|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La Administración Trump está preparando un acuerdo económico con Cuba que podría anunciarse en las próximas semanas, según reveló este domingo USA Today citando a dos fuentes con conocimiento directo de los planes.
La información fue confirmada de forma independiente por Bloomberg y recogida por medios de todo el hemisferio, sacudiendo el panorama de las relaciones bilaterales en un momento en que Cuba atraviesa su peor crisis energética en décadas.
USA Today describe la estrategia de Washington con un término provocador: “Cubastroika”. La analogía con la perestroika soviética apunta a una transformación sistémica inducida desde el exterior mediante presión energética combinada con aperturas económicas selectivas.
Los contornos del posible acuerdo
Los detalles precisos del acuerdo y su calendario siguen sin confirmarse. Según el diario estadounidense, las conversaciones habrían incluido una salida negociada para el presidente Miguel Díaz-Canel, garantías para la permanencia de la familia Castro en la isla, y acuerdos en los sectores de puertos, energía y turismo.
También se habría discutido una relajación de las sanciones y una ampliación de la capacidad de los ciudadanos estadounidenses para viajar a Cuba —medidas que el presidente Trump podría adoptar sin necesidad de aprobación del Congreso.
Foreign Policy señala, según recogen varios medios en su cobertura del tema, que Cuba posee reservas significativas de níquel y cobalto que resultarían atractivas para la administración Trump, dada su prioridad de asegurar el acceso a minerales estratégicos. Esa dimensión podría constituir uno de los activos que La Habana ponga sobre la mesa.
El propio Trump había anticipado el tono de estas conversaciones el sábado durante la cumbre Escudo de las Américas, celebrada en su resort Trump National Doral. “Quieren negociar. Y están negociando con Marco y conmigo, y con algunos otros. Creo que un acuerdo con Cuba se podría lograr muy fácilmente”, afirmó. Y remató con una broma: “Se tomará una hora libre y luego terminará un acuerdo sobre Cuba”, refiriéndose a Rubio.
El canal Rubio-“El Cangrejo”
La revelación más significativa de la cobertura tiene que ver con los canales utilizados. Según Axios, confirmado por el Miami Herald, el secretario de Estado Marco Rubio ha mantenido conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de 41 años de Raúl Castro, conocido como “El Cangrejo”, eludiendo los canales oficiales de Díaz-Canel.
Los encuentros más recientes tuvieron lugar al margen de la cumbre de CARICOM celebrada en San Cristóbal y Nieves. Un diplomático caribeño con conocimiento de las conversaciones reveló al Miami Herald que Rubio les dejó claro en privado que “las conversaciones con el gobierno cubano estaban muy avanzadas” y les pidió que no dieran “falsas esperanzas a Cuba”, porque Washington estaba “muy cerca de lograr que los cubanos cambiaran su sistema”.
Un alto funcionario de la Administración fue explícito sobre el objetivo político de fondo ante Axios: “La posición del gobierno de EE.UU. es que el régimen tiene que irse”. Las mismas fuentes calificaron el cambio de régimen como un evento “100 % probable en 2026”.
La presión energética como instrumento
Este esquema negociador se inscribe en una estrategia de presión máxima cuyo principal instrumento ha sido el combustible. La cadena de eventos se aceleró tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, que cortó el suministro de más de 26 mil barriles diarios de petróleo venezolano a Cuba.
El 29 de enero, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380, declarando una emergencia nacional bajo la IEEPA y amenazando con aranceles a cualquier país que suministre crudo a la isla. México, el segundo proveedor, suspendió sus envíos en enero.
El 25 de febrero, la Administración adoptó una medida que USA Today describe como significativa: la OFAC publicó la FAQ 1238, abriendo una vía legal para que productos petroleros se vendan directamente a empresas privadas cubanas, eludiendo al Estado.
La idea es fortalecer al sector privado independiente y convertirlo en palanca de cambio interno. Sin embargo, días después Washington prohibió el uso de bancos cubanos en esas transacciones, complicando la logística de la apertura selectiva. El propio Rubio había aclarado que el beneficio iría a un “muy pequeño” sector privado, no al Gobierno ni a GAESA.
El impacto del cerco energético es visible: este sábado los apagones afectaron al 63 % del país, con un déficit de 2046 MW frente a una demanda de 3050 MW.
La respuesta cubana: ni sí ni no
La postura oficial de La Habana oscila entre la retórica antiimperialista y el reconocimiento tácito de contactos. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, eligió la ambigüedad: “Hemos intercambiado mensajes, tenemos embajadas, hemos tenido comunicaciones, pero no podemos decir que hemos tenido una mesa de diálogo”. La televisión estatal cubana calificó las afirmaciones de Trump de “cuentos” promovidos por Rubio.
Al mismo tiempo, el presidente Díaz-Canel calificó la cumbre Escudo de las Américas como “reaccionaria y neocolonial” y denunció que buscaba imponer “mayor subordinación” de los países latinoamericanos a Washington. Esa retórica choca con la imagen de un gobierno dispuesto a negociar que proyectan las fuentes citadas por USA Today.
La tensión interna en el bando estadounidense también es notable: congresistas cubanoamericanos como Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar han presionado al Departamento de Justicia para que explore cargos penales contra funcionarios cubanos, incluyendo a Raúl Castro por el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, movimiento que complica cualquier salida negociada.
El obstáculo Helms-Burton
Cualquier acuerdo tropieza con un muro legal. Las condiciones para levantar el embargo establecidas en la Ley Helms-Burton de 1996 incluyen la salida del poder de todos los miembros de la familia Castro, la liberación de presos políticos, la restauración de las libertades de asociación y expresión, y la celebración de elecciones multipartidistas.
Rubio reconoció ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que “el embargo está codificado en la ley y exige un cambio de régimen para que podamos levantarlo.”
La comunidad cubanoamericana, políticamente influyente y mayoritariamente republicana, también tiene mucho que decir. Y a diferencia de Venezuela, Cuba no cuenta con vastas reservas petroleras que ofrezcan una ganancia económica inmediata para Estados Unidos en caso de un cambio de gobierno.
Trump reconoció este mismo sábado que la operación militar contra Irán —que él mismo describió como su prioridad inmediata— aplaza el foco sobre Cuba. Pero la frase con la que cerró sus comentarios sobre la isla en Doral resume la lógica de su apuesta: “Cuba está lista, después de 50 años.”










