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La experiencia artística ha marcado profundamente la vida de Yudexi de la Torre, quien ha dado vida a múltiples personajes que la confirman como una de las actrices más versátiles del teatro, el cine y la televisión.
Su talento, unido a la disciplina y la entrega, le ha valido el cariño de un público que ha acompañado su trayectoria a través de los distintos medios.
Mujer de firmes convicciones, vive su pasión por el arte como parte inseparable de su cotidianidad, integrando la actuación con otros roles —como el magisterio— que también contribuyen a fortalecer su prestigio y reconocimiento.
La artista, cuya obra está marcada por la originalidad, ha trabajado en importantes producciones que le han permitido desarrollar diversas facetas interpretativas. Su nombre aparece en los créditos de las telenovelas Entrega (2019), Vuelve a mirar (2021), Los hijos de Pandora (2022) y Sábados de Gloria (2025); las series Los gatos, las máscaras y las sombras (2025) y Emocionalmente subversivas (2026); así como en los largometrajes Café amargo (2012) y Mambo Man (2020).

¿La actuación te dio otra perspectiva?
La actuación se puede ver y conceptualizar de muchas maneras, viene siendo un universo particular. En mi caso, teniendo en cuenta que no pasé escuela y que irrumpí en este mundo cuando tenía un bebé de un año, la actuación me dio otra perspectiva de la vida. Salvó mis urgencias; a través de ella exorcicé los demonios.
Me permite canalizar añoranzas, deseos, incertidumbres, emociones, anhelos y sueños. Además, a través de ella entiendo tantas cosas que pudieran dañarme y otras tantas que pudieran hacerme feliz. Por lo tanto, viene a equilibrar esa ausencia, eso que puedo tener como falta de lo que necesito humanamente para viabilizar la vida. La actuación es y será siempre en mi vida lo que me ayuda a elegir caminos.
¿Qué decisiones fueron determinantes en los inicios de tu carrera?
Hubo momentos en los que tuve que determinar. Cuando estaba dedicada a la maternidad, tocaron a mi puerta para proponerme entrar a un grupo de teatro. Tenía 19 años. Entonces no tenía la madurez de pensamiento, pero sí una necesidad imperiosa de hacer arte. Una de las decisiones viscerales fue vincularme al teatro y dedicarle una gran parte de tiempo a mi formación.
Tuve que enfrentarme a la familia, específicamente a mi mamá, que no concebía que con un niño pequeño me pasara el día entero haciendo cosas que ella en ese momento no entendía. Tuve que estar firme en mis pensamientos y deseos para poder salvar mi deseo.
Con el paso del tiempo, mi mamá se ha dado cuenta de que fue la mejor determinación que pude tomar, porque he podido desarrollar mi carrera y ser feliz profesionalmente.

¿Qué porcentaje darías a la preparación y cuánto a la personalidad y a lo innato?
Creo que el actor no descansa, está en una búsqueda constante, y eso como consecuencia le brindará otros recursos que van más allá de su comodidad. Tiene que ser observador y constante.
La actuación es una profesión que se sostiene en el estudio. Un actor puede tener eso que llamamos talento innato, pero si no es preocupado, si no alimenta la curiosidad, si no entra en las profundidades del universo, no va a trascender lugares y espacios necesarios que van a ayudar a la grandeza de esa profesión.

