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Una habitación, luz tenue, una mesa con un lienzo en blanco a modo de mantel. En un costado, un grupo de pinturas y pinceles para elegir. Shanaya Herrera pide al grupo que ha entrado al cuarto que le cuenten cómo se sienten, cómo ha ido su semana.
La música comienza suave mientras la artista visual invita al público a colocarse alrededor de la mesa, les pide cerrar los ojos, respirar, conectar, pensar en aquello que les hace feliz. Luego los invita a elegir un color, tomar un pincel y poner esas emociones, eso que los hace felices, sobre el pedazo de lienzo que a ojo les corresponde en la mesa.
Lo que transcurre a continuación es tan diverso como las propias emociones humanas. Las imágenes que van naciendo de las manos de los participantes no tienen ninguna pretensión artística, pero el gran collage de dibujos diversos que queda en la mesa es pura simbología, muchos discursos para construir uno común.
Shanaya nos dice que siempre le sorprende “cómo la gente tiene cosas para dibujar y para soltar”, y por eso ha decidido que esta experiencia inmersiva que nombra “Horizonte eventual” constituya su participación en el décimo Salón de Arte Contemporáneo que comenzó en La Habana el pasado 30 de octubre y sesionará hasta febrero de 2027.

“Se deben hacer más cosas así para que las personas aprendan cómo conectar las emociones del día, cómo sanar esas heridas que se van creando a lo largo de la semana, cómo ponerles una curita mediante el arte”, dice Christian Isaac al terminar la experiencia.
Para Mariela Among fue retador y lo que más le llamó la atención fue que todos relacionaron sus dibujos a la naturaleza, como ella misma, que eligió pintar el mar haciendo honor a su natal Cojímar, donde se vive desde “su olor, su sonido, el límite que representa en nuestras vidas y al mismo tiempo la oportunidad”.
Abel Hernández salió de la sesión considerándola genial. “Hoy en día, además de tantos problemas y la vida tan atareada que mucha gente lleva, tener un momentico de explotar tus dotes artísticas y de reflexionar sobre tu vida, sobre las cosas que tienes y lo afortunado que eres de vivir, es una muy buena experiencia para cualquier persona”.
Pero esta no es solo una obra de arte, o no del todo. Shanaya presenta esta vez su proyecto en uno de los eventos más importantes de las artes visuales en Cuba, pero realmente busca otorgarle más valor dentro del espacio artístico a la arteterapia, cuyo conocimiento en el país está esencialmente desde lo clínico.
“Es una experiencia que va más allá del simple hecho de una obra que tú puedas mirar o [con la que] interactuar. Es completamente una experiencia sensitiva, introspectiva, que pone todos los sentidos a flor de piel y que también se vuelve de alguna manera algo sinestésico”, explica la artista.
El arte como sanación
El vínculo de Shanaya con la arteterapia surgió como un método de salvación inconsciente al que se aferró para, con la ingenuidad de la adolescencia, sortear los desafíos de esa etapa de la vida y de su propia realidad familiar compleja.
“Mi mamá tiene la enfermedad de esquizofrenia y en muchas ocasiones que ella tenía una crisis o había un conflicto, la fotografía se volvió una vía de escape. Yo empecé a tomarme autorretratos en el cuarto sin ni siquiera saber lo que estaba haciendo”, relata.
Aferrada a esta práctica de una manera “algo compulsiva”, se sostuvo en los años de la pandemia de la COVID-19 y enfrentó sus propios complejos físicos, sintiéndolo como ese camino para desahogarse y hablar de lo que le estaba pasando.

“Cuando yo empiezo a estudiar artes en el ISA (Instituto Superior de Arte), me di cuenta de que existía un término para lo que yo estaba haciendo, que es precisamente la fototerapia. Es utilizar la fotografía para canalizar tus emociones, para contar tu historia, para hablar de ti, de quién eres y conectar con otras personas”, nos cuenta.
Así entendió que lo que hacía por intuición era un proceso reconocido y dedicó a ello su tesis de graduación; luego incorporó la práctica no solo como proceso de expresión propia, sino como mecanismo sanador para la enfermedad de su madre.
“Ella siempre me dice que la calma, por ejemplo, de las voces que puede tener en la cabeza o los tormentos, la enajena completamente de eso. Y a mí me hizo un clic, porque si esto está pasando con mi mamá, que además tiene una enfermedad bastante severa en su caso, con trastornos asociados, quizá puede ayudar a otras personas”.
Shanaya comenzó a acercarse a distintos centros y ha logrado realizar experiencias de este tipo en espacios como la sala de psiquiatría del hospital Hermanos Amejeiras y centros de diverso tipo, para públicos como adolescentes o adultos mayores.
La artista pretende incluir más la arteterapia en el país, pero no solo como herramienta clínica para pacientes con algún tipo de trastorno mental, sino como un espacio sanador y útil para todos.
“Me estoy dando cuenta de que el arte que estoy haciendo ya trasciende el mero hecho de la práctica fotográfica o de invitar a que otras personas lo hagan también, sino que se está volviendo una vía realmente útil para ayudar a otras personas”.
Un huequito en el arte
Shanaya Herrera se enfoca hoy en mirar la arteterapia más desde el punto de vista artístico que médico, que es realmente donde más se encuentran implantados su reconocimiento y sus resultados.
“En la investigación de la arteterapia, empiezo a llevarlo a los contextos más de galería, más artísticos, porque me doy cuenta de que en Cuba hay como un huequito y es que se conoce la arteterapia desde el punto de vista clínico y médico, pero no desde el lado artístico. Y que sobre todo la gente lo asocia a que lo necesitan quienes tienen problemas de salud. Es un error, porque en arteterapia podemos hacer todo, y hoy lo acabamos de ver”, nos explica justo luego de terminar su sesión con el tercer grupo en la primera mañana de emplazamiento de “Horizonte eventual”.

La artista considera que incluirla como una experiencia sensorial en espacios como el Salón de Arte Contemporáneo permite que todo tipo de personas la experimenten y que convivan allí.
La experiencia ha sido construida igualmente con asesoría médica, porque “también tiene líneas que no se pueden cruzar; hay que tener mucho cuidado con hasta qué punto se lleva a la práctica y se trabaja con las personas”.
La inclusión de elementos como la experiencia sonora, luminosa y aromática se une a lo pictórico y al conocimiento para guiar el proceso, convirtiéndolo en toda una situación inmersiva que busca poner los sentidos a trabajar.
“Vivimos en la cotidianidad agitados, corriendo, tensos, estresados por el tema de la corriente, el transporte, el agua, la alimentación, o todo lo que vivimos en Cuba, que es un contexto muy complejo y es una crisis real en la que estamos. Entonces no sacamos un tiempo para nosotros. Este espacio es eso, un tiempo para la gente”, explica sobre la importancia de la arteterapia en el contexto actual de la isla.
Shanaya aspira a continuar sus estudios en países como España, México o Brasil, donde hay más conocimiento del tema, y luego, con toda esa formación y herramientas, venir a Cuba y continuar desarrollándola. “Me gustaría que en algún momento esta experiencia se pueda convertir en un centro donde las personas puedan ir a vivirla”.











