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Los turistas se han esfumado de La Habana. En realidad, lo han hecho de toda Cuba, ahuyentados por el agravamiento de la crisis y la presión incrementada de Washington sobre la isla, pero en la capital el impacto es particularmente funesto y visible en su cotidianidad.
El centro histórico, que años atrás lucía desbordado de visitantes, con negocios, restaurantes y otros puestos de venta siempre abiertos y haciendo “su agosto”, se ve hoy desolado, vacío, silencioso. Sus calles y parques son ahora apenas transitados por los propios habaneros en su “lucha diaria”, mientras —si acaso— algún turista extraviado aparece en la ecuación.


Las cifras oficiales son más que elocuentes. Hasta el cierre de agosto, Cuba apenas había recibido poco más de 450 mil visitantes internacionales. Se trata de un dato contundente, demoledor. La caída, respecto a un 2025 ya bastante negativo para el sector, es por ahora del 64,4 %.
Con el paso de los meses, el retroceso no ha hecho más que acentuarse. Al cierre de marzo, aunque ya muy significativo, era de “solo” un 48 %, y tras el primer semestre, si bien pasaba del 60 %, era todavía menor al registrado en agosto. Al ritmo actual, el 2026 podría quedar lejos del millón de visitantes, algo que no ha ocurrido en los últimos 30 años sin contar la pandemia.

El Paseo del Prado de La Habana, prácticamente sin personas. Foto: Otmaro Rodríguez.

Tras la COVID, las carencias e interminables apagones en la isla, junto a otras secuelas de la crisis, catalizaron la retirada de los turistas. La caída había sido progresiva en los últimos años, pero aceleró en 2026 con las sanciones y el bloqueo petrolero de EE.UU. que han recortado significativamente los vuelos a Cuba y provocaron la estampida de las hoteleras internacionales.
Así, las calles habaneras —como las de otras ciudades y sitios turísticos del país— se han quedado huérfanas de visitantes. Ni siquiera sitios como la Plaza Vieja, la calle Obispo o la Bodeguita del Medio, siempre llenos en otros tiempos, exhiben hoy una mejor cara. Mientras, los negocios y personas que dependían del turismo sienten como nadie el terrible impacto de ese vacío.
A esa Habana de plazas silenciosas y hoteles sin clientes, de calles desiertas y lugares cerrados, nos acerca este domingo a través de su lente el fotorreportero Otmaro Rodríguez.































