Imaginemos un solo instante que Cuba se hubiera convertido en el sueño americano.
Esa Cuba se habría reencontrado, finalmente, consigo misma, después de haberse desviado de su curso normal por una especie de gran falta de ortografía en la escritura de su historia llamada “la Revolución”.
La Habana volvería a ser, como antes, una ciudad rutilante, colmada de bares, night clubs, casinos, donde negros, mulatos y blancos, vestidos de lino y jipijapas, exhibían su elegancia ante los deslumbrados visitantes del Norte, como se puede ver en tantas películas de los años 40 y 50. Un sitio encantado donde una joven empleadita (Weekened in Havana, 1941) o una misionera religiosa (Guys and Dolls, 1955) viven un romance en medio de noches de luna, vistas del malecón, música pegajosa y gente sensual que baila sin cesar.
Renacería esa capital bulliciosa y picante, especie de Casablanca del Caribe, que compite en candilejas con Las Vegas, colmada de artistas del showbiz, donde estrellas de Hollywood como George Raft en el Hotel Capri y hombres de negocios visionarios como Meyer Lansky en el Havana Riviera les abrían las puertas de sus casinos a quienes quisieran vivir la emoción del juego, no importa su origen, clase o color de la piel; ni si eran ricos o no, pues había sitio para todos.
De manera que, en vez de un millón de visitantes del Norte, como en 2016, descenderían varios millones sobre la isla, aprovechando la cercanía que nos reúne prácticamente como regiones de un mismo país. Podría ser por apenas un fin de semana, un viernes o un sábado, a disfrutar de ese lujo tropical, y a darle vacaciones a la conciencia, con ciertos placeres no bien vistos allá; y retornar el domingo a sus iglesias evangélicas, vidas familiares, vecindarios suburbanos de clase media, donde todo el mundo se sonríe, respeta la ley y se comporta de manera decorosa.
A esta Cuba habrían retornado, en primer lugar, todos aquellos negocios de EE.UU. que se habían tenido que ir, arrastrados por un conflicto en espiral que había rebasado el punto de no retorno en el camino de la guerra, con la aprobación del plan de invasión por Bahía de Cochinos, seis meses antes de las nacionalizaciones masivas.
Estas propiedades abarcaban dos tercios de la economía cubana, consistente en 90 % de la electricidad, toda la telefonía, la mayoría de la industria minera, refinerías de petróleo, embotelladoras, almacenes, junto a 809 500 hectáreas de tierra, que incluían 80 % de las mejores plantaciones de caña de azúcar. Además de hoteles, propiedades comerciales, residencias privadas, cuentas de banco, barcos.
La indemnización por las propiedades nacionalizadas en 1959-60, según preveían las leyes cubanas de entonces, alcanzaba los 956 millones de dólares, valorización calculada por Cuba con base en el valor de la declaración fiscal de las corporaciones y reconocida por el Departamento de Comercio de EE.UU.
Sin embargo, el gobierno de EE.UU. habría pactado con el nuevo gobierno de la isla un trato muchísimo más ventajoso, en los términos de la Cuban Liberty and Democratic Solidarity (Libertad), más conocida como Ley Helms-Burton: su devolución íntegra a las más de 8 mil empresas nacionalizadas, equivalentes a 9 mil millones, según cálculo de EE.UU. en 2024, incluyendo intereses por los daños y perjuicios causados, las ganancias dejadas de obtener, así como por la demora en hacerlo.
En esta nueva Cuba, el principal organismo económico asesor del gobierno sería el Consejo Supremo del Exilio Patriótico Cubano-Americano, SUCOCAPAX (por sus siglas en inglés, Supreme Council of Cuban-American Patriotic Exile), formado por una representación de 25 empresarios, banqueros, comerciantes de bienes raíces, brokers de la NY Stock Exchange, listados por la revista Forbes entre los principales multimillonarios de origen cubano, residentes en EE.UU. y en Cuba.
Los golden boys de la SUCOCAPAX, como los llamaría jocosamente el pueblo, se encargarían de orientar la primera etapa de la transición (2026-2050), así como de depurar del Estado cubano todos los vestigios del sistema comunista.
