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En los nuevos mercados de barrio en Cuba hay productos que se venden a precios inferiores a los de otros segmentos del mercado, pero eso no significa que resulten baratos para quienes viven de un salario estatal o de una jubilación.
“Prefiero este lugar porque aquí hay productos menos caros, no asequibles, y hago la aclaración porque siguen estando muy por encima del bolsillo de un trabajador estatal o de un jubilado”, cuenta Ramón.
El vecino, de unos 70 años, espera por arroz, pollo, picadillo, croquetas o detergente en el mercado La Sirenita, en el municipio habanero de La Lisa. “Al menos se resuelve y uno se ahorra unos pesos”, añade.
De acuerdo con un reportaje del periódico Granma, la escena resume las posibilidades, pero también los límites, de los mercados de barrio que Cuba comenzó a extender este año.
El modelo busca aprovechar establecimientos estatales ya existentes y gestionarlos mediante actores económicos con determinados incentivos fiscales para reducir los precios de un grupo de productos considerados de primera necesidad.
El problema aparece cuando llega la hora de mantener esos productos en los estantes.
Ariel González Vega tiene arrendado el local desde 2024. Antes funcionaba como establecimiento para la venta de uniformes escolares, canastillas y artículos de ferretería. El pasado 13 de agosto lo incorporó al modelo de mercado de barrio. Su experiencia dista de ser sencilla.
“Paso trabajo para adquirir los productos”
“¿Problemas? Tengo los de todo el mundo. Paso trabajo para adquirir los productos, para resolver el efectivo y no tengo corriente la mayor parte del día en el local. Pero, aun así, creo que brindo un servicio necesario para el barrio, para mi barrio”, reconoce.
Ariel asegura que la lógica de su negocio también cambió. Obtiene menos margen por cada producto, pero intenta vender más y buscar lo que sus clientes necesitan al menor costo posible.
En ocasiones incorpora mercancías que no forman parte de la nomenclatura priorizada por el acuerdo con el Gobierno, pero que los vecinos solicitan.
El resultado es una fórmula que puede ofrecer cierto alivio a quienes consiguen comprar allí, aunque no elimina el problema de fondo: los precios continúan siendo elevados para buena parte de la población y la disponibilidad de las mercancías no está garantizada.
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Una red que intenta bajar los precios
La experiencia de La Sirenita forma parte de una red todavía pequeña. Actualmente funcionan 37 mercados de barrio en Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Matanzas, Camagüey, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.
El proyecto aprovecha parte de la infraestructura comercial existente, entre bodegas, mercados y carnicerías, especialmente establecimientos cerrados, subutilizados o con bajos niveles de actividad.
La idea es destinarlos a la venta de alimentos y productos de aseo considerados de primera necesidad.
Según el Ministerio de Comercio Interior (Mincin), la meta es que una nomenclatura seleccionada pueda comercializarse a precios minoristas alrededor de un 15 % inferiores a los existentes en otros segmentos del mercado.
Marpessa Portal de Villiers, directora general de Ventas de Mercancías del organismo, explicó a Granma que para seleccionar los establecimientos se tienen en cuenta factores como su ubicación, las condiciones de los inmuebles, la densidad poblacional y las necesidades de cada territorio.
Para intentar reducir los costos de quienes gestionan estos locales, se establecieron varios incentivos.
Entre ellos, la exoneración del 10 % correspondiente al impuesto sobre las ventas mayoristas y del 5 % sobre las ventas minoristas, además de la exoneración del pago por el arrendamiento durante un periodo de entre dos y tres años.
Estos beneficios se aplican a una lista priorizada de productos que incluye arroz, granos, azúcar, aceite, pastas alimenticias, cárnicos, pescado, huevos, lácteos, café, conservas de tomate, jabones, detergente, crema dental y desodorantes.
Los gestores pueden comercializar otras mercancías, pero estas quedan fuera de los incentivos fiscales establecidos para los productos priorizados.
Las ventas deben efectuarse en pesos cubanos y los establecimientos tienen que garantizar canales electrónicos de pago. También pueden incorporar servicios como mensajería y preempaque.
Pero reducir el precio de un producto no sirve de mucho si el producto no está.
Mercados de barrio en Cuba: el abastecimiento, el punto débil
La estabilidad de las ofertas aparece como uno de los principales desafíos reconocidos por el propio Mincin.
Desde la contratación con el actor económico que asumirá cada establecimiento, deben definirse los mecanismos de reaprovisionamiento y los productos que deberían estar disponibles diariamente.
La producción nacional de arroz, granos, cárnicos y lácteos, entre otros renglones, figura entre las fuentes previstas para abastecer la red.
También se espera contar con los mercados de abasto que comenzarán próximamente sus operaciones en varias provincias.
