El narrador, dramaturgo y realizador radial José Luis García, una de las voces peculiares de la literatura contemporánea cubana, murió este jueves en Holguín, a poco de cumplir 71 años.
En su obituario, la editorial Letras Cubanas ha subrayado que su “pluma incisiva supo transitar con igual destreza entre el cuento, la novela y las tablas”, a lo que habría que añadir que también brilló en el periodismo cultural y la radio nocturna, la cual, como escribiera el periodista argentino Jorge Fernández Díaz, es a fin de cuentas otra forma de la literatura.
A lo largo de su carrera, José Luis García, que había sido ajedrecista pero que estaba signado por la literatura, acumuló lauros que avalan su talento. Entre ellos, la Mención que obtuvo en 2001 en el premio Casa de las Américas por su obra Historia de una foto.
Antes, había alcanzado ya dos Premios de la Ciudad de Holguín por igual número de colección de cuentos, Los silencios del ruiseñor y Apuntes de un cazador, 1991 y 1998, gracias a los que se alzó como una voz identificable en el panorama literario por el uso del humor y el erotismo.
El reconocimiento que coronó su trayectoria literaria, apunta Letras Cubanas, llegó en 2021 cuando su nombre emergió entre los ganadores del Premio Alejo Carpentier en el género de novela, el galardón más importante que concede el Instituto Cubano del Libro (ICL).
Dicho premio le llegó con la novela El auriga del carro alado en un momento en el cual García transitaba una circunstancia existencial difícil, como si su vida fuera también reflejo del descalabro de la sociedad sobre la que tanto escribió, desde el disfrute, el amor, y el padecimiento.
En las páginas del El auriga del carro alado, José Luis construyó una historia compleja de amistad entre dos hombres maduros, utilizando como columna vertebral la célebre alegoría de Platón sobre el auriga que debe conducir su carro alado dominando los dos caballos que tiran de él: uno que representa los instintos más elementales y otro los más elevados, según ha recordado Letras Cubanas.
Se trata de “la historia fabulada de una isla, con incursiones en la filosofía y el género policial, que el propio autor definió como una “elucubración” sobre posibles eventos futuros, una distopía que no rehúye los problemas universales que aquejan a los seres humanos”.
También fue merecedor del Premio Latinoamericano de Teatro George Woodyard (EE.UU., 2008) por su sainete Noche cubana, una pieza que los jurados describieron como “brillante por su humor, diálogos dinámicos y su juego contemporáneo con la tradición del teatro bufo cubano”.
En teatro, además, dejó títulos como El hombre de los guantes amarillos (Premio de la Ciudad de Holguín) y El amor es una cosa esplendorosa.
Su estilo, según contaba en entrevistas, se nutrió de su voracidad como lector, hecho que le hizo admirador de autores como William Faulkner, John Updike, García Márquez, Norberto Fuentes o George Orwell.
Desde la radio provincial, especialmente en la CMKO y Radio Holguín, García promovió la literatura y defendió las raíces de la música cubana en diversos espacio, fundamentalmente nocturnos, como Convergencias.
Allí difundió nuevas voces y promovió temas de importancia para la cultura cubana, y no dejó de hablar de voces proscritas o controversias culturales que tuvieron lugar en los últimos años debido a la censura.

García también dejó huella en el periodismo, con colaboraciones en diversos medios de prensas, desde Juventud Rebelde hasta el semanario local, Ahora, o en publicaciones de la UNESCO.
Recientemente había visto la luz en Estados Unidos su novela Ambiente de saxofón (Ediciones Shamisen), que según la contraportada, escrita por nuestro coterráneo Emerio Medina, “confirman su magisterio narrativo”. Porque también José Luis García era eso, un maestro peculiar, esquivo y controversial, discreto.












