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El intermedio del Super Bowl 2026 quedará grabado en la memoria de los latinoamericanos por mucho tiempo. Durante 13 minutos memorables, Benito Antonio Martínez Ocasio —Bad Bunny— nos puso la piel de gallina con un performance atravesado de principio a fin por los signos de nuestra latinidad: el niño dormido en las sillas durante la fiesta, la boda, el cañaveral, el granizado, los apagones, los cuerpos latinos, diversos e irreverentes, apropiándose de la fiesta en casa ajena.
Todo ello en un contexto en el que ocultar esa latinidad se ha convertido, para muchos, en una forma de sobrevivir, de evitar deportaciones, separaciones familiares y persecuciones en un país donde casi la mitad de los migrantes proviene de América Latina y el Caribe.
Cuando la puerta de la casita se abre y Benito recorre parte de la vereda que lo conduce hasta la camioneta donde interpretará “EoO” (Debí tirar más fotos, 2025), la cámara se abre paso hasta encontrar a Bersil Iglesias (La Habana, 15 de septiembre de 1999). Benito está cerca, pero es la cubana quien conquista el plano con apenas unos segundos de perreo mientras suena de fondo “Gasolina”, el himno del reguetón de los años 2000 que ella misma bailó incontables veces cuando aún vivía en Cuba.
“Esa canción significa muchísimo para la comunidad latina. La he bailado y cantado a todo pulmón desde niña. Saber que en ese momento yo representaba a todas las mujeres latinas que ‘piden más gasolina’… todavía no me lo creo”, contó Bersil, emocionada, en conversación con OnCuba vía WhatsApp.

El rostro de Bersil ya no se nos despinta. Ahora, los cubanos que nos enorgullecimos al verla bailar y ponerle todo su “sazón” a la cámara en esos breves instantes nos sabemos su nombre y dónde encontrarla en redes. Pero antes de coincidir con Benito en el Super Bowl, Bersil ya llevaba años construyendo su camino en el mundo del baile y el espectáculo. Su aparición en el intermedio de uno de los eventos deportivos más famosos del mundo podría marcar un punto de inflexión entre su trayectoria previa y una nueva etapa por venir.
Llegó a Estados Unidos en 2004 y estuvo a punto de abandonar la danza, por un deseo —más de sus padres que suyo— de que terminara sus estudios en la rama de la Criminología.
La historia de su familia comparte penas y glorias con la de muchas otras familias cubanas que emigraron a la tierra de los sueños prometidos, y eso es algo que Bersil no olvida.
“Como inmigrante e hija de inmigrantes, no tomo a la ligera ninguna oportunidad que se me presenta, y mucho menos esta. Aquella noche no estuve sola en ese escenario: estaban conmigo quienes vinieron antes, quienes están hoy y quienes se sumarán a este camino. Fue un honor representar aquello que durante mi infancia me costó ver en los grandes escenarios. Espero que todas las niñas afro-latinas del mundo puedan verse reflejadas y sepan que también hay espacio para ellas. Que lo ocupen plenamente”, escribió en su perfil de Instagram junto a una imagen suya cargando su bandera, la cubana.
¿Cómo y cuándo descubriste que lo tuyo era la danza?
Es difícil decir exactamente cómo y cuándo. Desde niña, en Cuba, mi casa siempre estuvo llena de música de todo tipo, y mi padre era el alma de todas las fiestas familiares: sacaba a bailar a todas mis tías, desde salsa hasta los hits de Boney M.
Mis primeras clases fueron de folclor cubano a los tres años, y empecé a bailar flamenco en Miami a los once. Aunque descubrí años después que la danza no es solo mi pasión, sino mi propósito, siempre he llevado la rumba en las venas y el amor al arte en el corazón desde que tengo memoria.

