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Donald Trump descartó que su Administración tenga intención de llevar a cabo operaciones militares contra Cuba, al tiempo que el Senado de Estados Unidos se convirtió en nuevo escenario de la controversia: legisladores demócratas presentaron una resolución de poderes de guerra, orientada a impedir cualquier acción armada contra la isla sin autorización del Congreso.
En una breve llamada telefónica concedida al Washington Examiner, Trump respondió con un escueto “eso no va a pasar” cuando se le preguntó si una operación militar en Cuba podría desencadenar conflictos con cárteles de la droga u otros actores antiestadounidenses en América Latina.
Trump había insinuado públicamente la posibilidad de una “toma amistosa” de la isla, y aliados suyos como el senador Lindsey Graham habían afirmado en Fox News que “Irán está cayendo, y Cuba será la siguiente”.
En la misma conversación, el mandatario reconoció que no tiene idea de si la campaña militar contra Irán, que cumple dos semanas, le valdrá el Premio Nobel de la Paz que durante meses ha reclamado. Consultado sobre el galardón, afirmó que ya no está interesado en él.
La declaración llega en un momento de particular sensibilidad, pues el Pentágono investiga un ataque con misiles Tomahawk contra una escuela primaria en la ciudad iraní de Minab que causó la muerte de aproximadamente 175 niñas el 28 de febrero, primer día del conflicto.
El Senado demócrata intenta detenerlo
Mientras Trump minimiza el escenario bélico en Cuba, en el Capitolio los senadores demócratas Tim Kaine, Ruben Gallego y Adam Schiff presentaron una resolución que obligaría al presidente a retirar a las fuerzas armadas de cualquier hostilidad con la isla. La medida, encuadrada en la War Powers Resolution de 1973, podría someterse a votación antes de que concluya marzo, según reportó la agencia Associated Press.
Los demócratas han recurrido repetidamente a este instrumento legal para forzar debates sobre el uso de la fuerza militar por parte de la Administración Trump, sin haber logrado hasta ahora aprobar ninguna resolución similar. Los republicanos han respaldado en su mayoría al presidente.
Sin embargo, la táctica ha servido en más de una ocasión para obligar a la Casa Blanca a explicar sus objetivos ante el Congreso, como lo demostró el caso de Venezuela en enero pasado, cuando una resolución análoga fue aprobada con el apoyo de cinco republicanos disidentes.
El propio Marco Rubio había declarado ante el Senado, a comienzos de año, que a la Administración le “encantaría” un cambio de régimen en Cuba, aunque advirtió que eso no significaba que Washington fuera a “provocarlo directamente”.
La distinción entre el deseo político y el instrumento para alcanzarlo está en el centro del debate constitucional que ahora plantean los demócratas.
Entre la presión y la negociación
Las señales de Trump sobre Cuba han oscilado en las últimas semanas entre la amenaza y la apertura táctica. El 9 de marzo, durante una rueda de prensa en el Trump National Doral Miami, el presidente señaló que una eventual toma de control de la isla podría ser “amistosa” o no serlo, y que en cualquier caso Cuba está “hecha polvo”, sin energía ni dinero.
Días antes, en la Cumbre Escudo de las Américas celebrada en Miami, había asegurado a una docena de presidentes regionales que se haría cargo de la isla.
Esa retórica convive, no obstante, con reportes de canales diplomáticos activos que hoy han sido confirmados por La Habana también.
La estrategia de estrangulamiento energético que Washington ha aplicado desde enero: ningún petrolero ha llegado a Cuba desde el 9 de ese mes, y la crisis de los apagones se agravó tras el corte del suministro venezolano.
La única apertura reciente fue la autorización de OFAC para que compañías energéticas estadounidenses vendan combustible directamente a empresas privadas cubanas, una medida que el Departamento del Tesoro anunció el 25 de febrero.
El contexto en que Trump pronuncia su descarte de la acción armada es, por tanto, ambiguo: la presión máxima continúa, las negociaciones se reportan activas y la resolución senatorial demócrata difícilmente prosperará en una cámara de mayoría republicana.
Todo indica que la Administración Trump prefiere que Cuba “caiga” por su propio peso antes que asumir los costos de un conflicto armado contra la isla.












