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El presidente del Gobierno autónomo de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, pidió este lunes evitar el “pánico” frente al renovado interés de Estados Unidos en hacerse con el territorio ártico, aunque reconoció que la presión de Washington obliga a reflexionar sobre el futuro de la isla más grande del mundo.
“No estamos en una situación en la que Estados Unidos pueda conquistar Groenlandia. Así no es la situación, por eso no hay que entrar en pánico. Debemos restaurar la buena colaboración que hemos tenido”, dijo Nielsen en rueda de prensa en Nuuk, la capital.
El líder groenlandés rechazó comparaciones con Venezuela, donde hace apenas dos días Estados Unidos ejecutó una operación militar para capturar al presidente Nicolás Maduro.
“Nuestro país no es el adecuado para comparar con Venezuela. Somos un país democrático desde hace muchos años”, subrayó.
Apoyo europeo y defensa de la soberanía
Las declaraciones de Nielsen se produjeron en medio de un amplio respaldo europeo a Dinamarca y Groenlandia. La Comisión Europea reafirmó que la Unión Europea “seguirá defendiendo los principios de la soberanía nacional, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras”.
El primer ministro británico, Keir Starmer, expresó su apoyo a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, quien había urgido a Washington a detener sus amenazas.
Desde Madrid, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ratificó la “plena solidaridad” con Dinamarca y Groenlandia, y recordó que “de Ucrania a Gaza, pasando por Venezuela”, el respeto a la soberanía es “innegociable”.
El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, advirtió que Groenlandia, como parte de Dinamarca, tendría que ser defendida como territorio de la OTAN ante cualquier amenaza.
Trump insiste en el valor estratégico de la isla
El presidente Donald Trump reiteró en dos ocasiones su interés en Groenlandia, alegando motivos de seguridad nacional. “No quiero hablar de Groenlandia. Hablemos de Venezuela, Rusia, Ucrania… Nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses”, dijo inicialmente a bordo del Air Force One este domingo, antes de recalcar su valor estratégico.
Trump aseguró que la isla está “rodeada de barcos rusos y chinos por todas partes” y que Dinamarca “no va a ser capaz” de garantizar su seguridad.
En varias ocasiones durante el último año, el mandatario ha afirmado que Estados Unidos “necesita” Groenlandia y ha sugerido que podría explorar fórmulas para que pase bajo jurisdicción estadounidense.
La designación del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial de EE.UU. para Groenlandia desató críticas en Copenhague y Nuuk, que presentaron una protesta formal ante el embajador estadounidense.
La respuesta danesa: respeto y cautela
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, reconoció que se toma en serio las intenciones de Trump, pero insistió en que hará todo lo posible para que la situación se resuelva de manera pacífica. “Creo en la democracia y en el orden internacional basado en normas”, afirmó.
Frederiksen aseguró que no está “nerviosa”, aunque tampoco “ingenua” respecto a la posibilidad de que Washington actúe unilateralmente. “Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará. Incluida nuestra OTAN y, en consecuencia, la seguridad que ha proporcionado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”, advirtió.
Groenlandia, con una población de unos 57 mil habitantes en un territorio de 2,1 millones de kilómetros cuadrados, depende de la pesca y de la ayuda económica anual de Dinamarca, que cubre cerca de la mitad de su presupuesto.
El interés de Washington en Groenlandia no es nuevo, pero la insistencia de Trump ha encendido alarmas en Europa. Analistas señalan que la isla se ha convertido en un punto clave en la competencia estratégica con Rusia y China en el Ártico.
Nielsen, por su parte, dijo que quiere “profundizar” y “reforzar” la relación con la OTAN y establecer una “línea directa” de comunicación con Estados Unidos, evitando que las tensiones se gestionen a través de los medios.
Tras el ataque estadounidense contra Venezuela, Trump volvió a insistir en la necesidad de actuar contra los cárteles en México.
Aunque el gobierno mexicano y los analistas descartan una acción militar unilateral, reconocen que las amenazas podrían intensificarse como herramienta de presión.
La presidenta Claudia Sheinbaum minimizó la posibilidad de una intervención. “No veo riesgos. Hay coordinación, hay colaboración con el gobierno de los Estados Unidos”, dijo.
“La delincuencia organizada no se resuelve con una intervención”, añadió, reafirmando su defensa de la soberanía y la legalidad internacional.
México, señalan los expertos, tiene una situación distinta a la de Venezuela o Cuba: cuenta con legitimidad democrática, es el principal socio comercial de Estados Unidos y alberga a unos 40 millones de mexicanos residentes en el vecino del norte. El propio secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció que la cooperación bilateral “está en un alto nivel”, recordó una nota de la agencia AP.
Trump y sus colaboradores han coqueteado con la idea de atacar militarmente a los cárteles desde la campaña electoral, aunque con tonos cada vez más contenidos. Incluso, Sheinbaum ha reconocido que el presidente estadounidense le ha propuesto en llamadas telefónicas “ingresar a México” para combatir a los cárteles, iniciativas que ella siempre rechazó.

Un arma de negociación con vistas al T-MEC
Analistas como David Saucedo consideran que las amenazas funcionan como un “arma de negociación” para obtener ventajas comerciales y políticas. “Marco Rubio y Donald Trump juegan al policía bueno y al policía malo”, estimó.
México ha intensificado la cooperación: más detenciones y decomisos de droga, extradiciones de narcotraficantes y aceptación de migrantes deportados. “Una intervención militar pondría en suspenso esa cooperación”, advirtió Carlos Pérez Ricart, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Con la revisión del tratado comercial T-MEC en curso y la agenda de cooperación antinarcóticos, México deberá “hilar fino” en su relación con Estados Unidos, señaló Arturo Sarukhan, embajador mexicano en Washington entre 2007 y 2013. A su juicio, apoyar abiertamente a Maduro o mantener vínculos con Cuba podría resultar costoso para la administración mexicana.
Por su parte, la diplomática Martha Bárcena subrayó que México debe combatir con más fuerza la corrupción política ligada al crimen organizado y seguir defendiendo la legalidad internacional.
“Estados Unidos no funciona bajo la lógica de la racionalidad. En este momento todas las posibilidades están abiertas, incluso las inimaginables hasta hace un año”, concluyó Pérez Ricart.












