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Finalmente, el pasado sábado 14 de marzo abrió sus puertas al público el Espacio Cultural y Creativo La Manigua, un sueño nacido hace mucho tiempo, pero que ha costado mucho esfuerzo hacerlo una realidad.
Visitarla puede definirse bien y rápido como entrar al universo de Elpidio Valdés. El primer storyboard del animado, El torpedo mambí, o las muchas veces que el personaje animado más amado de Cuba ha sido portada en diversas publicaciones, son solo algunas de las primeras cosas que llaman la atención al llegar al centro cultural ubicado solo a unos metros de la Plaza de la Revolución en La Habana.
En diciembre de 2018 fue presentada por primera vez la idea de este proyecto, que nació bajo la vista y abrigo de Juan Padrón junto a su hija Silvia, quien hoy lo dirige con el compromiso de que Elpidio Valdés siga siendo un personaje popular.

“El sueño ha variado en el sentido arquitectónico, porque el proyecto que teníamos planteado no ha podido ser, porque era muy costoso y en la actual situación del país no fue posible hacer esa inversión por las instituciones que nos amparan, pero yo creo que lo que no ha variado es el espíritu y de eso también es prueba el abrir en uno de los peores momentos; hemos hecho La Manigua al machete de verdad”, nos dice Silvia Padrón.
El espacio cultural abrirá al público todos los sábados de 10 a. m. a 6:30 p. m., aunque su directora nos explica que la idea es que estuviera abierto el fin de semana entero, pero “por la cuestión del combustible no podemos”. Su programa incluye proyecciones audiovisuales, talleres de diversas técnicas de animación y presentaciones musicales y teatrales.

De lunes a viernes, La Manigua tiene proyectos con la comunidad, y así se mantiene activa más allá de la programación cultural ampliada e inclusiva que busca ofrecer cada sábado. “Todavía no tenemos lenguaje braille y otras cosas que no están del todo presentes, pero sí están en nuestra sensibilidad”, es de las primeras cosas que dice Silvia cuando preguntamos por las proyecciones futuras.
“Queremos construir aulas donde se hagan talleres de animación, de fotografía, de robótica, de audiovisual, de diseño; que sean un lugar de creación infantil y en otra nave vayan sucediendo conciertos, espectáculos de danza, obras de teatro hechas por niños y para los niños también”, concluye la explicación de esa visión a largo plazo con la que la fiel defensora del legado de su padre construye día a día este sueño.
¿Quién llamaba a Elpidio Valdés?
El cómo llegar a los pequeños de hoy con un personaje que en la isla ya forma parte más del imaginario de los adultos ha sido resuelto por el equipo del espacio cultural con la concepción de una gran exposición que es el plato fuerte de las propuestas que hoy ofrecen al público.
¿Quién llamaba a Elpidio Valdés? es el nombre de la muestra, cuyo fin no es que el público observe, sino que participe.

“Cuando estuvimos considerando qué tipo de exposición queríamos articular en La Manigua, porque la exposición cumplía la función de homenajear por el 55 aniversario todo ese gran universo que es Elpidio Valdés, pero también servía para inaugurar oficialmente este espacio maravilloso, decidimos que tenía que ser una exposición más de atmósfera, más interactiva, donde volviéramos a llamar la atención sobre la grandeza de la creación que fue Elpidio Valdés, pero al mismo tiempo que fuera algo muy atractivo, que los niños disfrutaran desde que entraran al espacio y donde pudieran también interactuar con las piezas. Entonces, ponderamos sobre todo ese tipo de obra más inmersiva, más atractiva, y piezas que también les hablan a los niños y les dan información sobre los procesos creativos”, explica la curadora Sachie Hernández Machín.
Así es como la nave que acoge la muestra es realmente un espacio de juego por el que los pequeños corren, ríen, juegan, se hacen fotos y aprenden mientras crean sus propios guiones de un animado, corren detrás de Pepe, el corneta, en un video mapping, hacen sus propias escenas en las técnicas de animación de la época en que surgió Elpidio, se tatúan sus personajes favoritos o los arman en grandes rompecabezas.

Ese espíritu juguetón convive y crece con otras piezas más conceptuales o informativas, como una línea del tiempo que trata los hitos en la historia del personaje, un busto que solemniza al mambi animado o una colección de sombreros intervenidos por distintas manos, muchas estéticas y mensajes.
En la muestra participan más de 60 artistas visuales, ilustradores y diseñadores de diversas generaciones, y según sus organizadoras, lo más hermoso es que al llamado de Elpidio “todo el mundo decía que sí”.

“Están aquí, participaron desde personas como Ernesto Padrón, que es el hermano de Juan y que también es un creador inmenso, que colaboró en casi todos los cortos y largos. Está la hija de Ernesto, que es Gabriela Padrón, sobrina de Juan. Hay también artistas como (Roberto) Fabelo y (Eduardo Roca) Choco o Silvio Rodríguez, que son congéneres de Juan y fueron sus amigos personales, pero también tenemos artistas y diseñadores muy jóvenes que se están graduando de San Alejandro o del ISA. Queríamos que fuera una participación multigeneracional, como queremos también que la exposición pueda ser disfrutada por diferentes tipos de públicos”, detalla Sachie.
Una de las participaciones artísticas más populares de la exposición es la del estudio de tatuajes La Marca, que convocó a artistas, diseñadores e ilustradores que se dedican al tatuaje en Cuba para crear nuevas estéticas visuales de los personajes del animado de Juan Padrón y llevarlas con técnicas no permanentes al cuerpo de los pequeños.

“Para nosotros, como artistas que nos dedicamos al tatuaje, era superimportante porque es parte de nuestra imaginería y de una generación completa. Elpidio Valdés siempre te da la posibilidad de moverte en un universo que te recuerde un poco a la infancia, pero es el tipo de animado que, en la medida que creces, también le empiezas a encontrar otro tipo de cosas; y Juan Padrón es un referente para cualquier persona que ilustre, dibuje o cree personajes de alguna manera”, nos enumera Roberto Ramos Mori, diseñador que lidera La Marca, las razones por las que el tatuaje no dudó en llegar a La Manigua.
“Mi papá, lo que más quería es que los niños se divirtieran y yo creo que lo estamos consiguiendo”, nos resume Silvia Padrón toda la intención de esta exposición que habitará La Manigua hasta el mes de mayo, pero también de todo lo que aquí sucede y está por suceder.

El centro cultural, que es el primero en Cuba en dedicarse a la obra de Juan Padrón, es una realidad y ojalá su impacto logre mantener vivos no solo a sus personajes, sino a lo que ellos representan y transmiten.
“Uno de los valores que tiene la obra de mi padre es que puede ser disfrutable por todas las edades, por todas las características, las identidades diferentes que puedan tener los cubanos. Lo bonito es que Elpidio Valdés es común, es de consenso y une a todos los cubanos independientemente de esas diferencias”.