¿Dónde y cómo comenzó tu formación?
Lamentablemente no puedo decir que mi formación artística tuvo lugar en Cuba. Y digo lamentablemente porque sé que mi isla es de un talento descomunal; tanto, que aun con las dificultades, el arte cubano sigue llegando al resto del mundo después de todos estos años. Aunque no pude entrenar allí, mi primera maestra de baile fue Idmaray Breuil, bailarina principal del Ballet Lizt Alfonso durante varios años. Mucha de su metodología estaba inspirada en cómo entrenaba el famoso cuerpo de baile cubano.
¿Qué estilos de baile has entrenado a lo largo de tu carrera?
En realidad, hay poco que no haya entrenado, aunque sea una sola vez. Siento que lo mejor que podemos hacer como artistas del movimiento es volvernos personas cultas y versátiles en el lenguaje del baile. A lo largo de mi carrera he entrenado hip-hop, house, dancehall, jazz, contemporáneo, flamenco, estilos afro, estilos latinos… y la lista sigue creciendo.
¿En qué momento emigras a Estados Unidos? ¿Cómo fue ese proceso a nivel personal y profesional?
Emigré a Estados Unidos a los cuatro años junto a mis padres y mi abuela. Mi familia ya buscaba salir de la isla por intervenciones políticas en la carrera de mi madre, que en ese entonces era farmacéutica. Luego a mi padre le llegó “El Bombo”, un sorteo que otorgaba visas legales para Estados Unidos. Ambos tomaron esa oportunidad y empezamos de cero en Miami en 2004. Siempre estaré agradecida por todos los sacrificios que hicieron mis padres; sin ellos nada de esto habría sido posible.
Al llegar allí, ¿cuáles fueron los principales desafíos para insertarte en el mundo de la danza y del espectáculo?
Siento que mi mayor desafío —y a la vez mi mayor fuerza— siempre ha sido mi físico. Mido 1,83 metros, tengo el cabello afro rizado y soy una mujer negra. Muy pocas veces veía niñas o mujeres que se parecieran a mí en el mundo de la danza. He tenido que trabajar mucho mi estado mental en momentos en que me he sentido aislada o rechazada por una industria que, aún hoy, sigue aferrada a ideales tradicionales en un mundo moderno.

¿Hubo algún momento en el que pensaste en abandonar o cambiar de rumbo? ¿Qué te sostuvo en los momentos más difíciles?
Sí. Cuando empecé la universidad dejé de bailar para enfocarme en mis estudios de Criminología y Educación. A muchos hijos de inmigrantes nos inculcan que los estudios siempre van primero. Aunque tenía el apoyo de mi familia con el baile, no veía cómo podía convertirlo en una profesión real. Me deprimí mucho en ese primer año universitario y, antes de comenzar el segundo, tomé la decisión de que el arte y el baile eran lo único que no podía dejar atrás. Hoy, además de mi carrera profesional en el mundo comercial, tengo un bachillerato en arte del baile.
¿De qué manera tu experiencia como inmigrante ha influido en tu identidad artística y en la forma en que hoy te presentas en los escenarios?
Mi experiencia como inmigrante y la cultura cubana que llevo dentro están presentes en todo lo que hago artísticamente y en cómo me presento en los escenarios. No tengo miedo de entrelazar lo que aprendo hoy con lo que ha estado conmigo desde que nací en La Habana: desde cómo me visto en los ensayos, hasta las caderas que agrego a la coreografía o sentir que toda Cuba está conmigo cada vez que piso un escenario.
Antes del Super Bowl, ¿cuáles consideras que fueron los momentos o proyectos más importantes de tu trayectoria profesional?
Hasta llegar al Super Bowl, uno de mis proyectos favoritos fue la campaña que grabé con Agent Provocateur en 2022. Me llenó de orgullo que la belleza cubana fuera destacada a nivel global. También guardo con mucho cariño rodajes y videos que me permitieron explorar más la actuación, como “XQ te pones así” de Feid junto a Yandel, y “Hands on me” de Jason Derulo con Meghan Trainor.
A lo largo de tu carrera también has trabajado con grandes artistas latinos, como Jennifer Lopez. ¿Qué han significado para ti esas colaboraciones y qué aprendizajes te dejaron?
Trabajar con artistas latinos siempre se siente diferente, porque se vuelve algo personal. Me recuerdan que hace unos años era una niña soñando desde la sala de mi casa cada vez que los veía en la televisión. Miraba a mi mamá con los ojos bien abiertos y le decía que algún día yo iba a hacer eso también. Nunca sabía cómo, pero sabía que iba a llegar. Trabajar con ellos es un sentimiento difícil de explicar: me recuerdan que todo es posible.
¿Cómo recibiste la noticia de que participarías en el espectáculo del Super Bowl junto a Bad Bunny?
La noticia me llegó de manera inesperada. Cuando entré al cuerpo de baile, junto a otros cinco bailarines latinos de Miami, ya llevaban semanas ensayando con más de 140 bailarines. Nos llamaron porque estaban desarrollando momentos de cámara y querían intérpretes que representaran la cultura latina de manera auténtica. Ahí nació el momento de “Gasolina”. Todo pasó muy rápido y tuvimos que aprendernos el espectáculo completo en pocos días, pero se logró. Les regalo mis flores al equipo de coreografía —Charm La’Donna, Karina Ortiz, Jovanni Soto y Melany Mercedes— por crear un Super Bowl único, auténtico y con un mensaje tan bello.
Cuéntanos cómo fue la preparación para una presentación tan exigente.
Fueron muchos días de ensayo tanto en Los Ángeles como en Santa Clara (California). La exigencia física fue aumentando a medida que se desarrollaba el espectáculo, y cada día bailaba más coreografía. Las noches largas y el desgaste corporal se sintieron especialmente en Santa Clara, cuando se unieron las cientos de personas que formaron parte del Super Bowl. Para mí fue clave mantenerme enfocada y cuidar el calentamiento y el descanso para llegar a la presentación con la misma energía con la que empecé los ensayos.
Tu momento más visible fue cuando sonó “Gasolina”, de Daddy Yankee. ¿Qué recuerdas de ese instante?
Desde que supe que yo sería la chica frente a la cámara cuando sonara “Gasolina”, sentí que el corazón no me cabía en el pecho. Ese momento en que Benito abrió la puerta de “La Casita” fue muy significativo. Es importante recordar de dónde viene el reguetón: antes de ser música global, fue la expresión de una comunidad discriminada y marginada en el Caribe y Latinoamérica durante muchos años. Me llena el corazón que tanta gente haya conectado con ese homenaje.

