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Tras la pandemia, Claudia Guerra Lobaina echó a andar una agencia de transporte. Fue un negocio de los nuevos que surgieron dadas las circunstancias del confinamiento.
Cuando todo pasó, Claudia quiso constituir legalmente su emprendimiento, pero ante una discordia de intereses con su socia, en ese momento no pudo ser. Decidió crear una nueva empresa, con un basamento legal auditable, en regla, con papeles en orden y con la tranquilidad absoluta de caminar por la vida consciente de que estaba obrando bien.
Brumpá tenía bien claro quiénes serían sus operadores; operadoras, más bien. Madres cubanas protagonizarían la empresa.
“Darle trabajo a madres que desde el hogar, sin dejar de maternar, pudieran ganarse la vida era el objetivo principal, y no solo para ganar dinero, sino para sentirse útiles. La maternidad es muy dura; pocos saben cuánto. Las madres vivimos una dicotomía entre estar con nuestros hijos e hijas o seguir siendo profesionales, seguir sintiendo que lo que hacemos es útil para los demás”.
Pero Brumpá casi muere antes de nacer. Cuatro veces Claudia, su presidenta, valoró la posibilidad de entregar la licencia operativa y cerrar la empresa.
“Una vez, ya casi a punto de ceder la empresa a otro socio, no pude hacerlo. Ese era otro hijo, otro proyecto mío, que había soñado, diseñado… pero que solo estaba en mi cabeza. No había tenido fuerzas ni capacidad para empezar, pero tampoco tuve el valor para rendirme”.
Las primeras operaciones
Ruth María González Rodríguez es clarinetista y maestra de música; fue la primera operadora contratada de la empresa.
“Llegué por la amistad con Claudia y por la necesidad que tenía de tener más ingresos económicos. En este emprendimiento encontré no solo una agencia de transportación, sino un gran equipo, que además está dispuesto a generar bienestar a sus clientes”.
“No es un trabajo difícil ser operadora de una agencia de taxis, pero se las trae. Estar de cara a los clientes tiene su cosa. Pero el propósito final es que se lleve a cabo el servicio, y eso hay que hacerlo bien”.
“El principio fue difícil porque lidiar con mi niña pequeña y con los clientes a la vez era estresante; poco a poco le fui cogiendo la vuelta. Me ha aportado a mi persona, a ser paciente, tolerante, a aprender a tratar con tantas personas diferentes a la vez, a mantener la calma, eso sin dejar a un lado lo demás: la casa, la crianza, los otros trabajos que tengo. Ha sido una escuela”.
“Ser miembro de Brumpá me ha obligado a salir de mi zona de confort, de lo que yo conocía como los ‘trabajos normales’, y me ha posibilitado estar en un trabajo online, desde casa. También le he aportado con mi personalidad. La mayoría tenemos profesiones muy distintas. Somos músicos, periodistas, amas de casa, fotógrafas… Por eso no creo que el aporte mayor sea desde la profesión primera que nos define, sino desde nuestras vivencias, de las experiencias que hemos ido recaudando en la vida”.
Otra pieza clave en la agencia es Rouslyn Navia Jordán, periodista de profesión, multioficio por la vida. “Si no hubiera sido por Rouslyn, no lo hubiera logrado. En los últimos meses ha asumido el protagonismo y la mayor responsabilidad en la empresa; es la jefa de operaciones, no quiero a una mejor”, confiesa Claudia con total seguridad.
“Llegué de casualidad —aclara Rouslyn—, ni siquiera estaba buscando trabajo, pero vi una convocatoria en Facebook y me llamó la atención. Decía que era ideal para madres con niños pequeños que pudieran trabajar desde casa, y esa era yo”.
Rouslyn reconoce que una iniciativa como esta es poco común. “Más bien somos un sector bastante marginado. Los empleadores asumen que las madres tenemos poco tiempo disponible para dedicarle al trabajo, o que tenemos otras prioridades, o que vamos a faltar por tener niños pequeños. Por eso me postulé, por la singularidad de la convocatoria. Me citaron, hice la entrevista y desde ese momento entendí con quién iba a trabajar. A Claudia no la conocía, sí a su esposo, Gabo Pérez, y al trabajo que hacía con su finca y con Bacoretto. Admiraba mucho la labor y proyección social de ambos. Solo por el hecho de trabajar con ellos dos me entusiasmé”.
“Lo que más me ha aportado es el equipo, es único. No hay nada más reconfortante que trabajar con un grupo de personas con las que te sientes bien y logras una dinámica agradable de trabajo. Para recibir ayuda no hay que pedirla; la disposición siempre está. Nos define la colaboración. Las reuniones de trabajo se sienten como un encuentro entre amigos. ¿A quién no le gusta trabajar así?”.

El día a día de un negocio en Cuba
Ruth asegura que con la situación del país, una agencia de este tipo resuelve la vida a muchas personas, tanto cubanos como extranjeros, porque Brumpá no solo tiene clientes nacionales. “Es un aliciente en medio de tanto caos”, dice. Y recuerda una anécdota, a casi dos meses de empezar. “Hubo unas lluvias intensas en La Habana que nadie esperaba. Tuvimos que sumarnos todos los operadores porque la que estaba de turno no daba abasto. Tuvimos que mediar mucho con los choferes, porque con las inundaciones no querían trabajar. Fue estresante, pero se logró”.
“Nunca me imaginé que trabajaría en una empresa de taxis. Poco tiene que ver con lo que estudié, pero creo que me parezco a la mayoría: hoy en Cuba pocos laboran en perfiles afines con su profesión”.
