|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
La Santa Sede nombró a monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz como nuevo arzobispo de Santiago de Cuba, en sustitución de monseñor Dionisio Guillermo García Ibáñez, cuya renuncia pastoral fue aceptada por el papa, según informaron este sábado la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) y el Arzobispado santiaguero.
La decisión pone fin a una larga espera para la sucesión de uno de los prelados más influyentes de la Iglesia católica cubana de las últimas décadas y abre una nueva etapa para la principal arquidiócesis del país.
El final de una larga transición
La salida de Dionisio García se produce seis años después de haber presentado su renuncia al alcanzar los 75 años de edad, tal como establece el Derecho Canónico para los obispos. Aunque la dimisión fue formalizada en 2020, permaneció al frente de la arquidiócesis mientras la Santa Sede definía a su sucesor.
La demora había suscitado comentarios dentro y fuera de los círculos eclesiales. Diversos observadores consideraban que el relevo formaba parte de un proceso más amplio de renovación del episcopado cubano, marcado por el envejecimiento de varios titulares de diócesis y por vacantes prolongadas en algunas jurisdicciones.
La aceptación de la renuncia de García Ibáñez atiende precisamente uno de los casos más visibles de ese proceso de transición dentro de la Iglesia cubana.
“Mejorar nuestra situación como pueblo”, pedido a la Virgen del Cobre en su día
La trayectoria de un arzobispo que marcó época
Nacido en Guantánamo el 31 de enero de 1945, Dionisio García llegó al sacerdocio después de una primera vida profesional como ingeniero especializado en telecomunicaciones. Tras graduarse en 1972 y trabajar durante años en el sector telefónico estatal, ingresó en 1980 al Seminario San Basilio Magno de Santiago de Cuba y continuó su formación en el Seminario Nacional San Carlos y San Ambrosio, en La Habana.
Fue ordenado sacerdote en 1985 y desarrolló su labor pastoral en parroquias de Niquero, Campechuela y Manzanillo. También estuvo vinculado a la pastoral juvenil de la arquidiócesis santiaguera y participó en 1992 como consultor de la Conferencia Episcopal Cubana en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Santo Domingo.
En diciembre de 1995, Juan Pablo II lo nombró primer obispo de la recién creada diócesis de Bayamo-Manzanillo. Aquella responsabilidad lo convirtió en uno de los protagonistas de la reorganización eclesial en el oriente cubano tras los años más difíciles para la Iglesia.
Doce años después, en febrero de 2007, Benedicto XVI lo designó arzobispo de Santiago de Cuba para suceder a la emblemática figura de Pedro Meurice Estiú (1932-2011), una de las voces más duras de la institución católica al evaluar las realidades del país. Desde entonces, García condujo durante casi veinte años una arquidiócesis considerada el corazón histórico del catolicismo cubano, donde se halla el Santuario Nacional Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de la isla y venerada por millones de cubanos de diversas confesiones y posturas políticas.
Una voz escuchada en tiempos de crisis
Más allá de sus funciones estrictamente religiosas, Dionisio García fue una de las voces más reconocidas del episcopado nacional. Presidió la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba entre 2009 y 2017, después de desempeñarse como vicepresidente, y también estuvo al frente de Cáritas Cuba.
Durante los últimos años asumió posiciones públicas sobre la realidad social del país. En una homilía pronunciada el pasado octubre en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, describió con crudeza la situación que enfrentan numerosas familias cubanas.
“Estamos mal, no sabemos cómo salir de esto”, afirmó entonces el arzobispo al referirse a la escasez de alimentos, la falta de medicamentos, los bajos salarios, los apagones y las dificultades cotidianas de la población, así como el sufrimiento provocado por enfermedades como el dengue y el chikungunya.
El perfil del nuevo arzobispo
El sucesor elegido por el Vaticano llega a Santiago de Cuba con una sólida experiencia pastoral y una notable presencia dentro de la estructura de la Iglesia nacional.
Juan Gabriel Díaz Ruiz nació el 14 de noviembre de 1960 en Céspedes, Camagüey. Al igual que su antecesor, inició estudios universitarios en una carrera técnica, Ingeniería Civil, antes de abandonar las aulas para seguir la vocación sacerdotal.
Su formación transcurrió entre el Seminario San Basilio Magno, en Santiago de Cuba, y el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. Fue ordenado sacerdote el 5 de agosto de 1989.

A lo largo de casi cuatro décadas desarrolló responsabilidades pastorales en Morón, Florida, Esmeralda, Nuevitas, Chambas y Guáimaro, entre otras localidades. También destacó por su labor académica como profesor de Sagrada Escritura y por su formación especializada en Teología Bíblica obtenida en la Universidad Gregoriana de Roma.
Díaz Ruiz ha ocupado igualmente importantes responsabilidades dentro de la Iglesia cubana. Fue delegado del clero, responsable de programas de formación bíblica y animación catequética y administrador diocesano en Camagüey.
En julio de 2017, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciego de Ávila. Posteriormente, fue trasladado a Matanzas, diócesis que dirigía hasta este nuevo nombramiento.
Actualmente, es vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y preside la Comisión Nacional de Pastoral de Adolescentes, Jóvenes y Comunicación.
La COCC destacó que su experiencia pastoral, capacidad de acompañamiento y compromiso evangelizador constituyen aportes importantes para la vida presente y futura de la arquidiócesis santiaguera.
Renovación en la Iglesia cubana
El relevo en Santiago de Cuba tiene un significado que trasciende el ámbito local. La arquidiócesis oriental es una de las sedes más antiguas y relevantes del país, y tradicionalmente ha ejercido una notable influencia en la vida pública y religiosa nacional.
La designación de Juan Gabriel Díaz Ruiz forma parte de un proceso de renovación de la jerarquía católica cubana que deberá continuar en los próximos años, dado que varios obispos han alcanzado o superado la edad establecida para presentar su renuncia.
Mientras la Iglesia agradece el legado de Dionisio García, cuya trayectoria abarca más de tres décadas de ministerio episcopal, el nuevo arzobispo asume la responsabilidad de conducir una de las diócesis más emblemáticas de Cuba en un momento especialmente crítico para la sociedad y para la propia institución religiosa.













