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Tres de cada cuatro cubanoamericanos del sur de Florida desaprueban que la Administración Trump deporte a cubanos sin antecedentes penales. Sin embargo, el 68 % votará por el candidato republicano de su distrito el próximo 3 de noviembre.
Estas y otras paradojas se evidencian en la Encuesta FIU sobre Cuba 2026, divulgada este martes por la Universidad Internacional de Florida y presentada hoy en Miami por sus investigadores principales, Guillermo J. Grenier y Qing Lai.
“Los cubanoamericanos quieren dos cosas a la vez: una línea más dura con La Habana y una vida más llevadera para el pueblo cubano”, resumió Grenier en el comunicado con que FIU anunció los resultados. “Los mismos encuestados que respaldan la máxima presión respaldan las medicinas, los alimentos y la ayuda al sector privado de Cuba”.
El sondeo —el proyecto de investigación más longevo sobre las actitudes políticas de los cubanoamericanos, iniciado en 1991— entrevistó por teléfono a 1004 adultos de origen cubano residentes en Miami-Dade entre el 4 y el 29 de septiembre. El margen de error máximo es de ±3,1 puntos; el 62,9 % de las entrevistas se hizo en español, y los resultados se ponderaron por sexo, edad, país de nacimiento y año de llegada según la Encuesta de la Comunidad Estadounidense.
Esta edición de la encuesta se realizó en el contexto de la política de “máxima presión” del segundo mandato de Trump, con el bloqueo a las importaciones de combustible a la isla y un entramado de sanciones adicionales que refuerzan el bloqueo económico, financiero y comercial contra Cuba.
En el prólogo, Grenier y Lai advierten que el acercamiento abierto por Obama en 2014 se percibe hoy como un breve paréntesis en una larga historia de hostilidad, y que Washington no ha dicho qué quiere exactamente de Cuba ni qué aceptaría a cambio.
Las opiniones de la comunidad cubanoamericanas medidas por esta encuesta se ajustan a las señales mixtas, ambiguas, pardójicas y confusas que llegan de la Casa Blanca.
El garrote: máxima presión
El 77 % está de acuerdo con priorizar políticas de máxima presión sobre el Gobierno cubano, pero el dato más llamativo es que el 73 % respalda una acción militar de Estados Unidos para derrocar al Gobierno cubano.
Preguntados por el tipo de acción, el 43 % prefiere una operación clandestina de la CIA u otra actividad secreta, el 28 % el bombardeo de objetivos militares seleccionados y el 14 % una invasión terrestre. Menos del 1 % aprueba bombardear zonas urbanas.
El 65 % apoya el bloqueo de las importaciones de petróleo a la isla, una cifra que sube al 83 % entre los republicanos y al 78 % entre quienes llegaron después de 2020, pero cae al 21 % entre los demócratas y al 45 % entre los cubanoamericanos nacidos fuera de Cuba.
El 69 % aprueba mantener a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, el 59 % la considera una amenaza para los intereses vitales de Estados Unidos y el 63 % cree que es la principal fuerza detrás de la difusión de ideas de izquierda en el país.
La opinión de los cubanoamericanos está dividida a partes iguales sobre si el sufrimiento del pueblo cubano provocado por las políticas de Washington es un precio aceptable para lograr un cambio de régimen.
“Muy en desacuerdo” es la respuesta individual más frecuente (37 %). En relación con la filiación política, el 70 % de los republicanos acepta ese costo; y solo el 20 % de los demócratas.
La zanahoria: ¿La familia primero?
Convive con ese deseo de máxima presión contra el Gobierno de La Habana, el respaldo de la mayoría a medidas de alivio para la población de la isla.
El 73 % está a favor de que se vendan medicinas a Cuba sin restricciones y el 70 %, alimentos.
El 74 % apoya que Estados Unidos ayude al sector privado cubano para aliviar la crisis humanitaria y el 70 %, que los privados tengan un papel mayor en el suministro de gas licuado a los hogares.
El 69 % quiere que Washington priorice políticas que mejoren el bienestar económico de los cubanos de a pie. Incluso entre los republicanos hay mayoría a favor de vender medicinas (62 %) y de ayudar al sector privado (64 %).
