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“El cuartico está igualito”. Así responde la chica que está detrás del mostrador de una de las bodeguitas privadas de La Víbora, señalando hacia la pizarra. Lo ha dicho con media sonrisa, respaldada por un ademán de picardía y no asociando —“no sé a quién te refieres”— el bolero del boricua Mundito Medina, que a fines de los 40 viralizó el cantante cubano Panchito Riset. Su lenguaje extraverbal responde a la actualidad política y no a una melancolía de victrola.
“Hasta ahora nada ha subido… o casi nada”, agrega sobre los precios de los productos que vende al menudeo. De momento, los pastelitos de guayaba que son la locura hormonal de muchos en el barrio, se mantienen a 100 CUP.
Aunque a las mipymes de alimentos todavía no ha llegado un tsunami alcista, como ya ha ocurrido en el sector del transporte privado, luego del bloqueo petrolero decretado por la Administración Trump el pasado 2 de febrero, algunos artículos han comenzado a trepar con pies de gato.
En otra bodeguita cercana, seis panecillos, cuyo tamaño liliputiense recuerda los bocaditos de las fiestas de cumpleaños, ya “se dieron su brinquito”. De ayer a 200 CUP a 210 CUP hoy; en tanto un kilogramo de leche entera pasó de 2300 CUP a 2500 CUP y un “pepino” de cola, al igual que sus colegas de limón y naranja, salió de su casilla de 700 CUP para “refugiarse” en la de 780 CUP.
“No se me quejen y compren ahora, que la cosa viene más feeeaaa que nunca”, advierte, también regalando una sonrisa, la vendedora del lugar, apoltronada en un acondicionado carport que techaron con una gigantografía alusiva al 7mo Congreso del Partido Comunista.
El evento tuvo lugar en abril de 2016, en pleno “deshielo” con Estados Unidos, para concebir un modelo económico apalancado por una zigzagueante reforma que luego naufragó definitivamente en 2021 con la llamada Tarea Ordenamiento.
En la barriada, varios timbiriches cocinan pizzas. Las simples, queso y harina y un rocío tomatero, movieron el péndulo de 180 CUP a 200 CUP, y en un abrir y cerrar de ojos los agregos se han convertido en productos no aptos para cardíacos. La pizza familiar ya arribó a la barrera de los 1000 CUP. “Casi no salen”, deslizó un parroquiano frente al negocio.

El tentempié nacional
Pero lo que más desestructura psicológica y económicamente a las familias es el desmantelamiento del plato nacional: el arroz con frijoles. Cuesta arriba, ambos productos han ido de la mano en la pasarela inflacionaria de año en año.
En el abarrote más popular de la comunidad, el cereal de importación a granel “hasta hace poco estaba en 260, luego subió a 280 y ahora lo pusieron a 300”, comenta una espigada anciana en la breve cola de la bodega para “coger la libra de donación china” y las “dos libritas de enero”.
Ella explica la escalada hacia arriba del dólar. Efecto rebote. “Cada vez que sube, pues sube todo también”, dice con aire doctrinal.

Mercaderes fuera del templo
En Canaán, un agro improvisado en el antiguo jardín (ahora una explanada de tierra baldía, con apisonadas losas de cemento), de una regia casa de los años 40, uno de los dueños se alinea con el criterio sobre la rectoría mandona del dólar.
“Los precios suben no tanto por las carencias de combustibles, sino por el dólar, que está a 500 pesos”, explica este joven evangélico, cuya tablilla muestra una libra de frijoles negros a 400 pesos y una cantidad similar de malanga a 260 pesos, ejemplos contundentes de las ciegas leyes del mercado.

Sin embargo, reconoce que el cerco petrolero de Trump ha puesto “el combustible por las nubes”. Los productos que vende Canaán son traídos desde la provincia de Mayabeque, donde el litro de petróleo ha rechinado la aguja financiera de 400 pesos a 1200 pesos en la actualidad.
“Tendrán que multiplicar el milagro del vino”, suelto, pensando en el petróleo y aludiendo al nombre del negocio. “Eso pasó en la Biblia, pero no pasará en Cuba”, responde, “donde somos impíos”, sentencia con cara de pocos amigos.

