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Una de las grandes intelectuales cubanas, la bibliógrafa Araceli García Carranza, murió en La Habana a los 88 años. Su biografía está repleta de obras, responsabilidades y reconocimientos tanto en Cuba como internacionalmente.
Nació el 10 de octubre de 1937 en Guanabacoa, La Habana. En 1955 comenzó a estudiar en la Universidad de La Habana, donde, en 1962, se doctoró en Filosofía y Letras.
Roberto Fernández Retamar, su profesor, celebró “el privilegio” de tenerla entre sus “mejores alumnos” y la describió como “aquella alumna serena y seria en quien ya se adivinaban los rasgos que iban a caracterizar su vida profesional. A poco de graduada, empezaron a hacerse visibles sus virtudes laborales”.
A lo largo de su trayectoria, García Carranza ha compilado las bibliografías de figuras cardinales de la cultura cubana como Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, Eliseo Diego, Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal Spengler, Cintio Vitier y el Che Guevara, entre otros. Su obra incluye libros y folletos, además de casi un centenar de colaboraciones en revistas nacionales e internacionales.
Desde 1976 compiló la bibliografía martiana para el Anuario del Centro de Estudios Martianos hasta completar en 2023 un total de 45 tomos.
Durante más de 60 años trabajó en la Biblioteca Nacional José Martí, donde desempeñó diferentes responsabilidades.
Rafael Acosta de Arriba, director de la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, publicación que ella misma describió como “una enciclopedia de la cultura cubana”, afirmó de ella:
Araceli se ha incorporado con peso específico propio a una tradición bibliográfica nacional de mucho lustre. Esa tradición espesa y fértil está marcada por nombres de la talla de Domingo del Monte, quien nucleó la más completa biblioteca de libros cubanos o sobre Cuba de su época; Antonio Bachiller y Morales, historiador de las letras y las ciencias; Domingo Figarola Caneda, fundador de la Biblioteca Nacional y eminente bibliófilo; Francisco de Paula Coronado, continuador de Figarola; Juan Miguel Dihigo y Mestre, promotor de las artes y las letras; Carlos Manuel Trelles y Govín, grande entre los grandes, quien, durante medio siglo, conformó la mayor suma de bibliografías cubanas de la historia; y Fermín Peraza Sarauza, director y redactor del Anuario Bibliográfico Cubano.
Reconocimiento nacional e internacional
Su prestigio trasciende las fronteras nacionales. Fue miembro corresponsal de la Sección de Bibliografía de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA) entre 1995 y 2005, y en 2004 fue nombrada miembro del Consejo de Redacción de la revista estadounidense Cuban Studies. Ha dictado conferencias y colaborado en proyectos en México, República Dominicana, Colombia, España y Estados Unidos.
Entre sus numerosos reconocimientos destacan la Distinción por la Cultura Cubana, las medallas Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, la Distinción Raúl Gómez García, el Premio Nacional de Investigación Cultural 2003, la Orden Carlos J. Finlay y la Orden Félix Varela de Primer Grado, máxima distinción que otorga el Estado cubano a personalidades que realizan aportes extraordinarios a la cultura nacional y universal.
En febrero de 2023, la 31 Feria Internacional del Libro de La Habana le rindió homenaje como figura destacada, reconociendo sus entonces 61 años de consagración a la bibliotecología. En esa ocasión, se le describió como “la más importante bibliógrafa viva de Cuba”.
La Asociación Cubana de Bibliotecarios, al anunciar su fallecimiento, expresó: “Hoy es un día muy triste, la Asociación Cubana de Bibliotecarios a perdido a uno de sus miembros ilustres la Dra. Araceli García Carranza, nuestra bibliotecaria de honor, bibliografa por excelencia, investigadora, profesora y un ser humano dulce y cariñoso que amaba por sobre todas las cosas su profesión y su Biblioteca Nacional. Hace apenas unos días decía con orgullo que cumplía 64 años de trabajo en su querida Institución bibliotecaria”.
“Servir es el bastón de mi vida”
Para Araceli García Carranza, la esencia de su labor se resume en una palabra: servir. “La palabra de orden del bibliotecario es servir”.
“He sido útil al servir, porque servir es el bastón de mi vida, y ser útil al ayudar a otros ha sido para mí una verdadera realización personal”.
Acosta de Arriba, en su elogio a esta “institución dentro de la institución”, dijo que Araceli García Carranza Basetti “deja un sólido y rico legado a la cultura nacional y a la bibliotecología en particular, con su fecunda y larga existencia”.