En efecto, la transición cubana tendría como premisa, según la letra de la Helms-Burton en su título 2, la disolución de los aparatos de seguridad del MININT, equivalentes al FBI y la CIA; de los CDR y demás “organizaciones de masas” del régimen; además del reintegro de todas las propiedades nacionalizadas a los cubanos, sus residencias particulares, clínicas, colegios, edificios de apartamentos, medios de prensa, estaciones de TV y radio, clubes y playas privadas, fincas, fábricas…
Aparte de los cubanos afectados por las nacionalizaciones desde la Reforma Agraria (mayo 1959), recuperarían sus propiedades perdidas todos los perjudicados por el Estado totalitario desde enero de 1959, según dicta la propia Ley.
Es decir, todos aquellos cuyos bienes fueron confiscados por aquel Estado, con el argumento de haber sido malversados, incluyendo los de las familias del presidente Fulgencio Batista y sus colaboradores más cercanos, entre ellos algunos tan ilustres como los Díaz-Balart.
Las agencias que combaten el narcotráfico en EE.UU. les enseñarían a los nuevos aparatos de seguridad cubanos cómo combatir los cárteles de la droga; y el gobierno de EE.UU. enviaría a Cuba a los Cuerpos de Paz (Peace Corps) para ayudar a recuperarse a las comunidades campesinas y a los que sufren pobreza, analfabetismo, atraso, enfermedades.
Un paso primordial en la transición hacia esa nueva Cuba sería la constitución de un sistema multipartidista. Este no discriminaría a ningún partido por razones ideológicas, bajo la regla de oro de la competencia electoral, especialmente los surgidos al calor de la lucha por la libertad, pero también los viejos, que en los años de la República mantuvieron una vocación democrática, lo mismo liberales que conservadores, auténticos que demócratas-cristianos.
Los que sí estarían definitivamente excluidos de este sistema pluralista serían los castrocomunistas, así como todos los que avalaron con su respaldo al antiguo régimen, aunque no militaran en sus filas. Ninguno de ellos merecería contarse entre las filas del “con todos y para el bien de todos” que decía el Apóstol.
Un caso aparte sería el de aquellos que tuvieron responsabilidades en aquellas organizaciones criminales, como el PCC, o los militares que controlaban la economía cubana, pues el peso de la justicia caería sobre ellos. Ninguno quedaría impune. Como lección para que ninguna ideología izquierdista pudiera entronizarse de nuevo en nuestra patria.
Los que sí merecerían reconocimiento, por sus extraordinarios méritos a la causa de la democracia y la libertad, serían los anticastristas que se mantuvieron activos en la lucha contra el régimen, no importa cuál haya sido su peso real y convocatoria. Ese reconocimiento y la autoridad que se deriva de su ejemplo cívico y político serían inseparables de su lugar en la nueva Cuba.
Acorde con los postulados de la Cuban Liberty and Democratic Solidarity, de las banderas de la oposición anticastrista y, en particular, de los juristas pioneros que anticiparon una próxima Cuba democrática y liberal, resultaría imprescindible una nueva Constitución, en consonancia con todos estos cambios de fondo.
Para prevenir que ese nuevo orden se apartara de su curso normal, y volviera a caer, aprovechando el pluralismo democrático, en la seducción populista que caracteriza a las izquierdas, esta Constitución blindaría los resguardos constitucionales que mantendrían a Cuba en un régimen republicano liberal.
Entre esos resguardos estaría la articulación especial que la ligaría con los EE. UU. Según el artículo 5, que algunos llaman la “Enmienda Rubio”, en honor a uno de los mentores de esta nueva Cuba americana, la nueva república estaría estructuralmente ligada a su Big Brother del Norte.
No a la manera de la tan vilipendiada Enmienda Platt, ni al modo de un estado libre asociado, como Puerto Rico. Aunque ambos paradigmas pueden reunir muchas más virtudes que defectos.
