Los colegios electorales abrieron este martes a las 7:00 a. m. en Israel como las primeras elecciones desde los ataques de Hamás de octubre de 2023. Se decidirá quién gobernará el país tras algunos de sus años más violentos y con el primer ministro, Benjamín Netanyahu, segundo en las encuestas.
Un total de 7,3 millones de israelíes están llamados a votar, incluidos 810 000 residentes en el exterior que debieron viajar para ejercer su derecho al sufragio en unas elecciones que han contado con una campaña electoral particularmente discreta, en la que Netanyahu ha sido protagonista de escasos actos públicos.
Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu casts his vote in a close election that could end his time in power. Follow AP’s live updates. https://t.co/RLBjMCfUjC
— The Associated Press (@AP) October 27, 2026
Si bien un total de 38 partidos concurren, según reporte de EFE, se espera que solo 11 superen el umbral del 3,25 % del electorado necesario para obtener representación parlamentaria. Hay dos bloques muy reñidos que, según las últimas encuestas, no tendrán mayoría para gobernar sin el apoyo de los partidos árabes.
Por eso, según observadores como CNN, el apoyo de partidos de mayoría árabe como Raam, de Mansour Abbas, o la Lista Conjunta, de Yousef Jabareen, podría ser fundamental para decidir el próximo gobierno.
Alta participación
Por ahora, la participación es la más alta desde 1977, según los datos publicados al mediodía por la Comisión Electoral Central de Israel, con un 31,5 % del electorado que ha ejercido su derecho al voto, tres puntos más que en los comicios de 2022.
El portavoz de la Comisión Electoral, Dean Livne, que informó en rueda de prensa de los primeros datos de participación, también aseguró que durante las primeras horas se registraron menos incidentes que en las anteriores elecciones.
Según las últimas encuestas de las tres principales cadenas de televisión, publicadas tres días antes de las elecciones, la coalición encabezada por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot obtendría entre 52 y 56 escaños, frente a 50 del bloque de Netanyahu. Ambas lejos de la mayoría de 61, por lo que el apoyo de los partidos árabes al bloque opositor podría ser clave para su investidura.
Netanyahu, líder del derechista Likud, acude a los comicios apoyado por las formaciones judías ultraortodoxas y los ultranacionalistas, a los que ponen rostro los ministros supremacistas y colonos de su Ejecutivo: Bezalel Smotrich de Finanzas; e Itamar Ben Gvir, de Seguridad Nacional.
Las últimas encuestas otorgan entre 14 y 16 escaños a los partidos árabes (la Lista Conjunta formada por Jadash, Taal y Balad; y Raam) y solo una de ellas da escaños (4) a un nuevo partido pro-opositor: Los Reservistas-Bloque Económico.
En torno a un 20 % de la población de Israel (de un total de 10,3 millones) son “árabes israelíes”, palestinos con ciudadanía israelí descendientes de quienes no huyeron o fueron expulsados tras la guerra que precedió a la creación del Estado, precisa el reporte.
Ellos -a diferencia de la población palestina de Jerusalén Este ocupado- sí pueden votar y suponen un 17 % del electorado, si bien en elecciones pasadas se han mostrado favorables al boicot.
Por otra parte, algunos votantes han acudido a las urnas en días anteriores: el pasado 15 de octubre lo hicieron los miembros de las misiones diplomáticas en el exterior y, desde el día 21, los soldados en activo del Ejército.
Fractura social entre religiosos y seculares
Las elecciones pondrán el termómetro al país, tras una legislatura que comenzó con las mayores protestas de su historia tras el intento de Netanyahu de lapidar la independencia del poder judicial, se vio atravesada por la masacre del 7 de octubre, los rehenes y la brutal ofensiva contra Gaza, que arrastra una consecución de escaladas bélicas contra Líbano e Irán, la última este marzo.
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Desde que Netanyahu asumiera el poder en 2022, recuerda la agencia española, Israel ha profundizado una fractura social evidente entre religiosos y seculares, con el instinto nacionalista también en su máxima expresión tras los ataques de 2023, en los que murieron unos 1200 israelíes y 251 fueron secuestrados.
La brutal respuesta israelí, constitutiva de “genocidio” para un comité independiente de la ONU, organización de derechos humanos y partes de la comunidad internacional, conllevó también un creciente aislamiento internacional de Israel, país que en el último año inició con EE. UU. una guerra contra Irán de escala regional, ha ocupado el sur de Líbano y sigue presionando en la frontera siria.
Para EFE, el devenir de Israel pasa por entregarse nuevamente a Netanyahu, el primer ministro más longevo de su historia, o por una coalición sionista de centroderecha con un marcado cariz militar.