A Rouslyn le pasa igual. “Comencé a trabajar en algo que no era mi día a día. Siempre he trabajado en los medios; lidiar con personas es algo a lo que estoy habituada, pero nunca de esta forma, en un chat, sin verles las caras. Es completamente distinto a lo que acostumbraba a hacer. He aprendido muchísimo. El trabajo me apasionó; al principio tenía miedo a equivocarme. Me presionaba yo misma a la hora de cotizar un servicio y de darle la mejor experiencia al cliente; realmente me estresaba. Algunos te retan. Conoces a gente de todo tipo: cariñosos, amables, imprudentes, apurados…”.
“Lo que diferencia a nuestra agencia de otra es el alma —piensa Rouslyn—; el deseo con el que hacemos las cosas, que las personas se sientan atendidas de manera especial. Sabemos acercarnos a nuestros clientes y diferenciarnos; somos más que operadoras detrás de un teléfono. Incluso tenemos algunos clientes que piden servicio a operadoras específicas, porque se han familiarizado con ellas; se ha creado una empatía. Eso también nos ayuda, porque los vamos conociendo y así se personaliza más el servicio”.
Pero no todo es color de rosas. Claudia conoce sus debilidades. “Las redes sociales son nuestro talón de Aquiles. Aún no hemos logrado un trabajo fuerte o, por lo menos, que realmente muestre la verdadera esencia de los que somos, de lo que hacemos. Agencias de transporte en las redes hay muchas. Saber diferenciar una de otra es el reto que aún no hemos cumplido. Tenemos que hacer que los clientes potenciales, los seguidores, nos miren de forma diferente”.
“La responsabilidad social con la que trabajamos en Brumpá tiene que reflejarse. No solo queremos clientes que paguen, sino que se sientan seguros, que esté satisfechos. Su bienestar es la prioridad”, afirma su presidenta.
Claudia recuerda que cada vez que ha habido un pico ante una crisis, por falta de combustible, la caída del sistema eléctrico o falta de conexión a internet, los efectos negativos se han visto automáticamente. Disminuye la cantidad de clientes, y muchos se pierden. “A la gente lo que le interesa es resolver su problema. No todos tienen un sentido de pertenencia. A veces piden taxi en varias agencias a la vez y, obviamente, el primero que responda se lleva la carrera”.
En ese sentido, no solo se afecta el servicio a los clientes, sino también a los choferes. Claudia aclara que tienen tanta importancia quienes piden un taxi como quien ofrece el recorrido. “Los choferes son muy importantes, tenemos una relación muy cercana con ellos, siempre estamos en comunicación, tratamos de engranarlos en el colectivo”.
Brumpá en el futuro
Ruth lo tiene muy claro: “Somos una agencia pequeña, pero que ha logrado tocar varias puertas. Tenemos una clientela fiel, que se queda y que trae a otros clientes. Estamos en crecimiento, en desarrollo. Hemos lidiado con todo, con ciclones, apagones, hemos tenido días de trabajar por SMS cuando la conexión no nos da otra opción. Pero no nos rendimos”.
“Los planes son inmensos —agrega Rouslyn— más bien nos falta tiempo para poder realizarlos todos. Lo cotidiano nos frena, pero queremos crecer, eso está clarísimo. Una de las metas a corto plazo es potenciar el uso de la aplicación, disponible en Apklis. Con el uso de la aplicación podemos potenciar nuestros clientes; el trabajo de las operadoras se centraría especialmente en detalles más personalizados, en transportaciones más grandes, como las de cargas, o las colaboraciones con eventos y otros servicios que requieran los clientes”.
“La Cuba de hoy enfrenta una crisis que abarca todos los aspectos de la vida. Cualquier emprendimiento que venga a resolver o paliar cualquiera de esas necesidades es una ayuda. El sector del transporte es un aspecto crítico dentro de la cotidianidad del cubano. Es lógico que empresas como Brumpá hayan tenido auge a medida que escasean las opciones estatales. El sector privado va asumiendo esas responsabilidades. No ofrecemos un servicio que compite con el estatal, sino que es puerta a puerta, más exclusivo, más directo, más personalizado, pero que resuelve muchísimo para los clientes que no tienen otra opción”, asegura Rouslyn.
“He terminado trabajando en cosas que nunca imaginé, como la mayoría, supongo —confiesa Rouslyn y hace silencio por unos segundos—. Cuando elegí mi profesión pensé que toda la vida iba a ser periodista, que en algún momento iba a escribir un libro, pero no ha sido así. No he escrito el libro, pero sí he hecho marketing, he gestionado taxis, he trabajado con el turismo y sigo siendo periodista. Ha sido muy enriquecedor. He aprendido muchas cosas nuevas; los retos me gustan. Pero si 10 o 15 años atrás me hubieran dicho que iba a ser gestora de taxi, probablemente me hubiera reído”.
Y es que ser gestora de taxi no es la profesión con la que ninguna mujer en Cuba ha soñado, o sí, tal vez Claudia sí, porque cuando habla de Brumpá sus ojos brillan, y no tiene freno. Solo hice una pregunta, el resto lo contó ella, emocionada, con su hija Brisa en los brazos. Mientras la amamantaba explicaba que, además de las madres, también hay un trabajador padre; la mapaternidad tiene las puertas abiertas en esta agencia que, más que gestionar carreras de taxis, procura bienestar.
Son cosas que ha logrado la Claudia psicóloga, la madre de dos hijos y dos gatos, la presidenta de una empresa que de a poco seguirá creciendo, hasta tener, “quién sabe, nuestra propia flota de carros eléctricos, para que no haya que cambiar el precio del pasaje cuando suba el combustible, y tampoco contaminar el medioambiente”.