Conseguir mercancías y pagar por ellas se ha convertido en uno de los principales obstáculos para los Mercados de Barrio, la alternativa que impulsa el Gobierno cubano para abaratar productos de primera necesidad.
El problema no se limita a la escasez. En muchos casos, los proveedores exigen pagos en dólares y no aceptan pesos cubanos ni transferencias bancarias, una situación que encarece y complica el abastecimiento desde el primer eslabón de la cadena comercial.
Esas dificultades fueron expuestas durante el primer Encuentro de Socialización de Experiencias con los gestores de los Mercados de Barrio, auspiciado por el Ministerio de Comercio Interior (Mincin) y organizado por la mipyme Impulso Consultora, reseñó la Agencia Cubana de Noticias (ACN).
La reunión congregó a trabajadores por cuenta propia, representantes de otras formas de gestión no estatal y funcionarios del comercio interior en varios municipios de la capital cubana como La Habana Vieja, Plaza y Marianao, entre otros.
Durante el intercambio, participantes aseguraron aplicar descuentos del 10 % a los productos importados directamente y del 5 % a los adquiridos mediante mayoristas nacionales, a pesar de los problemas existentes.
Pero, aun así, se reconoció que las mercancías continúan por encima de las posibilidades de compra de muchos trabajadores estatales y jubilados, en momentos en que el agravamiento de la crisis y la inflación achican cada vez más el bolsillo de los cubanos.
Productos “más baratos”, pero “no asequibles”: los retos de los mercados de barrio en Cuba
Incentivos que no llegan a los proveedores
El modelo de los Mercados de Barrio se basa en incorporar gestores privados y otras formas de gestión no estatal a establecimientos que siguen siendo propiedad del Estado, con incentivos fiscales destinados a reducir los costos y permitir rebajas de precios.
Sin embargo, los participantes señalaron que esos beneficios no siempre funcionan como estaba previsto. Algunos proveedores desconocen las deducciones tributarias establecidas por la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), mientras otros no tienen interés en ellas.
También falta un mecanismo de certificación que permita a los suministradores demostrar que venden a un Mercado de Barrio y acceder a las ventajas fiscales correspondientes. Según el reporte de la ACN, las autoridades plantearon trabajar en una solución a partir de las experiencias expuestas durante la reunión en La Habana.
La formación de los precios también está condicionada por la dolarización de determinados costos, la escasez de proveedores y la limitada variedad de mercancías. A ello se suman los gastos logísticos asociados a la crisis energética y la necesidad de los gestores de reservar dinero para reponer los productos vendidos.
En ese escenario, reducir los márgenes comerciales tiene un límite: los negocios necesitan mantener ingresos suficientes para garantizar nuevas compras y sostener su actividad, explicaron los participantes en el encuentro.
Del incentivo a la mesa: las promesas y los límites de los Mercados de Barrio
Problemas con los cobros y el efectivo
Las dificultades no terminan cuando se vende la mercancía. Los gestores también expusieron obstáculos para gestionar los ingresos y llevar la contabilidad diaria.
De acuerdo con la reseña de la ACN, los cobros a través de Transfermóvil y su servicio de Pago en Línea no siempre se acreditan inmediatamente en las cuentas de los establecimientos. También persisten dificultades para extraer el dinero bancarizado, lo que limita la capacidad de disponer de efectivo para las operaciones cotidianas.
Los participantes reclamaron la incorporación de representantes de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), Transfermóvil y los bancos a futuros encuentros, pues varias de esas dificultades quedan fuera de las competencias del Mincin.
Entre las propuestas de las autoridades para mejorar el funcionamiento del modelo figuran diversificar los proveedores, establecer una certificación para los suministradores que permita aplicar los incentivos fiscales, coordinar acciones con los gobiernos municipales y mejorar el seguimiento de los precios locales.
El encuentro también planteó incorporar modalidades como la venta de productos preempacados y la mensajería, reforzar la atención al cliente y colocar pizarras con las mercancías disponibles y sus precios de referencia.
Según datos oficiales citados recientemente por Cubadebate, en Cuba existen ya más de 60 mercados de barrio en 12 provincias. La iniciativa forma parte de las transformaciones económicas impulsadas por el Gobierno cubano para reorganizar el comercio minorista y ampliar la participación de actores no estatales en establecimientos públicos.
No obstante, como las propias autoridades y la prensa oficial reconocen, los precios son el principal motivo de crítica por parte de la población, que no ve hasta ahora en estos establecimientos una alternativa significativamente diferente a la que ofrecen otros mercados.











