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Después de que el secretario de Estado Marco Rubio calificara de “noticia falsa” el reportaje del New York Times que reveló que Washington exige la salida del presidente cubano Miguel Díaz-Canel como condición para avanzar en las negociaciones bilaterales, el periódico respondió de forma directa e institucional: sus periodistas contactaron al Departamento de Estado antes de publicar, no recibieron ninguna objeción a los hechos, y hasta ahora nadie —incluido el propio Rubio— ha presentado una refutación de los hechos.
“Secretario Rubio: Como señala nuestro artículo, este reportaje se basa en conversaciones con cuatro personas familiarizadas con las conversaciones de EE.UU. con Cuba. Nuestros periodistas contactaron a su Departamento de Estado para solicitar comentarios mucho antes de la publicación y no recibieron ninguna objeción a la información que estábamos dando a conocer. Ni usted ni nadie más ha presentado una disputa factual al reportaje. Nuestro reportaje es real y preciso.”
— Charlie Stadtlander, portavoz de The New York Times
“Ni usted ni nadie más ha presentado una disputa factual al reportaje. Nuestro reportaje es real y preciso”, escribió Charlie Stadtlander, portavoz del Times, en un comunicado dirigido explícitamente al secretario de Estado y difundido a través de la cuenta oficial NYTimes Communications en X.
La declaración llega en respuesta a los ataques de Rubio del martes, cuando el jefe de la diplomacia estadounidense tachó el artículo de “fake news” y acusó a los medios norteamericanos de apoyarse en “charlatanes y mentirosos”.
Marco Rubio desmiente a The New York Times por supuestas exigencias de EEUU a Cuba
Rubio había señalado ese mismo día que las reformas recién anunciadas por La Habana no constituyen un cambio “lo suficientemente drástico” y no lograrán reparar una economía fallida.
El reportaje original, publicado el lunes 16 de marzo, citaba a cuatro fuentes familiarizadas con las conversaciones, según las cuales los negociadores estadounidenses habrían comunicado a la parte cubana que el presidente debe retirarse, aunque dejando en manos de Cuba la decisión sobre cómo ejecutar ese paso.
Según el diario, la propuesta no implicaría presión sobre la familia Castro, aún percibida como el verdadero eje del poder en la isla.
“El movimiento derribaría a una figura clave, pero mantendría en el poder al represivo gobierno comunista que ha gobernado Cuba durante más de 65 años. Los estadounidenses han señalado a los negociadores cubanos que el presidente debe irse, pero están dejando los pasos siguientes en manos de los propios cubanos, dijeron las personas consultadas. Hasta el momento, Estados Unidos no está presionando para que se tomen medidas contra los miembros de la familia Castro, quienes siguen siendo los principales actores del poder en el país, según dos de las fuentes. Esto concuerda con el deseo general del Sr. Trump y sus asesores de imponer el cumplimiento del régimen en lugar de un cambio de régimen en su política exterior”, publicó el Times.
La controversia se desarrolla en un momento de máxima tensión. Trump llegó a declarar el lunes que tendría “el honor de tomar Cuba”, que podría hacer “lo que quisiera con ella”. En respuesta, Díaz-Canel subió el tono y acusó a la Administración Trump de querer “adueñarse de Cuba” y “derrocar por la fuerza el orden constitucional” en la isla —un giro notable respecto al enfoque más cauteloso con que el propio mandatario cubano confirmó las con EE.UU. el 13 de marzo.
El intercambio entre Rubio y el Times pone en evidencia la opacidad que rodea los contactos entre Washington y La Habana, donde la información fluye a través de filtraciones a medios —no de declaraciones oficiales— y donde cada parte maneja el relato público de manera táctica.
Quizás lo más significativo de la réplica del Times es la afirmación de que el Departamento de Estado tuvo la oportunidad de negar los hechos antes de la publicación y no lo hizo. Esa ausencia de desmentido previo, ahora convertida en argumento periodístico, complica la postura de Rubio. Muchos se preguntarán por qué, si el reportaje era falso desde el principio, el gobierno de EE. UU. no lo dijo antes.