No olvidar que los cubanos del primer tercio del siglo XX vivieron el periodo de mayor expansión económica que se recuerda desde el boom azucarero-esclavista de 1790-1830, precisamente a la sombra de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad (1903); y que esa feliz etapa de vacas gordas naufragó en el caos de la revolución comunista de 1930. Tampoco olvidar que Puerto Rico ha sido el estado más próspero del Caribe, gracias a su vínculo especial con EE. UU., adonde todos los boricuas pueden viajar sin necesidad de visa.
La nueva Cuba americana no estaría asociada o anexada a la Unión, sino más bien a la inversa: EE.UU. volvería a ser parte de la economía, la civilización tecnológica, la modernidad y los adelantos sociales, culturales y urbanísticos que una vez caracterizaron a la isla. Los que la convirtieron en una nación cosmopolita y un modelo de progreso en las Américas.
Cuba no perdería un ápice de su independencia y soberanía, sino seguiría siendo un faro de desarrollo autónomo, en alianza con el capital de EE.UU., y con una clase política fuerte y democrática, como la brotada del retoño cubano en el exilio e injertada en el tronco de la gran nación americana.
A cambio de este arraigo en suelo cubano, Cuba le aportaría a EE.UU. el carácter de un aliado excepcional, como parte de esta renovada special relationship.
Como botón de muestra, se renegociaría el Tratado de 1934 sobre Guantánamo, de manera que la base aeronaval se extendiera al conjunto de la bahía y algunos terrenos adyacentes, para crear el enclave estratégico militar más potente y el polígono de pruebas de las tecnologías de última generación más avanzado. Donde las flotas de superportaviones nucleares llamados “bases flotantes”, las divisiones de aviones tripulados por IA llamados “Skywalker robots” y los sistemas de armas aeroespaciales y de guerras cibernéticas tendrían su cuartel general.
Desde esa base de Guantánamo corregida y aumentada, EE. UU. desplegaría la reconquista de las Américas, con el concurso de Cuba.
Para el final queda el tema de la revolución cultural.
Toda la historia de Cuba, no solo la de los últimos 67 años, tendría que expurgarse y reescribirse, para corregir la gigantesca tergiversación de nuestro legado cultural, puesto en función de la ideología del régimen.
El olvido de nuestros músicos que no se sometieron a esos dictados y partieron al exilio, desde Ernesto Lecuona hasta Bebo Valdés. La censura de artistas plásticos, desde Cundo Bermúdez hasta Tomás Sánchez; de narradores como Enrique Serpa o Uva de Aragón; de poetas como Agustín Acosta o Gastón Baquero. Ninguno de esos grandes artistas ha estado al alcance de las diez últimas generaciones de cubanos.
Esa ingente tarea empezaría desde abajo, en las escuelas primarias, donde los nuevos libros de texto recuperarían los valores culturales esenciales de esa Cuba americana que regresaría, junto con todo lo demás.
Nota bibliográfica:
Aunque este artículo cultive el género de política-ficción, en su mayor parte se basa en fuentes realmente existentes.
Las principales son la Ley Helms-Burton (1996), los informes de la Commission for Assistance to a Free Cuba (2003, 2004), las declaraciones del presidente Trump y el secretario de Estado Rubio, así como el “Acuerdo de Liberación” firmado por organizaciones del exilio (2 de marzo, 2026).
El papel de la élite cubanoamericana en la nueva Cuba se basa en reportes de TV acerca de encuentros recientes de “multimillonarios para definir su papel en la Cuba postcomunista”; así como en entrevistas a algunos de sus principales líderes.
En cuanto a la imagen de la Cuba anterior a 1959, modelo ideal al que se proyecta regresar, resumo imágenes de numerosos reels, minidocumentales, clips que circulan ahora mismo en redes sociales.
Como dicen por ahí: “Hay para comer y para llevar”.














Esto es un sarcasmo gigante o una propuesta?
Es un arrepentimiento engánchandose al último vagón, una salida del armario o una parodia?
Lo digo porque con el nivel de yusimisleydis, brayans y yusnabis (con perdón de quienes se nombren así y piensen) y en estos momentos, este tipo de textos suenan muy ambiguos y son creíbles dada la estupidización progresiva en ambas orillas.
