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Parecía imposible: calor sofocante, problemas serios de transporte, etc. Pero ahí estaban, artistas de varias generaciones, niños y adultos empeñados en ganarle un sábado a la rudeza cotidiana, a la desesperanza.
Todo empezó en abril por una invitación del Espacio Barcelona a Moisés Finalé para mostrar una de sus obras no exhibidas en el recinto de estos jóvenes artistas en Centro Habana, una suerte de taller renacentista donde todos hacen de todo, de cara a la población de la zona.
En esa ocasión, Jalisco Park fue a dar a uno de sus muros, y el artista tuvo un encuentro cálido con un público interesado y diverso con el que intercambió anécdotas y saberes. Y hubo tan buena onda entre todos, que Finalé, a su vez, instó a los jóvenes que allí se forman y realizan sus obras, a sumarse a algunos de sus proyectos. Entre otros, El cartón como pretexto, que tuvo lugar el pasado sábado en La Mina, centro de reciclaje situado en la calle Consulado.

Yamilé Tabío, representante y esposa del artista, nos comenta que “la propuesta consistió en la realización de máscaras inspiradas en referentes del arte africano, utilizando como materia prima fundamental el cartón reciclado. Este enfoque no solo dialogó con la obra de Moisés Finalé, quien ha incorporado en su producción visual la estética y simbología de las máscaras africanas, sino que también refuerza la filosofía de reutilización y resignificación de los materiales que caracteriza a La Mina.”
Y abunda: “El taller se concibió como un espacio participativo donde los niños pudieron explorar su creatividad a través del trabajo manual, al tiempo que incorporaron nociones básicas sobre reciclaje, sostenibilidad y cultura visual. A partir de una breve introducción sobre las máscaras africanas y sus significados, y la visualización de algunas piezas provenientes de ese continente, pertenecientes a la colección de Finalé, los participantes intervinieron plantillas caladas y dibujos en blanco y negro de un libro realizado por el artista para la ocasión, que se fueron uniendo y pegando en los cartones hasta transformarse en máscaras que respondieron al imaginario de los participantes.”

Finalé comenzó a hacer este tipo de talleres en La Habana, durante la década de los 80. Luego lo siguió realizando en el Museo de Arte Contemporáneo de Estrasburgo, durante una muestra personal, y en otros lugares de Francia.
“El cartón —nos dice— está presente en mi obra: lo recojo, lo reelaboro, lo trabajo. Aparece cosido a los lienzos, como una suerte de esculturas planas. Mi relación con la tematica africana viene desde la juventud, cuando llegué a París. Comencé a comprar y a cambiar por mi trabajo artístico estatuillas y máscaras, a estudiar su procedencia y su significado dentro de los grupos humanos a las que pertenecen. Son indagaciones curiosas, sin entrar en profundidades antropológicas o de otro tipo, que no pretenden más que reforzar la apreciación estética, y reinterpretar esos objetos elaborados a mi forma, mezclándolos con otras culturas, lo que da un carácter ecléctico al resultado final.”




Este taller en La Mina tiene su antecedente en un libro de artista que Finalé, partiendo de su colección en Francia, realizó para que los niños lo “trabajaran” a modo de un libro de colorear. “Los africanos que fueron traídos como esclavos a Cuba —dice Finalé— no dejaron ese tipo de manifestaciones artísticas, y por eso el taller también tuvo el propósito de presentar a los niños asistentes piezas apreciables procedentes de Angola, Mali, el Congo…, explicarles su sentido, su carga espiritual.”
El artista se auxilió del equipo del Espacio Barcelona para realizar previamente plantillas bidimensionales, aprovechando la energía de ese colectivo, por lo que el taller tuvo su inicio o primera fase con los jóvenes artistas que luego asistirían al maestro de cara a los niños. De hecho, Finalé tuvo que controlarlos, pues su creatividad es tan desenfrenada que por poco realizan las versiones de las máscaras ellos mismos.


podrán pasar por ellas. Foto: Patrick Mena.
Como parte del procedimiento, los talleristas tomaron de una caja donde previamente se habían reunido ojos, bocas y otras partes del cuerpo, dibujadas y recortadas con anterioridad, para pegar ad libitum a sus máscaras. Según Moisés, el resultado fue formidable.
Le he preguntado a Roniel Llerena, líder del Espacio Barcelona, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad, cómo valora esta nueva relación de trabajo con un consagrado como Finalé, cuando el centro arriba a sus 16 años de labor ininterrumpida.
Él me dice: “El encuentro con Finalé, su trabajo, ha aportado mucho para el desenvolvimiento profesional y humano de los miembros del Espacio. Conocer de la mano del propio artista sus experiencias en el desarrollo de su carrera, formar parte de su proceso de creación, ha sido muy motivador. Moisés y su esposa Yamilé se han integrado y han conectado con el sentido de nuestro espacio. En estos momentos estamos pensando y preparando algunos proyectos y acciones para el futuro. Hay muchos deseos y fuerza para seguir trabajando en conjunto en la realización de algunas ideas. Ya tendrán noticias.”


