Tu primera aparición en la pequeña pantalla fue en la telenovela Entrega. ¿Venías buscando la oportunidad de estar en este medio?
Tuve el privilegio de que me llamaran en un momento en que no lo estaba buscando. Fue un enorme regalo que sonara el teléfono de mi casa y que me propusieran un personaje para la telenovela Entrega, bajo la dirección de Alberto Luberta.
Tuve la oportunidad de trabajar junto a grandes actores como Nancy González, Patricio Wood, Clarita García, Ray Cruz y otros tantos de los que voy a guardar siempre el mejor recuerdo. Es algo que hay que agradecer, porque no es usual que tú vivas en otra provincia y te llamen para trabajar en un audiovisual en La Habana.
¿Qué descubriste en el interior de Hortensia?
En ese momento, cuando me proponen el personaje de Hortensia, dije que sí inmediatamente. Acepté sin pensar en las consecuencias de mi decisión, porque no tenía dónde quedarme en La Habana. Resolví esa situación gracias a la colaboración de Corina Mestre y Martha Ulloa.
Esta producción fue una universidad para mí, porque era la primera vez que iba a trabajar en una telenovela, donde tuve que aprender muchas cosas observando a grandes actores a mi alrededor. La técnica realmente no la dominaba y tuve que ir poco a poco. Con la ayuda del director general y de Osvaldo Doimeadiós, se me hizo más fácil y cómodo el proceso.
Aprendí a lograr equilibrios en la vida: tolerancia, empatía, humildad, perseverancia y estar siempre dispuesta a aprender de todo y de todos.
Aprendí de la técnica, de ese mundo de la televisión, y del personaje que me tocó. Hortensia me dejó muchas enseñanzas: que uno tiene que estar abierto a las cosas nuevas, que hay que oír y no dejarse llevar por lo aprendido. A veces, cuando haces las cosas por una rancia convicción, pierdes la capacidad de ser tú misma. Eso se lo debo a Hortensia: hay que actualizarlo todo, los sueños, la manera de pensar y la filosofía de vida.

Si te digo Sara y Nidia, ¿qué me dices tú?
Después de Entrega me quedé con muchos miedos, porque el actor siempre está expuesto. Era la primera vez que salía en un medio nacional donde me iban a ver directores y especialistas. Para suerte mía vinieron otras propuestas.
Inmediatamente, al terminar esta producción, me llamaron para la telenovela Vuelve a mirar, donde hice el personaje de Sara. Eso para mí fue una fiesta. Me dirigió Ernesto Fiallo.
Nunca pensé que Sara tuviera esa envergadura: era un coprotagónico. Es uno de los trabajos que recuerdo con mucho cariño. Tenía unas ganas enormes de comerme el mundo; todo me parecía poco. En un día hacía 17 escenas y estaba dispuesta a hacer 24. Tenía una disposición y unas ganas que hicieron de ese tiempo un momento feliz. Sara es un recuerdo que atesoro con cariño.
Inmediatamente vino la propuesta del personaje de Nidia. Creo que hice algo bien cuando Fiallo nuevamente se expuso a trabajar conmigo. Fue una experiencia rica hacer dos trabajos seguidos con diferencias puntuales. Sara era una muchacha dulce y romántica, y Nidia era una mujer que no sabía querer. Amaba mucho, pero no sabía transmitir ese cariño. Era una madre obsesiva y recia.
Soltar el personaje de Sara, que tenía unas vestiduras muy diferentes a la psicología de Nidia, fue actoralmente muy rico. Fue un aprendizaje total y es algo que le voy a agradecer siempre a Fiallo.

¿Estas experiencias tuvieron un valor particular en relación con otros proyectos en los que has participado?
Estos personajes fueron la preparación para tener un poquito menos de miedo a la hora de enfrentar un rol en la televisión. Ese miedo no se me quita: siempre que tengo que empezar un nuevo proceso siento que me falta algo, me cuestiono mucho.
¿Protagonizar la telenovela Sábados de Gloria le dio un mayor impulso a tu carrera?
En Sábados de Gloria hice mi primer protagónico, y eso asusta porque es una gran responsabilidad. Pero, por suerte, que el personaje fuera coral me allanó el camino. Trabajar bajo la dirección de Tamara Castellanos le impregnó una visión femenina a la puesta en escena.
¿Los actores esperan la validación del público o de la crítica especializada?
La actuación es una profesión que nos mantiene todo el tiempo expuestos a la mirada del otro. La aceptación para mí no es sinónimo de que todo lo que haga sea bien recibido, pero sí recibido de una manera que, aunque llegue la crítica —de cualquier persona— sea constructiva.
Cuando estoy haciendo un trabajo, tengo miedo de cómo va a llegar al público, el que constantemente te reconoce, y eso es importante. Por supuesto que valoro el criterio de los especialistas, que también parte de una apreciación particular. El actor tiene que estar preparado para la visión del otro.
El arte es de apreciación y cada quien tiene maneras y gustos diferentes. Uno trabaja desde la visión que tiene para el personaje. Esa controversia y polémica que puede despertarse a través de un trabajo es muy enriquecedora.

