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Las casas de apuestas estaban pagando una millonada por la remontada del Barcelona contra el Atlético de Madrid en las semifinales de la Copa del Rey. Hasta madridistas que darían la vida por ver otra derrota culé pusieron un poco de dinero sobre la mesa a favor de la causa azulgrana, agarrándose al mismo clavo: los colchoneros podían verdaderamente pegarse un tiro en el pie y lanzar por la borda su ventaja de cuatro goles conseguida en la ida.
Tan improbable era la remontada que los catalanes hasta se agarraron a la épica madridista y al espíritu de Juanito, una de las leyendas de sus grandes rivales. “90′ (o más) son muy largos en el Spotify Camp Nou”, había posteado el Barça en redes sociales, evocando el mítico “90 minuti en el Bernabéu son molto longo” de Juanito en los años 80 del siglo pasado.
90′ (o más) son muy largos en el Spotify Camp Nou. pic.twitter.com/luKP9WYG0a
— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) March 1, 2026
Pero ni eso alcanzó, porque el Atleti se cerró en banda y apeló a un ejercicio de supervivencia extrema, muy a la usanza del “Cholo” Simeone, cuya ideología futbolística no termina de cuadrar con la inversión rojiblanca de los últimos años. El Atleti, contrario a lo que se puede pensar por el relato de sus parciales, ha gastado tanto o más que los grandes clubes españoles en jugadores de buen pie, capaces de controlar un partido y una eliminatoria sin necesidad de atrincherarse en su portería.
Sin embargo, la apuesta de su entrenador para defender una diferencia de cuatro goles fue justamente hundirse en su campo y regalar todo el balón a un equipo con una capacidad demoledora para generar ocasiones. El resultado no pudo ser otro: el Atleti a duras penas pasó el mediocampo, no tuvo ningún pasaje de control y rozó la debacle en un Camp Nou completamente enloquecido.

Tres goles en 70 minutos, un rosario de córners, desbordes constantes y disparos por montones certificaron el asedio catalán, que tiró de garra, carácter y fútbol profundo pese a no contar de inicio con Lewandowski, De Jong y Eric García, y perder más tarde a los laterales Koundé y Alejandro Balde, rotos en medio de la frenética cacería.
Tan avasallador fue su ejercicio que, en el tramo final del partido, lo que parecía verdaderamente imposible no era que remontara el Barça, sino que el Atleti saliera vivo de la Ciudad Condal. Pero el milagro se consumó. El asedio catalán se quedó en tres goles y no consiguió el premio final.

Los colchoneros, pidiendo la hora, avanzaron a su primera final de Copa en 13 años. Por cierto, desde hace dos décadas ningún equipo superaba la semifinal copera tras perder el partido de vuelta por tres o más goles de diferencia. El último en lograrlo fue el Zaragoza en 2006, según los datos de Mister Chip.
De los seis clubes que superaron una semifinal luego de perder la vuelta por tres o más goles, solo uno logró salir campeón: el Athletic Club Bilbao en 1950. Este curso, 76 años después, el Atlético de Madrid tratará de romper esa maldición y completar una temporada para la historia.

Ese es el sentir del sector rojiblanco de Madrid, que ya firma, pletórico, una victoria en la final copera en Sevilla y la pelea hasta la muerte por la Champions. Ese sería un doblete inédito para los colchoneros, que nunca se han coronado en la máxima competición continental. De hecho, sus episodios con la Copa de Europa son más bien trágicos. En 1974 disputaron la final contra el Bayern Múnich y llegaron ganando 1-0 al último minuto de la prórroga, cuando Hans-Georg Schwarzenbeck les empató el duelo. Dos días más tarde jugaron un partido de desempate y los alemanes golearon 4-0.
Cuarenta años después tuvieron una especie de déjà vu. En Lisboa, contra el Real Madrid, ganaban 1-0 hasta el minuto 93, cuando Sergio Ramos igualó las acciones con un legendario gol de cabeza. Luego, en la prórroga, los rojiblancos no aguantaron y permitieron tres tantos merengues para sellar el billete de “La Orejona” rumbo a Cibeles. La escena se repitió en 2018 con una dolorosa derrota en penales frente a los merengues.
Este año, ya con La Liga tirada, la Copa y la Champions son las apuestas rojiblancas. ¿Apelarán a la épica o les bastará con la garra del cholismo?












