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La vida de Andy Pagés tiene un guion de película. Con 16 años, después muchos sacrificios para hacerse pelotero en Cuba, estaba cruzando fronteras hasta llegar a República Dominicana con el sueño de convertirse en jugador profesional. No tenía nada seguro, pero su trabajo y su talento cautivaron a los Dodgers, que lo firmaron por un bono de 300 mil dólares solo ocho meses después de dejar atrás a su familia en Pinar del Río.
Seis años más tarde, luego de un duro bregar por los sistemas de formación y las Ligas Menores, de nuevo alcanzó el éxtasis en un abrir y cerrar de ojos cuando fue llamado a MLB para debutar con la franquicia de Chavez Ravine. Y, por si fuera poco, solo seis meses después de su estreno en el máximo nivel del béisbol, estaba levantando al cielo el trofeo de la Serie Mundial con los angelinos.
El ascenso fue vertiginoso. Pagés no estuvo como un pelotero más de los Dodgers, de hecho, partió de titular en más de 100 partidos, pegó un centenar de imparables, 37 extrabases, 13 jonrones, remolcó 46 carreras, anotó 65 y terminó entre los novatos más destacados de la Liga Nacional.
Rumbo a la Casa Blanca
Fruto de la victoria de los Dodgers en 2024, Andy cambió su uniforme de pelotero por un elegante atuendo de traje y corbata para entrar a la Casa Blanca el 7 de abril de 2025, cumpliendo con las tradicionales reuniones entre el presidente de Estados Unidos y los equipos campeones de las principales ligas profesionales del país (NBA, NFL, MLB y NHL).
El pinareño estuvo en la segunda fila, a solo unos pasos del presidente Donald Trump. En casi todas las fotos de las celebraciones se puede ver al barbudo cubano sonriendo durante los discursos de la jornada, protagonizados por el propio mandatario estadounidense, directivos de los Dodgers y leyendas del equipo como Clayton Kershaw.

Aquello fue una simple anécdota, pero solo unos días después Pagés confirmó su intención de vestir el uniforme de las cuatro letras en el Clásico Mundial de Béisbol de 2026. “Mi papá me dijo que quería verme jugar por Cuba”, aseguró en una entrevista en Miami el joven vueltabajero, quien de la noche a la mañana pasó de fotografiarse con Trump en la Casa Blanca a ser uno de los potenciales ejes antillanos en el Clásico.
El “sí” al Cuba, una historia lejana
Han pasado ya casi diez meses desde que Andy Pagés se colocó en el mapa de la selección nacional cubana rumbo al Clásico de 2026. En aquel momento se suponía que fuera una figura importante para el equipo, pero la trascendencia de su probable convocatoria aumentó a medida que avanzaba la temporada 2025 de Grandes Ligas.
El pinareño explotó definitivamente con 27 cuadrangulares, 55 extrabases, 86 impulsadas, 74 anotadas, 158 jits y un sólido OPS de .774. Si bien en la postemporada tuvo problemas ofensivos, fue uno de los héroes de los Dodgers en su segunda Serie Mundial consecutiva con un fildeo salvador en el séptimo y decisivo partido contra los Toronto Blue Jays.
Tras convertirse en el segundo cubano de la historia —tras Orlando “El Duque” Hernández— en ganar el título de MLB en sus dos primeras campañas, Andy ya no apuntaba solo a ser una pieza más en la potencial nómina de Cuba, sino que se había convertido en la estrella indiscutible del equipo de cara a la sexta edición del Clásico en 2026. En todo ese tiempo, se mantuvo firme en su deseo de representar a su país de origen, sin importar los muy disimiles criterios que aparecían en medios, redes sociales y espacios de debate.
“Desde que yo di el sí hay gente que no lo aceptó, otros sí, pero no me preocupo por nada de eso. Siempre hay gente que van a hablar mal y otros que te van a apoyar”, aseguró Andy hace unos meses, cuando defendía a capa y espada la idea de jugar por Cuba para complacer a su padre.
“Gracias a él estoy jugando béisbol, es quien siempre me impulsó. Llevo mucho tiempo sin verlo, se siente un poco mal a veces, pero yo debo seguir adelante”, afirmaba Pagés.
Sin embargo, hoy, ya todo eso es una historia lejana.
Las causas del “no”
¿Qué cambió? Esa es la pregunta que muchos fanáticos del béisbol cubano se hicieron tras conocer la noticia de que Andy Pagés, finalmente, no jugaría con la selección antillana en el Clásico Mundial de 2026. ¿Existió algún tipo de presión más allá del deporte que hiciera cambiar de opinión al pinareño? ¿Bloquearon los Dodgers la participación del jardinero o fue el propio pelotero quien decidió no estar con Cuba?
La respuesta que despejó esas interrogantes la dio el propio Pagés a Yordano Carmona (Pelota Cubana) hace justamente un mes: “Tengo muchas cosas que mejorar y tengo que prepararme para un año largo. Tengo que trabajar en lo que es más importante”.
La sentencia, por sí sola, dejó poco margen a las dudas, pero este era un escenario que se podía prever si analizamos la actualidad de los Dodgers. Hablamos de un equipo que, tras ganar dos anillos consecutivos, mantiene el firme propósito de consolidar su dinastía y para ello no ha escatimado esfuerzos en sus movimientos de mercado.
Sin ir muy lejos, este invierno los angelinos contrataron al jardinero Kyle Tucker por cuatro temporadas y 240 millones de dólares. Su media anual de salario será la más alta de todas las Grandes Ligas.
La llegada del bateador zurdo suma más competencia en las praderas de los Dodgers, justo donde Andy Pagés intenta conservar a toda costa su puesto de titular.
Entonces, suena razonable su decisión de no ir al Clásico y concentrarse exclusivamente en su preparación rumbo a la temporada profesional de 2026, en la que el nivel de exigencia será altísimo en Chavez Ravine. Con 25 años cumplidos y un futuro por delante, el sueño del Clásico Mundial puede esperar.
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De momento, ese enfoque va dando resultados al cubano, que ha comenzado los entrenamientos de primavera brillando en su máximo esplendor. En siete comparecencias al plato ha pegado cinco jits, tres de ellos extrabases, con par de anotadas, tres remolques y un OPS de 1.911. Ese tipo de producción demoledora es lo único que le garantizará mantenerse fijo en una novena plagada de estrellas.











