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Desde el sábado 7 de marzo la compañía Hubert de Blanck está presentado, en la sala del mismo nombre, santuario del teatro cubano, una versión de Las amistades peligrosas, novela clásica del francés Pierre Choderlos de Laclos.
Para la elaboración del texto dramático y la puesta en escena, el grupo, que está bajo la dirección general de Orietta Medina, contó con el concurso de los actores, devenidos directores artísticos, Judit Carreño y Juan Carlos García, ambos con nutridos currículos dentro de ese mismo conjunto.


Sorprende gratamente el resultado del trabajo. Un espectáculo dinámico, de buen gusto, que mueve gran cantidad de actores (para los estándares cubanos de hoy) en coreografías cuidadas, contando con vestuario de época y los elementos escenográficos mínimos, los cuales sirven con eficiencia para delimitar los espacios diversos en los que se desarrolla la trama.
Amistades peligrosas —en la versión el título perdió el artículo— transcurre en la Francia del ancien régime, inmediatamente anterior a la Revolución de 1789, y es, a su modo, una crítica mordaz a la decadente nobleza y sus cuestionables “principios” morales.
El vizconde de Valmont y la Marqueza de Merteuil (Fred Gades y Judit Carreño, brillantes en la función del sábado 14 de marzo), intrigan, abusan de su poder, seducen mediante la hipocresía y el engaño a jóvenes que se inician en la vida amatoria. Un poco por maldad y otro tanto por venganza a antiguos amantes y por el malsano placer de pervertir a una núbil inexperta.
Texto clásico al fin, que ha resistido el paso del tiempo, la novela de Choderlos de Laclos, publicada en 1782, tiende ante el público, desde mi punto de vista, un entramado de pasiones oscuras más que reconocibles, pues los bajos instintos son consustanciales a cierta naturaleza humana, más allá de contextos históricos y regímenes sociales.
Aquí les comparto la plática que sostuve con los directores de Amistades peligrosas, luego de la función del pasado sábado.
¿Cómo se puede dirigir una obra a cuatro manos? ¿Cómo se dividieron el trabajo?
Judit Carreño: Afortunadamente, tenemos gustos e intereses en común, lo que nos permite llegar a acuerdos con mayor facilidad. Discutimos las ideas que queremos plantear y buscamos la mejor forma de llevar ese planteamiento a escena antes de enfrentarnos al trabajo con los actores. Basamos también nuestro trabajo en la confianza y transparencia absoluta, lo que nos permite asumir los retos que van surgiendo durante el proceso y llegar a consenso siempre pensando en defender nuestra idea y en favor de la puesta. Es una relación profesional que funciona también por el respeto que nos tenemos mutuamente.
Juan Carlos García: Fue un trabajo en equipo. Judit y yo nos conocemos muy bien. Cuando enfrentamos un proyecto vamos de lo general a lo particular. Primero hacemos un estudio de la época y del momento histórico en el que transcurre la trama. Después trabajamos el texto y la fábula que queremos contar, y así vamos armando el espectáculo.
Por supuesto, tenemos contradicciones. Probamos las variantes posibles, las soluciones más atinadas y luego decidimos, pero siempre de mutuo acuerdo.

¿Para la elaboración del libreto teatral de Amistades peligrosas partieron directamente de la novela de Pierre Chordelos de Laclos o tuvieron en cuenta las versiones cinematográficas —1988 y 1989 (Valmont)— o la serie para televisión de 2022?
JCG: Revisamos la novela de Laclos, lo que podríamos llamar “el original”, pero también vimos los dos filmes que existen con base en ese mismo texto. Y aquí tuvimos nuestra primera contradicción: a ella le gusta más la dirigida por Stephen Frears, de 1988, con John Malkovich y Glenn Close, y a mí la de Milos Forman (Valmont), con Collin Firth y Annette Bening. Quisiera acotar que no era nuestro propósito hacer algo parecido a los filmes.
JC: Así es. Desde que leí Las amistades peligrosas, hace muchos años, me resultó impactante. Desde entonces me interesó llevarla a escena. Vimos los dos filmes que cita Juan Carlos, y aunque no pretendimos emularlos, ambos ayudaron en la comprensión del procso.
¿Es la primera vez que se versiona esta novela para teatro en Cuba?
JCG: No hemos encontrado información que nos muestre que se había hecho anteriormente una adaptación a teatro.
JC: Sí en varios países de Europa y América. Algunas personas me han hablado de alguna versión realizada en Cuba hace más de 30 o 40 años. No lo hemos podido comprobar. Sabemos que se hizo una versión para radio hace algún tiempo.