¿La actuación te ha sacado rasgos de los que te gustaría desprenderte?
Me ha ayudado a reconocerme no solo como persona, sino también como profesional. Más que desprenderme de cualquier rasgo que no me guste, quiero aprehenderlos para bien: saber lo que no debo hacer en un momento determinado y saber lo que debo explotar en otros.
¿Existe una distancia considerable entre las maneras de hacer dramatizados en radio y en televisión?
Después de haber hecho dramatizados para la televisión nacional, uno va definiendo mejor la técnica a emplear en cada medio. La radio me gusta mucho porque todo lo das con la voz. Tienes que ser capaz de sugestionar al otro con tu manera de hablar, con el tono y las emociones que puedas transmitir. Eso es divino para un actor.
Por supuesto, hay diferencias abismales entre una cosa y otra. En la televisión te usas total: es imagen y voz. En ese sentido, tuve —y todavía estoy— que aprender a encontrar la unidad funcional entre la manera de moverte, gesticular y expresarte corporalmente con el tono a emplear.
Si no hubiese hecho radio, habría sido más difícil enfrentar la televisión y el cine, porque la radio te obliga a dominar los tonos, las emociones y a controlar las riendas.
En la televisión, al igual que en el cine, te ayuda la mirada; ese lenguaje corporal aporta mucho, pero tienes que encontrar el equilibrio para que haya una unidad que funcione. Los dos medios los quiero y no quisiera abandonarlos, aunque hace un tiempo, por compromisos que han surgido, he dejado reposar la radio.

Has interpretado personajes de todo tipo. ¿Cuál de tus trabajos puedes ver sin cansarte?
Es bueno tener una visión como espectador del trabajo que realizas. No soy de ver lo que he hecho, porque uno va evolucionando no solo en el ámbito profesional, sino también en el personal. Esa evolución te lleva a ser más exigente y a tener una apreciación más elevada.
Estamos en la era de las redes sociales. ¿Te ha resultado difícil adaptarte a lo digital?
Soy consciente de la importancia que tienen hoy las plataformas digitales, incluso a la hora de conseguir oportunidades laborales. Debo confesar que, en ocasiones, me resulta difícil sostener de manera constante la información y la promoción, incluso cuando se trata de la labor que realizo. Me cuesta trabajo; llega un momento en que me quedo sin armas en ese sentido.
¿Hay algo que anheles hacer profesionalmente y que todavía no te hayan ofrecido?
Agradezco profundamente cada propuesta que llega a mis manos. El actor tiene que alimentar constantemente su capacidad intelectual, nutrir su inteligencia y sus habilidades para encontrar resortes diferentes para cada personaje, aun cuando respondan aparentemente a una misma psicología. Por lo tanto, hoy anhelo trabajar. Anhelo que Yudexi no pierda la necesidad de decir cosas y de crecer.

Si pudieras hacer solo cine, ¿sacrificarías los otros medios?
No. Cada uno te brinda oportunidades diferentes; encuentras maneras distintas y transgredes zonas que desconocías. Hay un denominador común: en cualquiera de los medios aprendes y creces. Por lo tanto, no sacrificaría uno para dedicarme totalmente a otro. Esto tiene que ver también con las propuestas que llegan.
Próximamente te veremos en la serie Emocionalmente subversivas. ¿Cómo te convenció Elena Palacios de formar parte de este audiovisual?
Cuando uno trabaja por primera vez con un director, queda a la expectativa de qué pasará después. Por suerte, Elena Palacios me volvió a llamar para estar en la serie. Ha sido un regalo poder compartir nuevamente con ese equipo.
Estoy deseosa de que se estrene para ver cómo la recibe el público, porque Elena siempre tiene una manera profunda, aguda y romántica de ver las cosas. Con este audiovisual va a mostrar una visión sobre aquello que en la vida te hace bien o no; una mirada diferente del ser humano, que no hay que verlo siempre en “blanco o negro”. Es una serie en la que los grises existen.

Entre todo lo que haces, ¿qué tiene más peso en este momento?
Cuando vengo a trabajar a la televisión nacional dejo en pausa otras cosas que puedo desarrollar desde mi ciudad de Bayamo, como el magisterio, la radio y el teatro.
En la actualidad, la televisión abarca una gran parte de mi tiempo, porque un dramatizado de este tipo demanda varios meses de rodaje. Se disfruta igual, porque esto es lo que a uno le gusta hacer.
En estos momentos formo parte del elenco de una nueva telenovela titulada Mujeres de café, dirigida por Ernesto Fiallo.












