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El transporte es uno de los sectores más afectados por las medidas que el gobierno cubano ha tenido que tomar para hacer frente a la falta de combustible provocada por las nuevas presiones y, en particular, el bloqueo petrolero que el gobierno de Estados Unidos ha impuesto a la isla.

Los servicios de transportación estatal se encuentran prácticamente inoperativos, mientras que los privados han disminuido considerablemente a causa de los recortes en la venta de combustible.
“La situación está muy crítica, no tenemos combustible para trabajar, en el cupet que nos abastece tampoco está entrando, no van a vender más en dólares americanos y ya prácticamente no hay carros. Yo tengo para trabajar hoy, pero para mañana ya no tengo, y así estamos todos”, dice a OnCuba uno de los taxistas que esperaba clientes en el parque El Curita, en Centro Habana, en una de las piqueras más concurridas de la ciudad, y que hoy exhibe una disminución notable en su tráfico.

Una mujer que espera para tomar un ómnibus privado que viaja de La Habana a Cárdenas asegura que el precio del pasaje ha subido el doble de lo habitual, mientras que un buquenque, nombre con que se conoce en Cuba a quienes organizan las colas de carros y pasajeros en las piqueras, asegura que el costo de rutas habituales como de Centro Habana al Cerro o Marianao hoy oscila entre los 300 y 400 pesos.

Ante la baja disponibilidad de transporte en una población que mayormente depende de las opciones de movilidad colectiva, la subida de los precios se agrega como otro de los problemas de la ya compleja situación.
Vehículos como los triciclos eléctricos aparecen como alternativas, pero el servicio que pueden brindar está muy lejos de ser una solución a la alta demanda que tiene el país, especialmente La Habana.

Un chofer de un triciclo eléctrico dice que nota en el tráfico la disminución de carros, pero que la cantidad de personas demandando transporte se mantiene igual. Asegura además que este tipo de servicio mantiene su precio habitual y “con consideraciones a personas con vulnerabilidad”.

“Hay que considerar, porque tenemos que ayudarnos, no estamos para abusar ni aprovecharnos de la situación”, nos dice.
Las afectaciones en el transporte son una diagonal con efectos en casi todos los aspectos de la vida. De hecho, muchas de las medidas que se aplican ante la crisis en otras áreas como el horario laboral y la educación responden a las dificultades de movimiento de la población, la cual intenta continuar su vida con la normalidad que le es posible, pero se mantiene expectante a lo que puede estar por venir en las próximas semanas.











