Rusia instó este lunes a ciudadanos extranjeros y diplomáticos a abandonar Kiev y advirtió que seguirá lanzando ataques de represalia contra objetivos militares de Ucrania.
Ello, tras el bombardeo ucraniano con drones en Lugansk —territorio de Ucrania que Moscú reivindica como propio— que dejó 21 muertos y más de 60 heridos en una residencia estudiantil, además de otros ataques contra instalaciones civiles en territorio ruso.
La Cancillería rusa emitió un comunicado en el que anticipó “ataques sistemáticos” contra empresas vinculadas a la industria de defensa ucraniana, incluyendo centros de diseño y producción de drones.
El anuncio recomendó a los extranjeros abandonar Kiev “lo antes posible” y pidió a los residentes evitar acercarse a instalaciones militares y administrativas, reseñó un reporte de Russia Today (RT).
El ataque contra estudiantes en Lugansk
El detonante de la advertencia fue el ataque del 22 de mayo contra una residencia estudiantil en Starobelsk, en la región de Lugansk, ocupada y luego anexada por Rusia.
Según Moscú, drones ucranianos impactaron el edificio donde se encontraban 86 jóvenes, causando 21 muertos y 63 heridos. El Comité de Investigación ruso calificó el hecho como “acto terrorista” y abrió una investigación formal.
En una primera respuesta, el Ministerio ruso de Defensa informó que en la ofensiva contra Kiev y su provincia se utilizaron misiles balísticos Oréshnik, aerobalísticos Iskander y Kinzhal, hipersónicos Tsirkón, además de drones de ataque.
Moscú aseguró que los objetivos fueron exclusivamente militares, como puestos de mando y centros de inteligencia. Además, negó haber atacado infraestructuras civiles, a contrapelo de lo informado por las autoridades de Ucrania, que reportaron víctimas civiles por estos ataques.
Acusaciones contra Ucrania y la OTAN
La diplomacia rusa acusó al gobierno de Volodímir Zelenski de actuar como “célula terrorista internacional” apoyada por la OTAN. Según el comunicado, especialistas extranjeros suministran componentes y proporcionan inteligencia para los ataques con drones.
Moscú denunció que estas acciones violan las Convenciones de Ginebra y la Convención sobre los Derechos del Niño. A su vez, criticó el “silencio” de Occidente ante el ataque contra estudiantes y acusó a EE.UU. y sus aliados de suministrar armas para cometer crímenes contra civiles rusos.
En una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, Ucrania negó las acusaciones y afirmó que sus operaciones apuntan exclusivamente a la maquinaria de guerra rusa.
En paralelo, Kiev ha intensificado ataques contra instalaciones petroleras rusas.
En Krasnodar, restos de drones provocaron un incendio en la terminal de Sheskharis, clave para la exportación de crudo. El Estado Mayor ucraniano reconoció la autoría de esta acción, señalando que la terminal abastece al ejército ruso. Estos ataques se han vuelto frecuentes y afectan directamente la financiación de la campaña militar de Moscú.
Balance de la guerra desde 2022
La invasión rusa de Ucrania comenzó el 24 de febrero de 2022 y ha dejado un saldo devastador. Según estimaciones de organismos internacionales, decenas de miles de soldados han muerto en ambos bandos y millones de civiles se han visto desplazados.
Ucrania ha perdido control sobre amplias zonas del este y sur del país, poco más de 20% de su superficie, mientras Rusia enfrenta sanciones económicas sin precedentes y aislamiento diplomático.
La guerra, que ya supera los cuatro años, ha transformado el panorama geopolítico europeo y sigue sin una solución negociada a la vista.












