El cineasta húngaro, Béla Tarr murió este martes, según informó el director Bence Fliegauf a la agencia de noticias MTI en nombre de la familia. Tenía 70 años de edad y era considerado como de las más importantes figuras del cine contemporáneo europeo.
Tarr colaboró con el escritor Nobel de Literatura de 2025 László Krasznahorkai, y adaptó al cine varias de sus obras.
Debido a esta relación fueron posibles las cintas Armonías de Werkmeister (2000), adaptación de la novela La melancolía de la resistencia; y también Tango Satánico, o Sátántangó (1994), basada en la novela del mismo nombre, un filme de más de siete horas de duración y considerada su obra maestra.
Béla Tarr
(1955-2026) pic.twitter.com/mXQA4jHWSc— FilmoteCanet Cinema (@CanetCinema) January 6, 2026
Otra de sus películas más conocidas es La condena (1987).
Conocido por sus largometrajes en blanco y negro, Tarr se interesó primero por análisis muy gráficos y dramáticos de la sociedad y más tarde exploró la realidad angustiante y metafísica, recoge el portal Hvg, según los datos biográficos que coparte la agencia EFE.
Su obra fue comparada a la del italiano Michelangelo Antonioni y el ruso Andréi Tarkovski.
Datos de una biografía
Tarr, nacido el 21 de julio de 1955 en la ciudad de Pécs, comenzó su carrera como aficionado, y en 1977 empezó sus estudios de dirección en la Escuela Superior de Teatro y Cine, mientras que posteriormente, en los años 1980, trabajó en la empresa de cine estatal Mafilm.
Durante su carrera realizó casi medio centenar de películas y fue galardonado con premios como el Oso de Plata en Berlín (2011) por El caballo de Turín, o el Premio a la Trayectoria Profesional del Festival Internacional de Cine de Tokio (2024).
Después de El caballo de Turín, Tarr se retiró de la dirección, aunque siguió colaborando con entidades de teatro independientes.
En marzo de este año Tarr recibió el Premio Honorífico 2025 del D’A-Festival de Cine de Barcelona y, según EFE, el director de ECIB-Escuela de Cine de Barcelona, Pere Alberó, aseguró entonces que el húngaro era el “cineasta vivo más importante del momento”, y dijo que su obra seguía siendo “un misterio”.
Tarr aseguró que no creía “en la honestidad ni en la autenticidad del cine de Hollywood”, y afirmó que en las pantallas “se debe representar personas reales, de una manera honesta y sincera”, según citas recogidas por la agencia española.












