Las autoridades de Cuba extendieron hasta el 10 de abril el aviso de falta de combustible para aviones en todos los aeropuertos internacionales del país.
Se trata de una medida resultante de la crisis energética que sufre la isla, agravada por el cerco petrolero de EE.UU, y que ya ha asestado un golpe significativo a sectores clave para la isla como el turismo y el transporte aéreo.
El anuncio, emitido a través del sistema internacional NOTAM, confirma que el queroseno Jet A1 seguirá sin estar disponible al menos durante otro mes, tras la primera alerta lanzada el pasado 10 de febrero, refirió un despacho de la agencia EFE.
“JET A1 FUEL NOT AVBL” (fuel para aviones A1 no disponible), dice el mensaje NOTAM codificado según aparece actualmente en la base de datos de la estadounidense Administración Federal de la Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), precisa el medio español.
La notificación, que se extenderá al menos un mes más de lo anunciado inicialmente, afecta a todos los aeropuertos internacionales, desde el José Martí de La Habana hasta el Antonio Maceo de Santiago de Cuba, pasando por enclaves turísticos como Varadero, Cayo Coco y Holguín.
La medida ha obligado a las aerolíneas a modificar sus operaciones. Compañías canadienses y rusas suspendieron temporalmente sus vuelos, mientras que otras de Europa y América Latina optaron por escalas técnicas en terceros países —México o República Dominicana— para repostar o por reducir frecuencias.
Golpe directo al turismo
El turismo, motor económico de Cuba durante las últimas décadas, es uno de los sectores más golpeados por esta situación.
La llegada de visitantes, que ha venido en picada en los dos últimos años —en consonancia con la agudización de la crisis en la isla— debe sufrir un impacto importante, tras la caía ya experimentada en enero antes de confirmarse la falta de combustible para los aviones.
Canadá y Rusia, principales emisores de turistas, han visto interrumpidas sus conexiones, mientras que desde otros mercados se han reducido las llegadas en plena temporada alta, el momento en que las instalaciones y polos turísticos de la isla suelen tener su mayor ocupación.
La crisis energética ya ha obligado de reagrupar a los visitantes, con lo que se han vaciado hoteles y resorts y se ha afectado directamente la economía local y los ingresos en divisas del país.
El origen: presión energética de Washington
La crisis no es aislada. Forma parte de un cerco energético que se intensificó a comienzos de año por parte del Gobierno de EE.UU.
El presidente Donald Trump firmó el 29 de enero una orden ejecutiva que amenaza con aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, tras alegar que la isla representa representaba una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de su país.
La medida se sumó al fin del suministro de crudo venezolano, anunciado semanas antes, tras la captura del presidente Nicolás Maduro en Caracas. Durante años, Venezuela había sido el principal proveedor de petróleo para Cuba, con cerca de un 30 % del total de importaciones en 2025.
Aun cuando la amenaza de aranceles fue revertida tras una decisión de la Corte Suprema, Washington mantiene otros mecanismos de presión, incluida la intercepción en el Caribe y otros mares de buques sancionados que podrían llevar combustible a la isla.
El resultado ha sido un déficit estructural: Cuba produce apenas un tercio de sus necesidades energéticas y depende de importaciones que ahora están bloqueadas o reducidas.
Las averías y el asedio petrolero de EEUU elevan los cortes eléctricos a niveles récords
Impacto más allá de los aeropuertos y apagones desmesurados
La falta de combustible para aviones es solo una manifestación de un problema mayor. Para enfrentar la crisis, el Gobierno ha echado mano a radicales planes de ahorro energético, recortes en el transporte público y restricciones en servicios básicos, entre otras medidas.
El Gobierno asegura estar dispuesto a dialogar con Washington “en igualdad de condiciones”, aunque niega que existan conversaciones en curso y ha trazado el cambio de su modelo político como una línea roja.
Mientras tanto, aerolíneas y pasajeros enfrentan un panorama incierto, con vuelos que deben repostar fuera de la isla o ajustar rutas para evitar cancelaciones.
La crisis energética se refleja también en tierra. Este martes, en Cuba estaba previstos apagones que desconectarían simultáneamente a más del 63 % del país en el horario de mayor demanda, según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE).
Los cortes superan las 20 horas diarias de manera seguida —y también más— en amplias regiones de la isla y las 15 en algunos puntos de La Habana, mientras al déficit de combustible se une la existencia de nueve unidades termoeléctricas fuera de servicio por averías o mantenimiento.
Ante este escenario, el Gobierno impulsa a marchas forzadas proyectos solares, con un centenar de parques previstos y pequeños equipos instalados en policlínicos, hogares de ancianos y bancos, entre otros sitios.
Sin embargo, expertos independientes advierten que la crisis responde a una infrafinanciación crónica del sector eléctrico, que requeriría entre 8 mil y 10 mil millones de dólares para sanearse.
Los apagones diarios han lastrado la economía, que se ha contraído más de un 15 % desde 2020, y han sido detonante de protestas sociales en los últimos años.