Lestegás.
¿Por qué creen que este espectáculo pueda suscitar el interés de los cubanos de hoy?
JCG: Primero, porque es un clásico de la literatura universal. Y también por el mensaje que Laclos quiso transmitir cuando la escribió en el Siglo XVIII, que fue un escándalo por la radiografía que realizó de la sociedad prerrevolucionaria francesa, de la aristocracia y sus excesos, y de los temas universales que están presentes en cualquier época, como la hipocresía, el abuso de poder y las falsas apariencias. Pero, sobre todo, por lo que representan hoy las redes sociales.
En este mundo hiperconectado, donde mostramos un disfraz virtual y a veces somos más activos en las redes que en la realidad, se hace imprescindible recuperar valores que hemos perdido, como la virtud, y estamos más preocupados por las apariencias y por lo que puedan pensar de nosotros. Somos capaces de hacer lo imposible por alcanzar un like.
JC: También interesa al espectador la guerra de roles entre hombres y mujeres, presente en todos los tiempos y sociedades. La vinculación de estos temas, que decía Juan Carlos, a la presencia de las redes sociales en la vida moderna, es uno de los planteamientos que más nos interesó siempre cuando pensamos en la puesta en escena.

Han conseguido una puesta en escena ágil, muy bien coreografiada, con los elementos escenográficos imprescindibles y vestuario de época. ¿Cuáles fueron las mayores dificultades que confrontaron durante la etapa de montaje?
JC: El montaje transcurrió durante la epidemia de chikungunya. Eso hizo que surgieran problemas durante los ensayos por enfermedad de casi todo el elenco, y retrasó el proceso. Las dificultades con el transporte también, pues muchos actores viven lejos. Otro factor fueron las carencias económicas que impiden llevar cabo una producción teatral con los recursos idóneos.
A pesar de todo eso, se logró la puesta gracias al empeño y el sacrificio de todo el equipo de creación, los técnicos y los actores de la Compañía. Todos trabajaron, lucharon y aportaron mucho desde lo personal para que se lograra.
Otra dificultad fue el acercamiento al texto desde la actualidad. Está escrito en un estilo y un lenguaje de hace más de dos siglos, por lo que buscamos hacer más claras las ideas y la anécdota, acercándolas al espectador de hoy. Todo ello sin afectar el estilo que queríamos lograr en las interpretaciones, que debían ser creíbles y humanas, aun representando personajes de una clase social lejana a nuestra época, con el riesgo constante de caer en clichés que los distanciaran del público.
JCG: Entre las mayores dificultades a las que nos enfrentamos, una fue armar el vestuario con lo que teníamos en el almacén de la Compañía. Para mí lo más problemático fue el elenco. Aunque tuvimos la suerte de contar con un colectivo colaborativo, comprometido, tuvimos tres bajas importantes —dos de ellas de actores con personajes protagónicos— por problemas personales. Eso nos obligó a buscar soluciones, pero al final valió la pena ver el resultado en el escenario.
También, como dice Judit, sufrimos mucho la avalancha de arbovirosis que padecimos en el verano. La mayoría del elenco se contagió y estuvimos más de un mes parados. Otro suceso: las tres últimas semanas antes del estreno se ensayó sin electricidad. Los actores traían lámparas recargables de sus casas para poder realizar los ensayos. Tres días antes del estreno sufrimos, con todo el país, una caída del Sistema Energético Nacional, y aún así Amistades peligrosas llegó a escena.