Cuando la cámara te enfocó en primer plano, ¿qué quisiste que el mundo viera de Cuba y de ti misma?
Es difícil responder eso, porque habría querido que lo vieran todo. Más allá de quién soy como bailarina, quería que vieran quién soy como persona y la isla tan bella que llevo conmigo adonde vaya. Que vieran no solo lo que ya hemos aportado al arte y la música, sino todo lo que aún tenemos por aportar. También quisiera que entendieran que el estado actual de Cuba no logra sostener la luz tan grande que lleva su pueblo dentro, y que necesitamos ayuda. Pero seguimos aquí, orgullosamente cubanos.

¿En qué momento tomaste conciencia de que tu baile representaba una historia colectiva: la de las mujeres afro-latinas y migrantes?
Desde niña he sentido que mi conexión con la danza va más allá de mí. Tuve la oportunidad de estudiar la historia de los bailes africanos, afrocaribeños e indígenas, y para mí es esencial conocer la cultura antes que los pasos. Estoy aquí gracias a mis ancestros, a quienes sobrevivieron al colonialismo y preservaron sus raíces. No ha sido una lucha fácil para la mujer afrolatina y migrante, y cargo esa historia conmigo. Espero que cuando me vean, se vean a ellas mismas y sepan que si yo estoy ahí, ellas también pueden estarlo.
¿Qué te hubiera gustado ver cuando eras niña y qué responsabilidad sientes hoy como referente?
De niña tuve muchas inseguridades sobre mi identidad. Crecí en una época donde la inclusividad no era tan común como hoy. Me habría gustado ver más piel morena, cabello rizado, nacionalidades diversas y cuerpos distintos. Me alegra saber que eso está cambiando. La mayor responsabilidad que siento hoy es seguir siendo auténticamente yo: ser la mujer que yo de niña siempre quise ver.

¿Qué significa para ti representar a Cuba en un escenario internacional como este?
Representar a Cuba en el Super Bowl con Benito es un sueño hecho realidad. Poder alzar mi bandera con orgullo en un momento tan importante cultural y políticamente es algo que nunca voy a olvidar.
¿Qué mensaje enviarías a otros artistas cubanos que sueñan con abrirse camino fuera de la isla?
Que nunca se hagan más pequeños para encajar. Recordemos que somos gente de música, de baile y de arte. Si logras salir de la isla, haz todo lo posible por cumplir tus sueños, no solo por ti, sino por quienes aún siguen soñando en Cuba.
¿Crees que experiencias como esta pueden abrir más puertas al talento latino?
Sí. Espero que este espectáculo haya demostrado que el talento latino merece plenamente su lugar en el escenario global.
¿Te gustaría explorar otras áreas del espectáculo?
Definitivamente me interesa la dirección artística y creativa. Me gustaría trabajar del lado coreográfico o en el desarrollo artístico en algún punto de mi carrera.
¿Hay colaboraciones que te ilusionen especialmente?
Desde niña he soñado con trabajar con Beyoncé y Rihanna. Me identifico mucho con ambas desde que descubrí su música y siempre he querido aportar a sus visiones artísticas. Además, espero expandir mi carrera hacia la actuación. Ya veremos qué viene después.












