso esta novela se siente como otro encuadre en su extensa obra fotográfica (que abarca más de una veintena de libros publicados). Pero esta imagen que nos muestra en Habitación con cielo nos revela una composición mucho más compleja, recóndita, repleta de recovecos emocionales que penetran el alma del país que nos va quedando a los cubanos.

Desde que el artista onubense, quien ha desarrollado su quehacer entre la fotografía, la escritura, la investigación científica, el cine, entre otras disciplinas, desembarcó por primera vez en Cuba, buena parte de su obra reciente ha echado raíces en el país caribeño. Ahí está Cuba iluminada, una serie de 250 retratos a personalidades del mundo del arte y la cultura en Cuba; una década después de realizado, se convierte en un elocuente testimonio, capaz de reflejar la luz que ha irradiado Cuba en un tiempo que ahora luce resquebrajado.
Héctor Garrido exploró Cuba hasta lo más profundo: en su información genética; ahí está Cuba Indígena, un proyecto fotográfico que dio paso a una investigación multidisciplinar y aportó nuevas visiones sobre el mito de la extinción de los aborígenes en la isla –y aún deparará al público algunas sorpresas-.
Junto a Laura de la Uz, quien también forma parte inspiradora del proceso creativo de Habitación con cielo, Héctor dio forma a dos oasis de cultura: uno en La Habana, Artehotel, un lugar especial, con su condición de hotel boutique que, como sucede con la casa de la novela, ha sido refugio y espacio de felicidad y creación para algunos creadores y sus públicos. El otro es Cubacultura, ese encuentro de expresiones que transcurre una vez al año en el pueblo andaluz de Trigueros, a donde llega, en cada edición desde hace años, una selección curada, exquisita, de arte cubano.
Desde que Héctor Garrido conoció Cuba, frente a frente, no ha parado de amarla y, hasta cierto punto, toda su vivencia en la isla subyace en esta novela de ficción.
La publicación de Habitación con cielo ocurrió como resultado del premio de novela corta “José María de Pereda”, que otorga el Gobierno de Cantabria (España). El jurado de ese galardón destacó en la obra de Garrido la originalidad y creatividad, así como su estructura, ritmo narrativo, riqueza del lenguaje y coherencia en el desarrollo. Más allá de esos aspectos formales, lo cierto es que cuando uno accede a esta historia, resulta curioso lo mucho que se parece un cuerpo inmóvil, paralizado, a un país en ruinas que no es capaz de revertir el deterioro en las condiciones de vida de sus habitantes.
Héctor Garrido comenzó a escribir esta obra de ficción durante la pandemia de covid-19, sumando este texto a otros manuscritos, inéditos hasta la fecha. Y, ¿quién sabe? Tal vez, si el autor hubiera empezado a escribir en enero de 2026, la novela habría sido otra, el camino transitado sería distinto. Más allá de la historia de amor, Habitación con cielo es un retrato fiel del estado de ánimo de los cubanos, en medio de la crisis que se agudiza con cada día que pasa y que no les da tiempo, ni oportunidad, de vislumbrar un porvenir con dignidad y estabilidad.
Habitación con cielo, no cabe duda, es una novela cubana —como le gusta decir a su autor, y así se lee, “escrita en perfecto cubano”— y vale la pena hacer este viaje melancólico, de viento arenoso, mar, ciudad en ruinas y grises de distintos tonos. Ante la impenitente realidad y el aciago futuro, al menos nos queda el consuelo de la buena literatura.