¿Hasta qué punto los ha dejado satisfechos el resultado del trabajo?
JCG: Yo creo que un artista nunca se siente satisfecho. Siempre piensa que hay cosas perfectibles, y es lo que nos sucede con la puesta. Ahora el público tiene la última palabra y juzgará con ojos propios el proceso de meses de trabajo y esfuerzo.
JC: Una de las mejores cosas que tiene el teatro es que el proceso no se termina cuando la puesta se enfrenta al público. En ese intercambio surgen nuevos retos. Se sigue discutiendo la mejor forma de lograr cada escena y mejorando detalles en cada función.
Afortunadamente, durante todo el proceso el entusiasmo del elenco ha permitido que podamos seguir explorando en la interrelación entre los actores y los personajes. Es un texto lleno de sutilezas, con muchas situaciones que juegan con el equívoco o el doble sentido, y eso constituye un reto interpretativo, que mantiene a todo el elenco activo en la búsqueda de mejores recursos para transmitir cada idea. En lo personal, esa es una de las cosas que más disfruto del teatro; nunca hay dos funciones iguales, podemos seguir explorando y mejorando. Eso hace que sea siempre algo vivo, y es una “insatisfacción” fructífera.
¿Cuántas funciones tendrá?
JCG: Está previsto que permanezca en cartelera durante todo marzo. Pero eso lo decide el público. Continuaremos hasta que el “respetable” lo considere.
¿Girará la puesta por otras provincias?
Sabemos que hay algunos intereses fuera de La Habana. Lo difícil es lograrlo en las condiciones económicas actuales. Es una puesta grande, con muchos elementos y personas implicadas, pero que nos gustaría muchísimo llevarla a otros escenarios de la isla.
Ambos estuvieron en los inicios de sus carreras bajo la dirección de figuras icónicas de Teatro Estudio, como Berta Martínez y Abelardo Estorino, por sólo citar dos de ellas. ¿Qué se siente dirigir en el mismo espacio físico en el cual trabajaron esos maestros?
JCG: Comenzamos nuestras carreras en la Compañía Teatral Hubert de Blanck, grupo que surgió en 1991, cuando Raquel y Vicente Revuelta decidieron continuar sus carreras alejados de lo que fue Teatro Estudio.
Personalmente, es un reto y un recordatorio de que las puestas en escena deben quedar con la calidad esperada que caracteriza a un lugar histórico, una compañía histórica, por donde pasaron e hicieron sus carreras los mejores actores y directores del país en su momento. Mi maestra fue Berta Martínez (Premio Nacional de Teatro y Dra. Honoris Causa por la Universidad de las Artes), y en cada puesta que realizo, en cada trabajo como actor, me empeño en llevar a la práctica todo el conocimiento adquirido durante estos casi 26 años de trabajo ininterrumpido.
JC: Es una gran responsabilidad. Berta, Estorino, Pancho, y también Orietta Medina, nuestra directora general, junto a otros actores y directores con los que tuvimos la suerte de trabajar —como Elio Martín, Doris Gutiérrez, entre muchos otros—, forman parte de una herencia de la que intentamos aprender todo lo posible.
Mantener esa tradición de trabajo con textos clásicos del teatro y la literatura, de puestas en escena de gran formato y con elencos numerosos —que fue, además, la manera en que nos formamos—, es uno de nuestros principales compromisos. A ello se suma el empeño de formar a nuevas generaciones en el arte de la interpretación y de hacer un teatro que invite a la reflexión, que respete al público y que asuma una función social. Todo eso constituye, sin duda, un reto y una enorme responsabilidad.

Antes de Amistades peligrosas, en 2011 codirigieron el espectáculo para niños Los músicos de Bremen. ¿Son estas colaboraciones circunstanciales o una línea de trabajo que dará nuevos espectáculos?
JCG: Sí. Nuestro primer trabajo como directores fue Los músicos de Bremen, una versión para teatro que realicé basado en los animados soviéticos del mismo nombre con el que crecimos varias generaciones de cubanos. Desde ese momento hemos tenido una lista de proyectos en común y Amistades peligrosas estaba en esa lista. ¡Ya es una realidad!
Quisiera agregar que es una línea de trabajo ya determinada. La lista tiene varios proyectos y en algún momento esperamos que vean la luz. Nos sentimos bien trabajando juntos, aunque como ya acoté tenemos nuestras diferencias, nuestras contradicciones que, como se dice, son ricas porque generan desarrollo.
Nos hablamos con absoluta libertad y llegamos siempre a un acuerdo que sea beneficioso para la puesta en escena.
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Qué: Amistades peligrosas, adaptación teatral de la novela epistolar de Pierre Choderlos de Laclos.
Dónde: Sala Hubert de Blanck. Calzada No. 654. El Vedado, La Habana.
Cuándo: Fines de semana de Marzo. Sábados y domingos a las 5:00 pm.
Cuánto: 50 CUP.











