Un nuevo frente frío ha hecho ponerse nuevamente los abrigos a los cubanos. El frente, llegado este lunes a la isla, ha traído un descenso de las temperaturas, al menos en la mitad occidental, y sus efectos se mantendrán en los próximos días, de acuerdo con los especialistas.
Por demás, una masa de aire ártico debe aproximarse al país el fin de semana, lo que extenderá el clima invernal hasta el comienzo de febrero.
De hecho, los expertos advierten que con la llegada de ese cercano evento meteorológico podrían registrarse las temperaturas más bajas de la actual temporada, “muy por debajo del promedio histórico” para esta etapa del año.


El frío en las calles y en el ambiente que se percibe por estos días en La Habana contrasta con la “calentura” de los precios de los alimentos y otros productos que se venden tanto en kioscos, carretillas y tarimas, como a través de las redes y otras plataformas digitales.
No es, ciertamente, un “calor” inédito ni inusitado, sino la consecuencia de la prolongada crisis económica que sufre Cuba, agravada —por demás— en el último año y ante la que el Gobierno sigue sin dar con soluciones o al menos paliativos eficaces para la mayoría de los cubanos.
El endurecimiento de las presiones desde Estados Unidos y los efectos del ataque estadounidense a Venezuela, elevan aún más la incertidumbre sobre la ya precaria economía cubana.


El escenario de inflación y carencias no es privativo de la capital, pero tiene en ella uno de sus más nítidos espejos. Basta dar una ojeada a mercados y ferias, puestos ambulantes o establecimientos privados, para verificar el calado de una situación que exprime al máximo el alma y los bolsillos.
Una libra de arroz a 300 pesos, la de azúcar a 270, un kilo de frijoles a 800, una libra de tomate hasta 200, la de malanga por encima de 200 y la de papa a 500, son algunos de los precios encontrados esta semana en las calles de La Habana por el fotorreportero Otmaro Rodríguez.
Ello, por no hablar de una libra de cerdo o un pomo de aceite, que pueden llegar a sobrepasar los mil pesos. O de los medicamentos u otros productos que solo se encuentran en el mercado negro.


Los precios, incluidos los estatales, son la vitrina de una crisis de la que por el momento no se avizora el final. Una que golpea a la gran mayoría de la población y se ensaña particularmente con las familias de bajos recursos, las madres solteras y las personas de la tercera edad.
Así terminó el 2025 y así ha comenzado también el 2026, con los interminables apagones oscureciendo aún más la cotidianidad y con el agravante de lo sucedido en Venezuela y la retórica agresiva de la Administración Trump, que amenaza incluso con un bloqueo petrolero.
En estas circunstancias llega el frente frío y vuelven a verse los suéteres y abrigos en las calles. Y muchos lo agradecen, aunque las bajas temperaturas no alcancen a “enfriar” la carestía de la vida.

