Ese es el paso más avanzado en lo cultural de todo lo que anuncia.
A lo mejor entre intelectuales se nota la ironía.
Quienes hayan visto esas películas y lo falso del decorado y entorchado, el lujo edificado sobre la miseria y despojo de millones, que fue ilustrado y cuantificado no por los comunistas sino por organizaciones católicas y la OEA. Esos entenderían lo cínico de esos conceptos (sigo pensando que es un sarcasmo, verdad?) Pero muchos otros sí que se creen esos argumentos y cuentos así mismo. A qué público desea llegar el autor? O satisfacer a ambos?
No son tiempos de mensajes que confundan.
Son tiempos muy graves. Cuba está a un pelín de atravesar un momento más difícil y sangriento que la guerra de 1895. La guerra incluye todas las miserias y plagas del género humano, además de las bombas. Y la rendición y desorden para evitar la guerra nos llevarían a algo igual de malo y triste.
Iraq se vio abandonado porque muchos no querían luchar por Saddam Hussein. Pero luego tuvieron que luchar desorganizadamente por sí mismos para echar a los ladrones del tesoro nacional, que se tomaron fotos con los lingotes de oro, a los violadores que se tomaron fotos violando a las mujeres, a los asesinos sádicos y torturadores…
Resultado, un millón de muertos, muchos de ellos se mataron entre sí, impulsado por otros.
Muchos afganos no querían luchar por los fanáticos talibanes.
Hay un grupo en Miami que pide sangre todos los días. Cenan con Rubio, Trump va a sus actos. Recordemos a Tony Sicilia o a Jiménez Escobedo.
Alguien cree que no serían los futuros capos?
Las maras, los narcisista, los esbirros de mañana? Algunos de ellos ya lo son o sus ancestros lo fueron. “Batista es un hijo de p**a pero es nuestro hijo de p**a” dijo alguien en USA. “Plata para los amigos, palo para los inconformes y plomo para los enemigos” fue una “ilustre” frase de entonces. Queremos más hijos de p**a así en Cuba?
El odio no cura nada, enferma más el espíritu. Sea el odio al comunismo, el odio al imperialismo o a los reptilianos.
Yo leo todos sus textos con gran interés. Es usted un gran intelectual y OnCuba un medio muy bueno, necesario, plural. Pero éste me ha dejado muy preocupado, como mi nickname. No son tiempos de humor tan inteligente que confunda. Digo, si es jugando.
Si no, lo remito a lo q era Batista.
Preocupado, creo que no percibiste la parodia.
En realidad, es un escenario hipotetico con tintes de lo que ya sucedio y de lo que podria suceder. George Raft y Meyer Lansky ya no existen….ni ninguno de los casinos que alguna vez existieron.
Esto me trae a la mente varias anecdotas con turistas que presurosos visitaban la Habana en aquellos dias luminosos del “deshielo”. Al preguntarles cual era su motivacion para visitarnos, su respuesta era “queremos ver Cuba antes de que lleguen los “americanos”…parece que ellos esperaban un “desembarco” de Starbucks, Macdonalds, KFC, etc. Yo les sonreia…y pensaba en su ingenuidad.
ja,ja…y pensar que aun existe gentes,cubanos como Colorao y usted !!! No se ha enterado que la fabula del comunismo,cayo ?? Que la historia le paso por arriba ?? No se ha enterado que la Revolucion cubana solo fue un ejercicio del Ego en Jefe para proyectar su mente enferma sobre un pais al que destrozo,humillo,casi desaparecio ?? Que el mundo no va para atras ,sino hacia adelante ?? Ese cuadro de “miseria moral ” de catastrofe nacional ,es el ultimo recurso de los ciegos militantes que aun no han comprendido que el mundo liberal,con sus luces y sombras,es el camino mas viable segun muestra la historia !!
Por supuesto que habrá quienes no se den cuenta de la ironía o parodia y hasta crean que esto es la descripción tangible de lo que fue y será. Leo sus opiniones a diario en FB.
