Esta semana la Conferencia Episcopal de las Antillas (AEC, por sus siglas en inglés) expresó su “profunda preocupación” por el pueblo cubano debido a las “graves dificultades humanitarias” que atraviesa, sobre todo a partir del bloqueo petrolero que la Administración Trump decretó recientemente.
“Si bien Cuba necesita renovación y un cambio positivo, no necesita más dolor”, apunta el mensaje fechado el lunes y donde se expresa la solidaridad con el pueblo y con la Iglesia, “cuyos miembros continúan sirviendo con valentía y albergando esperanza en medio de la incertidumbre”.
Diálogo y diplomacia
“Los desacuerdos entre las naciones deben resolverse mediante el diálogo y la diplomacia, y no mediante la coerción o el conflicto. Las consideraciones humanitarias nunca deben verse eclipsadas por intereses políticos o estratégicos”, apunta los obispos en referencia a una situación agudizada tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, golpe para el Gobierno y la economía de la isla.
“Los recientes acontecimientos en la región han provocado una grave escasez de combustible y suministros esenciales, lo que ha provocado cortes generalizados de electricidad, interrupciones en los hospitales y los sistemas de agua, y graves amenazas a la seguridad alimentaria y los servicios públicos básicos en Cuba”, apunta el documento del cual también se hizo eco el medio Noticias del Vaticano.
Profundización de la angustia y el sufrimiento
También subraya que dichas condiciones “corren el riesgo de profundizar la angustia y el sufrimiento de los ciudadanos comunes, que ya han sufrido mucho”, ante lo cual aseguran que los hermanos y hermanas cubanos no deberían sentirse “aislados en su sufrimiento, especialmente porque hemos sido beneficiarios de su propia generosidad en el pasado”.
“La Iglesia no puede permanecer en silencio cuando la dignidad se ve amenazada y el acceso a la alimentación, la atención médica y las necesidades básicas se vuelve cada vez más incierto. Nuestra principal preocupación son las familias, los ancianos, los niños y los más vulnerables, quienes soportan las cargas más pesadas de circunstancias que escapan a su control”.
Riesgo real de una mayor inestabilidad social
Los obispos del Caribe reconocen los llamados de varios líderes caribeños para que se reconsideren urgentemente las políticas que podrían agravar el sufrimiento de la gente común en la isla, una situación que podría perturbar a la región en su conjunto.
“Como comunidad de naciones unidas no solo por la geografía, sino también por una historia y un destino común, el Caribe experimenta el sufrimiento no de forma aislada, sino solidaria. Cuando un pueblo sufre dificultades, toda la región comparte su carga”.
Ante esta circunstancia, el documento reafirma “los principios fundamentales de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia para responder a las necesidades humanas”.
“Creemos que la asistencia debe llegar a los más necesitados sin manipulaciones políticas ni demoras. La atención que brindamos a quienes sufren refleja las obras de misericordia por las que seremos juzgados”.
La declaración sigue los pasos de llamamientos anteriores en relación con los pueblos de Venezuela y Haití.
“El riesgo de una mayor inestabilidad social es real cuando las necesidades básicas se vuelven inaccesibles. Por lo tanto, todas las políticas deben evaluarse a la luz de sus consecuencias humanas”, apunta la declración, firmada por el arzobispo Charles Jason Gordon, los obispos John Persaud y Robert Llanos, y el padre Donald Chambers.
La AEC representa a la Iglesia Católica en el Caribe, abarcando obispos de diversas islas, territorios y países continentales de la región, incluyendo las Bahamas, Barbados, Belice, Jamaica, Trinidad y Tobago.











