La Habana llegó a tener más de quinientos cajeros automáticos en funcionamiento, pero hoy apenas rondan los doscientos. Este retroceso, más que ilustrativo, remite al deterioro de esos equipos, al vandalismo y la necesidad de controlar la salida de efectivo en un contexto de creciente demanda, inflación descontrolada y un agravamiento de la crisis en la isla.
En este crítico escenario, el Banco Metropolitano (BANMET) ha tenido que reinventarse para sostener sus servicios, según detalla un reportaje del portal Cubadebate.
Desde 2025, la principal entidad bancaria de la capital cubana introdujo cambios organizativos como la reserva online de turnos mediante la aplicación Ticket, la incorporación de Transfermóvil a la función Mi turno y la reorganización del calendario de pago a jubilados.
Tales medidas, refiere el reporte oficial, buscaban aliviar las colas y ofrecer alternativas digitales a una población más familiarizada con esas herramientas. Sus resultados, sin embargo, siguen dejando muchas insatisfacciones entre los habaneros.

Crisis energética y de transporte, un doble obstáculo
En febrero de 2026, la crisis del transporte se agravó por la escasez de combustible y el deterioro de la movilidad pública.
Paralelamente, los cortes eléctricos se hicieron más frecuentes y prolongados, afectando tanto la operatividad de las sucursales como la conectividad necesaria para los servicios digitales.
Para los trabajadores, llegar a las oficinas se convirtió en un reto cotidiano; para los clientes, acceder a una sucursal implicó aún mayores dificultades a las ya existentes.
Aun así, resalta Cubadebate, BANMET mantuvo abiertas todas las oficinas en los 15 municipios de La Habana, con horarios de 8:30 a.m. a 3:30 p.m., pese a propuestas iniciales de reducir la jornada.

El efectivo: un recurso cada vez más escaso
El principal problema, reconoce Katherine Sánchez, directora de Comunicación y Mercadotecnia de BANMET, es el efectivo. Las colas se han multiplicado y las quejas son constantes.
De acuerdo con la funcionaria, las causas de esta situación son múltiples: incremento de precios, gastos derivados del transporte privado, y la escasa aceptación de pagos digitales en comercios privados. Todo ello dispara la demanda de billetes.
A esto se suma la acción de los llamados coleros, personas que extraen grandes sumas con varias tarjetas, dejando a la población sin disponibilidad.
Para mitigar el fenómeno, BANMET reubicó los cajeros dentro de las sucursales, para, además, protegerlos del vandalismo.
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Falta de depósitos y debilidad del comercio estatal
Otro frente crítico es la limitada reposición de efectivo. El comercio estatal, deprimido, no genera suficientes depósitos para alimentar el sistema bancario. Esta carencia obliga a BANMET a buscar soluciones alternativas para sostener la circulación de dinero en la capital.
En paralelo, la crisis energética obligó al banco a diversificar sus fuentes de electricidad. Desde hace más de un año, los centros contables y de datos cuentan con grupos electrógenos. Además, en cada municipio se garantiza al menos una sucursal con panel solar, apunta el reportaje.
Hasta el momento se han instalado veinte paneles, nueve de ellos operando a plena capacidad. Las oficinas más afectadas por los apagones fueron priorizadas en coordinación con los gobiernos locales, de acuerdo con el medio oficial.
Sin embargo, la conectividad sigue siendo un desafío. “Ante el corte eléctrico no siempre se dispone de conexión y eso limita el flujo normal del trabajo”, explica Sánchez.

Reorganización laboral y un paisaje cotidiano
Para sostener el servicio, BANMET reorganizó sus colectivos laborales. Cada sucursal priorizó a los trabajadores que residen cerca, garantizando cobertura completa del horario, refiere Cubadebate.
Desde la Oficina Central se movilizó personal administrativo para reforzar la atención al público y mantener el orden en medio de las colas. Paralelamente, se ha venido impulsando el teletrabajo en procesos que no requieren presencialidad, para asegurar —o al menos intentarlo, en tan difíciles circunstancias— que las operaciones administrativas y contables continúen desde los hogares.
A pesar de los esfuerzos, las quejas no cesan. Por ello, BANMET ha multiplicado sus canales de escucha. La institución difunde información en redes sociales sobre horarios y alternativas digitales, y refuerza la atención a sugerencias mediante buzones en sucursales y perfiles en línea.
“El propósito es atender, escuchar y que ello nos permita seguir adoptando medidas concretas para brindar un servicio al pueblo lo más cercano a lo que cada uno merece y necesita”, afirma Sánchez.
Aunque las autoridades afirman que ninguna sucursal ha cerrado, las colas siguen siendo parte del paisaje urbano de La Habana. En ellas se juega la posibilidad de acceder a un bien “cada vez más escaso y codiciado: el efectivo”, señala el reportaje.
De momento, este 1 de abril comenzaba en La Habana la circulación del billete de 5 mil pesos, mientras que el de 2 mil se introducirá de forma progresiva en fechas posteriores, de acuerdo al comunicado difundido por el Banco Central de Cuba.
La medida busca facilitar transacciones de alto valor, reducir costos logísticos y mejorar la operatividad en un contexto inflacionario, según informó la institución.
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Recortes en la extracción bancaria
Sin embargo, hay testimonios en redes e in situ, que no recoge Cubadebate, en los que comerciantes privados se quejan del techo de extracción de efectivo en las unidades bancarias. Antes era de 20 mil pesos diarios, mientras que ahora es de solo 5 mil, la cuarta parte.
“Me he visto obligado a que los clientes me paguen la mitad en efectivo y la otra mitad por pasarela”, explicó a OnCuba un dueño de mipyme en el municipio 10 de octubre.
La medida, según dijo el emprendedor, la tomó para compensar a muchos de sus clientes, acostumbrados ya a pagar electrónicamente.
“¡Y aun así, estoy perdiendo clientes!” se lamentó.
Por lo general, otra medida tomada por establecimientos del sector privado es solo autorizar los pagos en línea hasta determinado nivel de ingresos, algo que normalmente se rebasa ya en las mañanas.
Cuando los usuarios reclaman alguna explicación, los empleados los remiten al banco o simplemente alegan que son órdenes del dueño del establecimiento, en un círculo vicioso que tiene a la población como mayor perjudicada.