Esta ironía o parodia se parece cantidad a la realidad que puede muy probablemente llegar a ser. Y a nadie le importará mucho ni cuestionará la democraticidad del SUCOCAPAC o grupito con el poder real y final en Cuba elegido por Forbes.
Ahí se ve lo que advertí. Recuerden que estamos tratando con una sociedad mundial que cazaba pokemones y celebra congresos de terraplanistas.
Que en Cuba una parte de la sociedad tiene pánico a la cascarilla o a las camisas a cuadros, cree en los cuentos de la revista Hola! o los videos de XXX, las novelas turcas o letras del reguetón, imagina que siempre será el triunfador/ra y si no tiene ninguna oportunidad lo achaca a sus propios defectos “por culpa del comunismo”. Ah, si triunfa es “gracias a Dios”, no a su familia, los maestros o sistema (que Dios permite que existan, si vamos a ser creyentes)
No es el momento de ironías demasiado finas.
Insisto, Cuba está al borde de un abismo. Se necesita una comunicación que estremezca y que impacte, que disuada de acontecimientos absurdos, crueles y no reversibles. No importa la ideología que pueda tener cada cual, los resentimientos personales por agravios sufridos, o cualquier otro resquemor, con sufrimiento y fuego no se logrará nada bueno y pueden aparecer fenómenos peores ahora incipiente o nulos.
Cuba evoluciona natural y firmemente al estadío más acorde a sus condiciones reales y contexto, al desarrollo de sus fuerzas productivas y valores morales de su sociedad social y futuro cercano.
Toda intervención violenta foránea distorsiona esa evolución e incluso la frena en ciertos puntos.
Puede acelerar la instalación de paneles solares o la apertura a inversiones cubanoamericanas, pero…
En realidad cuántas no había ya de trasmano?
Cuántas habrá ahora en medio de amenazas? Cero
Los paneles iban de todas formas, desde hace años se están creando los campos de paneles, el movimiento de tierra, etc. Y es lo único positivo de toda esta crisis.
Vietnam fue mucho más crudo con quienes se oponian al PCV. Tuvo una guerra con los USA y sus aliados, con millones de muertos de 14 países. (No se habla de las numerosas tropas tailandesas, surcoreanas, taiwanesas, malayas, australianas, colombianas… que pelearon junto a los USA en Vietnam, con su cuota de bajas y crímenes)
Tuvo un fuerte bloqueo económico y subversión.
Y sin embargo los vietnamitas de ultramar invierten, hasta Trump pone un hotel en Hanoi.
Todo ello llegó como evolución natural en el tiempo. Y a nadie le molesta por ahora el PCV.
Esa misma evolución es la que necesita Cuba.
Y Estados Unidos. Y la diáspora cubana.
Las bombas no traerán el cuban dream.
Hola, tienes mucha razón. La sociedad actual (incluyo a la cubana) quizá ya no cace pokemones, pero sigue dedicando demasiado tiempo a lo que los “influencers” difunden, con muy poca capacidad de análisis y criterio para discriminar qué es verdad y qué es imaginario o contradictorio. Como dices . Y no es bueno para nadie que más personas, machucadas por las necesidades y las carencias diarias, se confundan y puedan ver un “salvador” donde lo que hay es uno con el grillete listo para colocártelo.
Creo que el autor de este artículo no estaba “haciendo un ejercicio de periodismo imaginativo”. Para mi es una “PAJA MENTAL” con lo que realmente él quisiera que fuera nuestra CUBA DEL FUTURO. Describió, paso a paso, la hoja de ruta de cómo imagina la gusanera de Miami lo que sería nuestra Cuba después de ser tomada por Estados Unidos nuevamente. Creo que disfrutó escribiendo e imaginándose a sí mismo en medio de esa realidad alternativa donde, de seguro, él ocupa un lugar destacado y cómodo. Seguro se vino y todo antes de terminar de escribir.
Más que “disfrutar” leyendo, pasé de un encabronamiento a otro mayor a medida que avanzaba la lectura y me daba cuenta de las intenciones del autor.
Con “ayudas” como esta, bien jodidos estamos. No necesitamos más “enemigos”.