Las formas de gestión no estatal pueden participar tanto en el suministro de mercancías como en la administración de los establecimientos, de forma individual o asociadas con otros actores económicos.
Eso no supone, según el diseño del modelo, la transferencia de la propiedad de los inmuebles.
Los locales continúan perteneciendo a las empresas estatales, mientras los medios existentes pueden ser arrendados o vendidos al gestor, según las características y necesidades de cada establecimiento.
La experiencia inicial ya ha puesto sobre la mesa algunas dificultades.
Portal de Villiers señala que los mercados que funcionan han tenido, en sentido general, aceptación entre la población, pero también han permitido detectar problemas que deben corregirse.
Entre ellos, señalan los contratos que no recogen todos los elementos necesarios para garantizar el funcionamiento, establecimientos donde no está disponible la mayoría de los productos previstos y dificultades en la organización de las mercancías dentro de las áreas de venta.
Es decir, el incentivo fiscal puede reducir determinados costos del gestor, pero no garantiza por sí mismo el abastecimiento.
Un precio menor no necesariamente significa un precio asequible
Ese matiz resulta especialmente relevante en un contexto en el que los consumidores no parten de un nivel de ingresos suficiente para absorber con facilidad el aumento del costo de los alimentos y otros productos básicos.
El propio testimonio de Ramón introduce esa diferencia entre “más barato” y “asequible”.
El vecino reconoce que prefiere comprar en La Sirenita porque puede ahorrarse algunos pesos, pero inmediatamente aclara que los precios continúan estando “muy por encima del bolsillo de un trabajador estatal o de un jubilado”.
La diferencia puede resultar suficiente para que algunos consumidores elijan el establecimiento frente a otras alternativas, pero no necesariamente para resolver sus dificultades de compra.
Esa tensión atraviesa el proyecto: el objetivo es reducir precios sin que desaparezca la actividad comercial del gestor, pero el resultado depende de cuánto cueste adquirir las mercancías, de la posibilidad de mantenerlas disponibles y del margen que el comerciante pueda sacrificar.
Ariel asegura que ha optado precisamente por reducir ese margen y compensarlo con un mayor volumen de ventas.
Mientras tanto, los apagones añaden otra dificultad. El propio gestor explica que pasa buena parte del día sin electricidad en el local. A ello se suman los problemas para conseguir efectivo y adquirir las mercancías.
El mercado también funciona como servicio para la comunidad
La Sirenita ha desarrollado además algunas funciones que van más allá de la venta.
El establecimiento presta ayuda al comedor del Sistema de Atención a la Familia de la comunidad y facilita el pago de la jubilación a una veintena de personas.
El proyecto general también contempla la venta controlada de determinados productos a grupos diferenciados, entre ellos embarazadas, niños y adultos mayores.
Los establecimientos están sujetos, además, a controles sobre formación de precios, pesaje, inocuidad de los alimentos, procedencia de las mercancías y disponibilidad de medios electrónicos de pago. Las violaciones quedan sometidas al régimen de contravenciones vigente.
Los trabajadores que ya laboraban en los establecimientos seleccionados tienen prioridad para incorporarse al proyecto.
Si asumen directamente la gestión, deben constituirse como una forma de gestión no estatal; de no hacerlo, pueden continuar como trabajadores del establecimiento.
Una experiencia todavía en construcción
La ampliación de la red tampoco tiene por ahora un calendario único para todo el país.
La incorporación de nuevos establecimientos dependerá de que los territorios identifiquen locales que puedan integrarse al proyecto y completen los procesos de licitación y contratación con los actores económicos encargados de gestionarlos.
Por tanto, refiere el reportaje de Granma, la fórmula todavía está en una fase de prueba y corrección.
En La Coronela, el mercado de barrio puede verse desde dos lugares. Desde la perspectiva de las autoridades, es una manera de aprovechar una infraestructura comercial existente, reducir determinados costos y conseguir precios menores para una selección de productos.
Desde la perspectiva del comerciante, supone asumir dificultades de abastecimiento, apagones y problemas para operar, mientras intenta mantener un negocio que le permita vivir.
Y desde la del consumidor, significa encontrar, cuando hay mercancías, productos algo más baratos que en otros lugares, aunque todavía demasiado caros para muchos bolsillos.
Entre esas tres perspectivas está el verdadero alcance de la iniciativa, señala el diario.
La cuestión no será únicamente cuántos mercados de barrio consiga abrir Cuba, sino si pueden mantener una oferta estable y si la diferencia de precios llega a representar un alivio significativo para quienes tienen menos capacidad de compra.
Por ahora, en La Sirenita, la respuesta sigue siendo parcial: hay vecinos que regresan porque consiguen ahorrar algunos pesos, pero el propio gestor admite que mantener los productos disponibles y el establecimiento funcionando sigue siendo una tarea diaria.