La malanga y un puesto de viandas
En otra de las placitas de la comunidad, la malanga languidece. Son rastrojos. “Esa es toda la que queda”, aclaró el puestero a una cliente que, desconsolada, intentaba separar “alguna que valga la pena y que no se quede en nada cuando la pelas”.
A diferencia del magro tubérculo, el agro mostraba zanahorias; remolachas; coles; guayabas y plátanos macho, todos espléndidos y frescos, además de unas calabazas de postal turística. “Todo eso lo dejó un carro loco que andaba por ahí está mañanita”, contó el vendedor, un joven campesino venido de Campechuela. Calza botas de agua de caña alta y gusta de la salsa romántica, aunque de vez en cuando tira su pasillo con la música urbana más rancia de empaque criollo.
“No pude hacerle suin a la malanga, porque la estaba tirando en 250, y a cómo entonces la iba a poner yo en la tarima, a 300? ¿Quién me la va a comprar?”, comentó sobre la insolvencia del producto, otro de los fetiches de la cocina vernácula que no deja de escalar y por la que muchos han optado por mirar para otro lado en busca de alternativas.
El pasado viernes, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), publicó su informe interanual de inflación en enero de 2026 en el mercado formal.
La división de alimentos y bebidas no alcohólicas —la de mayor peso en el presupuesto familiar— mostró una variación mensual con respecto a diciembre de 0.65 %, pero su efecto en el índice alcanzó 44.32, el más elevado del período.
Los productos que más incidieron en este resultado fueron el queso blanco (8.32 % de variación y efecto de 7.15), la carne de cerdo (0.37 % de variación y efecto de 6.93) y los huevos de gallina (variación negativa de 2.04 %, pero con un efecto de 3.37). También destacaron el arroz (‑0.66 % y efecto 3.08) y la papa (6.75 % y efecto 2.58).
Inflación oficial desciende en Cuba en medio de histórico desplome del peso
Sobremesa sin café con un dueño de mipyme
Los precios que ves aquí vienen de un dólar pagado a 490 pesos. Es por eso que no ves todavía ninguna subida.
Qué disciplinado eres…
A ver, hermano, de lo que yo tengo, muchas cosas se mantienen al precio en que lo compré. No lo puedo subir porque igual yo le gano. El objetivo es venderlo. Si lo subo más, la gente no va a querer comprarlo. El objetivo es que el inventario se mueva. Pero si tú compras una cosa y la dejas en lento movimiento, ¿para qué la compraste entonces?
Tiene toda la lógica del mundo. He visto por ahí precios disparados de ahoritapaluego y me pregunto quién va a comprar eso.
El problema de eso es que ellos ya te están vendiendo la mercancía que sacaron ahora. Al que compra de buchito en buchito le pasa eso. Por eso yo compro, te pongo el ejemplo, cuatro, cinco packs de espaguetis. ¿Me entiendes? Entonces, puedo mantener el precio estable hasta que lo venda todo. Ese es el objetivo: vender, que el mercado se mueva.

Ahora mismo la cerveza está carísima.
Cyrano (cierto). Cuando tú la compras y le sumas el 30 % se pone pesá. La cerveza por cantidad te la venden ahora mismo en 225 CUP. Entonces yo acá le sumo el 30 % y se me monta en 290 CUP, pero así nadie, o muy pocos, me la van a comprar. Por tanto, la dejo en 260 CUP y pierdo 30 pesos, pero todavía así gano vendiéndola y no que se mosquee en las neveras. Aparte, no me puedo pasar del 30 % de ganancia, que es el tope autorizado por el municipio. Hay municipios que lo tienen a 50 %, pero este no, y hay que respetar eso.
¿Ya lograste la fidelización de los clientes?
No lo tenemos todavía. Pero más adelante me gustaría lograr eso. Tener una clientela fiel, que te conozca, que sepa de tu seriedad, que no eres un apretador…
¿Y das créditos a tus mejores compradores?
Al inicio que empecé en este negocio di algunos, pero casi todos me fallaron. Se perdían y no me pagaban. Pero tengo dos o tres clientes que nunca fallan y por eso les fío lo que me pidan: dos, tres cajas de cerveza, un tubo de jamón, botellas de ron… lo que me pidan. Pero ya te digo, la mayoría no son fieles, ni tienen palabra. Y entonces evito eso. Ya sabes como dice el refrán: “Si fío, el dólar no es mío” y yo necesito el dinero para volver a invertir, comprar y vender, y completar el ciclo de la mercancía.

Bueno, y ahora con el cerco de Trump, que puso un tapón al petróleo, ¿cómo va a ser el juego? ¿Tendrás que cerrar el negocio?
No chico, las mipymes van a seguir importando. No somos el Estado. La estrategia es que ahora sean las mipymes las que traigan el combustible. Y es algo viable, pero claro, no serán supertanqueros. Tenían que haberlo hecho hace mucho tiempo. ¿Entiendes?
Entonces, ese es parte del arreglo al problemón de la falta de combustible…
Mira hermano, esa es una parte, pero aquí lo que hace falta ya es abrir por todas partes. Que la gente tenga libertad; que se sienta libre de hacer; de imaginar cosas; proyectos; sueños locos, y que el Estado se quede con lo esencial: la electricidad, la minería, parte del transporte, la salud, la educación, pero que libere las industrias, el comercio, que esto como único prospera, desde la antigüedad viene eso, es dando margen a la gente…
Eso mismo dice Rubio… Que abran la economía, que la gente se empodere…
Pero yo no creo ni en Rubio, ni en Trump, ni en ninguno de ellos. No, no. Lo de ellos es dominar el mundo. El problema somos nosotros mismos. Nadie lo va a arreglar de fuera. ¿Por qué tú crees que la gente mira hacia El Salvador, que estaba destruido, con tanta admiración y quieren un Bukele? Ese hombre levantó un paisito que estaba robado y en manos de los delincuentes, no se podía ir de un barrio a otro porque te acaballaban, y ahí no se metió Trump, ni nadie de fuera. Lo hicieron ellos mismos, contra la corrupción, contra las mafias, con libertad económica, pero controlando la plata.
¿Y entonces quieres que haya libertad económica?
Claro.
¿Y también libertad política?
También, chico, también. Si tú quieres ser comunista, ahí tienes ya un partido. Si quieres ser, que sé yo, ambientalista; ahí tienes un partido; si quieres ser religioso, pues haces otro; y así, que la gente pueda elegir sin que te metan una cañona. En principio, yo pienso que el primer problema a resolver aquí es abrir la economía. Esa es la llave, hermano.
¿Pero no tienes café La llave en tu tienda?
Lo tuve un tiempo, pero se acabó. Espero volver a tenerlo. ¡Pronto!











