La Iglesia católica de Cuba explicó este domingo el proceso de entrega de la ayuda humanitaria de EE.UU. en la isla, el cual calificó como “un trabajo muy serio” y en el que, aseguró, no han existido dificultades con las autoridades cubanas.
Monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de Cáritas Cuba, confirmó en una alocución que ya se terminó de entregar el primer paquete de ayudas, ascendente a 3 millones de dólares, y comenzó la entrega del segundo, de 6 millones, a damnificados por el huracán Melissa en el oriente del país.
Ante rumores y comentarios sobre la naturaleza de la ayuda, que reparte Cáritas, el prelado detalló que la misma no se recibió en dinero, sino en productos ya comprados por EE.UU.
“Ellos dieron 3 millones en productos que tenían ese valor. Gastaron 3 millones de dólares en ayudar a las familias, pero ellos los compraron. Nosotros hemos recibido los productos que ellos han comprado. Y esos productos se han repartido en las cuatro diócesis orientales: Guantánamo, Holguín, Bayamo-Manzanillo y Santiago”, precisó.
Más de ocho mil familias beneficiadas
En sus palabras, compartidas por Cáritas Cuba en las redes sociales, García Ibáñez reconoció que la ayuda entregada hasta ahora no es suficiente ni ha podido llegar a todos los damnificados, pero afirmó que el proceso continúa y que el trabajo realizado hasta ahora ha sido “muy serio”.
“Aquí tenemos una situación en la que hay muchas dificultades, muchas carencias, y todos quisiéramos ser beneficiarios, pero sepan que se hizo un trabajo muy serio, muy serio, buscando a las personas que más necesidad tenían”, aseveró.
El arzobispo santiaguero explicó que “la única condición que hubo” fue que los beneficiarios “fueran personas y familias perjudicadas por el ciclón Melissa”. Hasta el momento, señaló, se ha priorizado a comunidades rurales de la región oriental, como el poblado de El Cobre y “otras zonas campesinas en las que el viento se cebó, y hubo mucho daño”.
Las comunidades tuvieron que hacer un levantamiento de los afectados para seleccionar quiénes se beneficiarían, en tanto la ayuda —que asciende ya a más de 50 contenedores— ha sido repartida por Cáritas y miembros de las propias comunidades de cristianos, refirió el prelado.
Hasta el momento, dijo, “unas ocho mil y pico de familias fueron beneficiadas, que ya es bastante”.
Módulos con alimentos y artículos de primera necesidad
García Ibáñez explicó que los beneficiados reciben módulos con alimentos y artículos básicos para el hogar, preparados previamente por el Gobierno estadounidense y distribuidos por Cáritas.
“Hay un módulo que es de alimentos. Pues tiene un poco de aceite para que a la familia le dure un tiempo, tres, cuatro días, cinco días, lo que sea, es algo. Y también de arroz, frijoles”, detalló. Otro de los paquetes contiene productos de limpieza y utensilios domésticos, como cubos y recipientes para almacenar agua.
“Eso viene bien en cualquier casa y lo van a seguir recibiendo”, apuntó, en referencia a la continuación de la ayuda que actualmente se sigue repartiendo.
El arzobispo insistió en que Cáritas no ha recibido dinero estadounidense en efectivo, sino únicamente los productos adquiridos por el donante. “Cáritas no ha recibido ni un centavo de esos 3 millones ni de los 6 millones”, subrayó.
Asimismo, confirmó que el Gobierno de EE.UU. aprobó una tercera fase del programa, ascendente a 100 millones de dólares, que se extenderá a todo el país y podría beneficiar a entre 100 mil y 120 mil familias mediante la entrega de módulos similares.
“No tuvimos dificultad con el Estado cubano”
En su intervención, el presidente de Cáritas Cuba también dio a entender que no han existido obstáculos de las autoridades cubanas para la distribución de la ayuda, como han sugerido comentarios de funcionarios estadounidenses y publicaciones en las redes sociales.
“No tuvimos dificultad con el Estado cubano. No, no la tuvimos. Lo pudimos hacer”, afirmó el arzobispo, quien añadió que, para facilitar el traslado de la ayuda, en algunos momentos incluso recibieron apoyo con el suministro de combustible.
García Ibáñez destacó la exigencia del Departamento de Estado —que condicionó la ayuda a que no se distribuyera por los canales del Gobierno cubano, sino a través de la Iglesia— y aseguró que Washington “vio muy bien el trabajo y muy serio”.
En tal sentido, consideró que el proceso aún en marcha resulta “un signo bueno” porque ha permitido la colaboración entre distintos actores pese a las diferencias políticas y pudo hacerse “un trabajo en el que todos participamos”.
“Ha habido buena disposición y esperamos que esta otra parte de la ayuda se desarrolle todavía mejor que la anterior”, concluyó.











