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La Catedral de La Habana exhibe desde esta semana un cambio hermoso en su fachada. Su óculo central nos regala una obra de arte salida del genio y manos de Aluan Argüelles, el cual sustituirá por los próximos meses al vitral original de la casa religiosa que es sometido a una imprescindible restauración.
Lo que parece ser un proceso habitual y sencillo se ha convertido en toda una conjunción de manos y pasiones. De la necesidad de restaurar una pieza en malas condiciones nacieron alianzas, arte y visiones de esperanza.
“Un óculo es, en su forma más sencilla, una abertura circular que deja pasar la luz. No olvidemos que fue la primera palabra de Dios en el Génesis: hágase la luz la primera creación de Dios. Pero quienes entramos en una iglesia sabemos que la luz nunca es solamente un detalle. En una catedral también nos recuerda que la fe no se vive a solas”, recordó Yovanny Carvajal, párroco de la Catedral, en las palabras con las que quedó inaugurado el emplazamiento de la obra de Argüelles.

El sacerdote puso la necesidad de restaurar una parte esencial de la fachada de la iglesia más importante de la isla en manos de Cuba Foundation, fundación que justamente cumple cinco años enfocada en el desarrollo de diferentes tipos de proyectos culturales que al mismo tiempo apoyen al sector privado.
“Esta es la Catedral de La Habana, no hay más que decir, me siento como un niño en una tienda de caramelos, porque no puedo creer que estemos aquí y estemos haciendo esto”, nos resume su sentir Gustavo Arnavat, fundador y presidente de Cuba Foundation.
Para el proceso de restauración, la fundación apostó por Jorge Uria, pero el proceso implicaba otros desafíos.
“Nos dimos cuenta de que el óculo urgentemente tenía que ser desmontado, pero la restauración va a tomar varios meses, entonces íbamos a tener un hueco. La solución más fácil es poner una lona, pero eso iba a ser muy feo, entonces se nos ocurrió: ¿Por qué no le pedimos a artistas locales que hagan algún tipo de diseño temporal?”, cuenta Arnavat.

“Restaurar el vitral no consiste únicamente en reparar una pieza de vidrio, es cuidar una parte de la casa común, conservar los signos que han acompañado a generaciones de habaneros y preparar su presencia para quienes vendrán. El trabajo paciente de restauración nos enseña también algo sencillo, aquello que recibimos merece atención, y lo que tiene valor puede necesitar tiempo y cuidado para volver a mostrarse en toda su belleza. La restauración será un trabajo sobre un vitral, pero también una ocasión para renovar nuestro cariño por este templo y por las personas que lo hacen vivir”, dijo el párroco de la Catedral, la cual cumplirá 250 años en 2027.
La inauguración de la “Madonna Luminosa” reunió a los implicados en este proceso y al público, y fue mágicamente completada con un concierto del pianista Aldo López-Gavilán. Al centro de la iglesia, a los pies de la Virgen de la Caridad del Cobre y la bandera cubana, el artista inundó de emociones que recibieron al anochecer y el encendido por primera vez de la obra en la fachada de la Catedral.

La “Madonna luminosa” de Aluan Argúelles
El proyecto de gestión curatorial de arte contemporáneo cubano Perpetual ArtProject entró entonces al juego de salvar la belleza de la catedral mientras regresa su vitral. Pero, como suele pasar con el arte, llenar un vacío no es lo único que sucede.
La obra de Aluan Argüelles fue la seleccionada por el párroco de la Catedral y comenzó entonces la ejecución de la hermosa caja de luz cuya presencia se inauguró esta semana.
“Llegar hasta aquí fue un proceso complejo; tenía que, de alguna manera, desdoblarme porque trabajo con otros medios, de otra manera, otra representación”, declaró Argüelles sobre este proyecto cuya motivación principal fue justamente el símbolo de la ciudad que la acogería.
Así nació “Madonna luminosa”, una especie de faro de luz y belleza que hoy es imposible dejar de mirar cuando se camina por la plaza de la Catedral. Hay mucha alma en esa dama que hoy nos contempla; parece que nos acoge y, por si fuera poco, ilumina los caminos oscuros que hoy nos circundan.

“La Madonna responde, obviamente, a la traducción al castellano de mujer, mujer de luz en este caso, incluso era un juego de palabras, arrojando luces sobre el embarazo, el dar a luz.
“En la investigación, encontré que la Madonna tenía también, simbólicamente, una relación con la propia creación de la iglesia de la Catedral, porque la Catedral es la madre de todas las iglesias de Cuba. Entonces, esa asociación me interesaba, tenía que buscar una imagen que se asociara, que abocara, que emanara una especie de esperanza”, nos explica Argüelles y confirma cómo el artista logró plasmar y transmitir tantos sentidos en una sola imagen.
“La Madonna luminosa no sustituye el vitral ni pretende ocupar su lugar definitivo. Estará aquí durante el tiempo que duren las labores, como una presencia que nos ayuda a vivir la espera.
“En María contemplamos a una mujer abierta a la palabra de Dios, cercana a su pueblo y atenta a las necesidades de los demás. Su imagen en esta plaza nos invita a levantar la mirada y a recordar que la esperanza también puede hacerse visible en los tiempos más oscuros y en los tiempos que vivimos”, resume el párroco de la Catedral de La Habana.