El consenso humanitario no es nuevo, pero ha crecido. En 2020, cuando se hizo muy notable el giro conservador de la comunidad, el respaldo a la venta de alimentos era del 62 % y a la de medicinas del 71 %.
“La prioridad siempre es la familia”, explicaba entonces Grenier. En 2022 esas cifras eran del 64 % y del 72 %, según aquella edición, y en 2024 del 61 % y el 69 %, de acuerdo con el resumen de FIU. La crisis energética y alimentaria que sufre la población de la isla en 2026 ha enfatizado esa opinión.
En la serie de cinco entregas que publicó en su columna “No es fácil” en OnCuba sobre la encuesta de 2022, Grenier ya clasificaba las tendencias en dos grandes campos: el apoyo a las políticas del garrote y el apoyo a las políticas de la zanahoria. Cuatro años después, esa dualidad se ha agudizado.
El embargo: una aguja que se mueve con Washington
El 61 % de los consultados apoya mantener la política de bloqueo/embargo, con más de 60 años. Lo respaldan el 79 % de los republicanos y apenas el 23 % de los demócratas.
Entre los menores de 40 años, baja al 54 % y entre los nacidos fuera de Cuba, al 45 %.
Las relaciones diplomáticas con La Habana, en cambio, recuperan terreno: el 58 % quiere mantenerlas, frente al 50 % de 2024.
En abril de 2021, en su columna “Siga la ciencia. Construya su política. Ellos vendrán, el liderazgo importa”, Grenier mostraba con treinta años de datos que el apoyo al embargo pasó del 85 % bajo George H. W. Bush al 64 % al final del mandato de George W. Bush, y se desplomó hasta el 39 % cuando Obama dejó la Casa Blanca, para volver a subir unos cinco puntos por año con Trump.
“Quienquiera que controle la Casa Blanca modela actitudes en el territorio cubanoamericano del sur de Florida”, concluía.
En 2018, primera encuesta tras la llegada de Trump, el apoyo al embargo era del 51 % y el 63 % quería relaciones diplomáticas. En 2020 ya había subido al 60 %, y en 2022 al 63 %.
Expectativas sobre el cambio en Cuba
El 22 % de los cubanoamericanos cree que el cambio político en Cuba llegará en menos de un año y el 40 % en menos de cinco.
Pero el grupo más numeroso, un 29 %, cree que no llegará nunca, y entre los mayores de 76 años esa respuesta escala al 39 %.
Aun así, el 69 % confía en que la máxima presión provocará un cambio de régimen; entre los demócratas solo lo cree el 37 %.
Sobre la salida, los cubanoamericanos condicionan la economía a la política. El 67 % aprobaría que Washington alivie las sanciones a cambio de que Cuba transite hacia una economía de mercado en dos años, pero el 80 % rechaza cualquier acuerdo que deje al actual Gobierno en el poder a cambio solo de reformas económicas.
El 48 % apoya que la Administración negocie con figuras influyentes del liderazgo cubano, otro 48 % aprobaría una mediación internacional del Vaticano o de gobiernos caribeños; el 46 % aceptaría que el Gobierno actual permanezca hasta unas elecciones multipartidistas en dos años y el 51 % admitiría que el Partido Comunista compita en esas elecciones.
Los más dispuestos a negociar con La Habana son los menores de 40 años (57 %), los nacidos fuera de Cuba (60 %) y los demócratas (60 %).
Deportaciones: lealtad socavada
El 76 % de los consultados desaprueba el aumento de las deportaciones de cubanos sin estatus legal y sin antecedentes penales, y el 63 % lo desaprueba con fuerza.
Entre los llegados después de 2020, el rechazo fuerte alcanza el 92 %; incluso el 63 % de los republicanos se opone.
El 87 % —incluidos el 86 % de los republicanos, el 90 % de los demócratas y el 86 % de los independientes— pide que el Gobierno reanude el procesamiento de los beneficios migratorios para los cubanos que ya están en Estados Unidos.
