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“La sociedad cubana me ha interesado por más de 30 años y, de hecho, aprendí fotografía aquí”. Es lo primero que me dice el fotógrafo canadiense Jean-François Bouchard, autor de la serie The New Cubans, que se exhibe desde el viernes 28 de marzo, por un mes, en la Galería Taller Gorría en La Habana Vieja.
El título de este proyecto alude directamente a la juventud, pero su contenido es más complejo.

Bouchard comenzó a trabajar esta serie en 2017, pero su proceso se detuvo durante la pandemia. Al regreso del artista a La Habana nacieron la mayoría de estas instantáneas que ahora se exhiben en Cuba, pero que tuvieron su primera parada en la galería Blouin Division de Montreal, en una muestra que terminó el 16 de noviembre pasado.
La colección está integrada por 150 fotografías recogidas en el libro de mismo nombre. Solo una selección de ellas llega a las paredes de las salas expositivas.

¿De qué hablan los nuevos cubanos?
Después de más de tres décadas caminando, fotografiando, redescubriendo y siendo testigo de procesos y cambios en la isla, Bouchard comenzó a hacerse cuestionamientos sobre el imaginario que suele prevalecer en el mundo de la fotografía alrededor de Cuba.
“Me ha interesado el pasado de Cuba desde hace mucho tiempo, pero claro que me interesa el futuro, y por eso la generación más joven. ¿Por dónde debería empezar?”, se cuestionó Bouchard sobre el porqué de esta mirada, a medio camino entre lo documental y lo ficcional.
“Los extranjeros tienen cierta visión de Cuba, pero hay más, y eso es lo que quería mostrarles, lo que la mayoría de los visitantes no llega a ver ni descubrir”, dice, mientras explica las razones que lo llevaron a adentrarse no solo en una generación específica, sino en una parte de ella, que habla de inconformidad, irreverencia, y ruptura de los patrones que han caracterizado históricamente a la sociedad cubana.

Según Jorge Peré, curador del proyecto, lo que Bouchard categoriza como “the new cubans” es “un nuevo estilo de vida, un espectro social que no es que no existiera en Cuba anteriormente, pero ha tenido auge a partir de las reivindicaciones de las identidades de las minorías; se ha hecho más visible un grupo social que estuvo de alguna manera recluido durante muchas décadas”.
Bouchard no llegó solo a las personas que conforman las historias de la serie. Contó además con la colaboración esencial de la modelo, fotógrafa y diseñadora de moda Devon Ruiz y del también fotógrafo y artistas visual cubano Osmel Azcuy. La idea era construir el discurso de cada una de estas imágenes en las que la teatralidad de su visualidad es construida, pero las vidas que ellas reflejan y los estilos de sus personajes son reales.
Para Beatriz Hernández Jiménez, productora de la exposición, estas imágenes discursan sobre “un sector de la sociedad joven, que tiene maneras de expresarse desde el punto de vista intelectual, cultural y por supuesto físico en cuanto a representación y apariencia ante la sociedad, que es bien distintivo y que además es importante para conocer las nuevas dinámicas de pensamiento, de heterodoxia en la juventud, y cómo se proyecta hacia el exterior”.

Es imposible hablar de la sociedad cubana y no mirar a las espinas que la hieren hoy: la emigración y la situación económica, con sus impactos en casi todo, y por supuesto en el pensamiento y en los modos de ver y asumir la vida que están construyendo los jóvenes hoy.
Ya decía el historiador francés Marc Bloch: “los hombres son más hijos de su tiempo que de sus padres”.
Clichés aparte
Una parte importante de lo que tiene para decir cada una de las fotografías en The New Cubans es el entorno, los elementos que componen cada escena.
Un texto en la pared a la entrada de la exposición anuncia que asistiremos a un “viaje visual que desmantela las representaciones extranjeras cliché demasiado comunes de los puros cubanos, los autos vintage, los resorts todo incluido y los ecos de la Guerra Fría”.
Sin embargo, a los cubanos no nos son tan ajenos los objetos o visualidades que están junto a los personajes: adornos que han acompañado por décadas a los cubanos de manera recurrente en muchos hogares, símbolos religiosos, patrióticos y políticos, la destrucción, la estética del abandono y la pobreza.
Estos lenguajes hacen que fuera de Cuba esta tal vez sea una muestra totalmente disruptiva del discurso cubano habitual, pero en la isla la teatralidad de las piezas gana una dimensión totalmente diferente.

“Al ver estas fotos, el público puede pensar que Jean cae de lleno en varios estereotipos. En realidad lo que está haciendo es burlarse de esos arquetipos. Un fotógrafo con su agudeza crítica y recorrido fotográfico no caería en los clichés de la visualidad, ni en los sitios comunes que se ven típicamente. De hecho, lo que hace es tomar todos esos clichés y juntarlos en cada escenario. Cada foto se convierte en una deconstrucción de lo que significa el arquetipo de los cubanos.
“La realidad mayor de estas fotos es que quienes están posando son personas que viven esas vidas, no fueron situadas ahí como maniquíes o como mera decoración. Es un acto de desnudez y de honestidad ante el fotógrafo, y este lo que hace es recargar la escena”, explica Jorge Peré.
El montaje escenográfico es en estas fotos tal vez la mejor manera de mostrar la profundidad de la ruptura que estos “nuevos cubanos” suponen frente al resto de la sociedad, y a la realidad en la que han nacido, han crecido y se han formado, aunque no sean mayoría.
“Mi trabajo se centra en la aceptación, el amor y el respeto por las personas diferentes. La serie es una gran celebración de eso”, concluye Jean-François Bouchard.