|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La gasolina ha vuelto a las calles de La Habana. No es que se hubiera ido del todo, porque siempre ha aparecido de una forma u otra, pero luego de meses de fuerte escasez —y precios más altos—, en las últimas semanas ha comenzado a ser más visible, lo mismo en el tráfico que en las ventas.
El cambio no responde a ningún misterio. Está relacionado directamente con las compras privadas de combustible en EE.UU. La luz verde a este paso por parte de ambos gobiernos ha supuesto un escenario impensable poco tiempo atrás, si bien el agravamiento de la crisis por las medidas de Washington —entre ellas, el cerco petrolero a las importaciones estatales— no sea el panorama más propicio.


Las cuentas son claras. Entre enero y junio llegó a Cuba 75 veces más combustible desde territorio estadounidense que en los 24 años anteriores. Para julio, las compras cubanas en EE.UU. este año de diésel, gasolina y otros derivados acumulaban 156,9 millones de dólares; de ellos, 61,1 millones solo ese mes, de acuerdo con datos del U.S. Census Bureau analizados por OnCuba.
La mayor disponibilidad en la isla ha ampliado las formas de comercialización. Parte del combustible que importan los privados se vende en las gasolineras alquiladas por el Gobierno a mipymes y otras vías autorizadas, mientras otra porción termina en un mercado informal que se hace visible en redes y hasta en las calles y las viviendas particulares.


En este contexto, en La Habana el precio de la gasolina que se consigue fuera de las vías estatales ha disminuido desde los niveles extremos registrados durante los peores meses de escasez. El litro, que llegó a superar los 4 mil pesos en la capital —e, incluso, alcanzó un precio bastante mayor en otras provincias—, se mueve ahora alrededor de los 2 mil y hasta un poco menos.
Sin embargo, el abaratamiento del combustible no ha llegado al pasajero. Las tarifas del transporte privado continúan por las nubes y, lejos de bajar, han seguido subiendo, espoleadas al parecer por el conjunto de la crisis. Viajar desde el centro de La Habana hacia otros municipios y zonas de la ciudad supera ya los mil pesos y puede sobrepasar los 1500, algo insostenible para la mayoría.


Con septiembre ya en su recta final, el tráfico habanero ha ganado en actividad. La ciudad muestra hoy una combinación heterogénea de medios: taxis y otros autos particulares, motos y triciclos eléctricos —una alternativa más barata que también ha elevado sus precios—, ómnibus que han vuelto a funcionar en determinados horarios y hasta las célebres lanchitas de Regla y Casablanca.
Así nos lo descubre el fotorreportero Otmaro Rodríguez en un nuevo flashazo sobre la realidad cubana —y habanera en particular— con la crisis como telón de fondo. Una realidad en la que la gasolina vuelve a encontrarse con mayor facilidad, y hasta se anuncia en carteles improvisados en plena calle, y en la que precios, necesidades y transporte siguen estrechamente ligados.













Personas hacen cola para subir a un ómnibus en La Habana. Foto: Otmaro Rodríguez.