Es un consenso que tiene antecedentes: en 2022, el 92 % respaldaba el Programa de Parole para la Reunificación Familiar, y en 2024 el 72 % apoyaba el parole humanitario de Biden. Pero este malestar, al parecer, no se traducirá en votos de cara a las próximas elecciones de medio término fijadas para el 3 de noviembre.
“La decepción con la Administración Trump no ha sacado a los cubanoamericanos del Partido Republicano”, dijo Grenier en el comunicado. “Los republicanos siguen siendo el 53 % de los votantes registrados, aunque el 63 % de ellos desaprueba las deportaciones de la Administración y el 50 % no está satisfecho con su manejo de la economía”.
Republicanos, sí, pero con críticas
El 89 % de los encuestados es ciudadano estadounidense y el 96 % de ellos dice estar registrado para votar. El 53 % de los registrados es republicano, el 27 % independiente y el 18 % demócrata, una distribución casi idéntica a la de 2024 y a la de 2018, cuando el registro republicano era del 54 %. Queda lejos, sin embargo, del 68 % de 2007, antes del paréntesis de Obama.
La fractura es generacional. Entre los menores de 40 años, el reparto es de 40 % republicanos, 34 % independientes y 24 % demócratas; entre los nacidos fuera de Cuba, prácticamente un empate a tres bandas.
Grenier ha explicado en OnCuba que esa lealtad no nació de la política hacia Cuba, sino de cómo los partidos se relacionaron con la comunidad —en “¿Compromiso con Cuba? ¿Qué tal comprometerse con los cubanoamericanos?”, y que no es monolítica: los republicanos cubanoamericanos discrepan de su partido en varios temas, como mostró en “Hay republicanos y republicanos”.
La aprobación de la gestión de Trump es selectiva: el 66 % respalda su política hacia Cuba, pero solo el 50 % su manejo de la economía.
La economía (4,78 sobre 5) y la salud (4,73) siguen siendo las principales preocupaciones, seguidas por la inmigración (4,35).
La política hacia Cuba aparece en cuarto lugar (4,18), una mejora respecto a 2024, cuando ocupaba el sexto, y en 2018, cuando era el último de diez factores a la hora de votar. Solo entre los mayores de 76 años y los no ciudadanos sube al tercer puesto.
Lazos que no se cortan
El 71 % tiene familiares cercanos en Cuba, una proporción que crece con cada ola migratoria: 63 % entre quienes salieron antes de 1995, 82 % entre los llegados entre 1995 y 2020 y 92 % entre los que arribaron después de 2020.
El 60 % envió alimentos u otros productos a la isla en el último año y el 45 % manda remesas.
El 70 % no volvería a vivir en Cuba aunque mejorara la economía, y el 63 % tampoco lo haría si el país cambiara políticamente.
Los recién llegados encarnan la paradoja con más intensidad. Son quienes más ayudan a sus familias y quienes más rechazan las deportaciones, pero también quienes más respaldan el bloqueo petrolero (78 %) y la máxima presión (92 %).
Grenier lo había anticipado en “La marcha de los miles” (2023): los nuevos migrantes llegan con un resentimiento extendido hacia el Gobierno cubano y se incorporan a una cultura política que lo traduce en aislacionismo y lealtad republicana.
La historia no se repite, pero rima
Hace cinco años, Grenier tomó prestada una frase atribuida a Mark Twain para describir la opinión cubanoamericana: la historia no se repite, pero rima.
La encuesta de 2026 confirma su tesis central: el liderazgo de Washington moldea la opinión de Miami. Con una Casa Blanca que promete presión máxima, la comunidad la respalda; con una isla a oscuras y sin combustible, la misma comunidad pide medicinas, comida y ayuda para los privados.
¿Qué ocurre cuando el garrote golpea a la misma familia del cubanoamericano que sigue ayudando a los suyos desde la otra orilla? La comunidad cubanoamericana está partida en dos sobre si ese sufrimiento es un precio aceptable.
La Encuesta FIU retrata a los adultos de origen cubano de Miami-Dade, no a todos los cubanoamericanos de Estados Unidos, y mucho menos a los cubanos de la isla.
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