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Esta semana Cuba conmemoró el centenario del natalicio de Fidel Castro. Lo hizo con homenajes oficiales a lo largo de la isla, que tuvieron su clímax en un acto en el teatro Karl Marx, de La Habana, al que asistieron las máximas autoridades del país, incluido el ex presidente Raúl Castro.
El contexto de la conmemoración, sin embargo, dista mucho del que hubiera deseado el Gobierno. Más allá de la esperada polarización entre simpatizantes y detractores del fallecido líder cubano, y de los llamamientos y discursos reivindicativos desde la oficialidad, el alcance de las celebraciones gubernamentales tuvo y sigue teniendo en la crisis un escenario harto problemático e ineludible.


Era previsible que sería así. Por más que las autoridades buscaran “suavizar” el momento de los homenajes, la realidad no ofrecía margen para ello. Las consecuencias del marcado retroceso económico y social de los últimos años han sido amplificadas en 2026 por la intensa campaña de presión de EE. UU., con sanciones redobladas, amenazas y un férreo cerco petrolero.
A la par, el Gobierno no ha logrado encontrar fórmulas para paliar la crisis y el asedio de Washington, mientras la aplicación de medidas fallidas —como el polémico Ordenamiento Monetario— o ya tardías e inefectivas, ha ahondado también un escenario de carencias, desigualdades, pobreza y vulnerabilidad crecientes, emigración y malestar ciudadano.


Tal es la Cuba del centenario de Fidel Castro, más allá de que sus razones no sean ciertamente desdeñables. Una Cuba que de seguro ni él mismo ni millones de cubanos imaginaron como contexto de esta fecha, pero que día a día se encarga de desafiar a quienes viven hoy en la isla. De poner a prueba su resistencia, su carácter, su voluntad, sus deseos de vivir a pesar de todo.
La Habana, como capital, resume en buena medida ese desafío: la funesta realidad de los apagones interminables y la falta de agua, de la escasez de alimentos y precios incosteables, de falta de combustible y basureros agigantados, de desesperanza y resiliencia, de supervivencia pura y dura. Así nos la descubre Otmaro Rodríguez en su recorrido fotográfico de este domingo.
























Creo no incluyo en su muy buena descripción de las celebraciones de un centenario anunciadas, la respuesta a la interrogate mas crucial que resumen el pensamiento del homenajeado, por fin La Historia a 100 años de su natalicio lo Absolvera.
En su ALEGATO HISTORICO DE JUVENTUD que marcaria el pensamiento politico del movimiento revolucionario que el lidero y con el que logro el poder absoluto de Cuba, conocido como “La Historia me absolvera”, Fidel Castro definió que los problemas cruciales de la república eran seis problemas fundamentales “el problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo”- se vislumbra claramente el camino al socialismo a través del ideal de justicia social y dignificación del hombre, que tuvo su antecedente más directo en el humanismo revolucionario proclamado por Martí en el Siglo XIX.
A casi 70 años de imponer su doctrina unica de Partido Comunista Unico y el Socialismo nunca logrado, mas de 3 generaciones pasadas, el intento por lograr “el Hombre Nuevo”, mirando la realidad actual ya descrita por usted excelwntemente en este escrito, podriamos decir que La Histia lo Absolvera,. EN MI OPINION PERSONAL y creo es la opinion de muchísimos Cubanos de dentro y de fuera, LA HISTIRIA NUNCA LO ABSOLVERA DE HABER ARRUINADO A TODO UN PAIS Y A LOS MILLONES DE CUBANOS FORZADOS AL EXILIO O LA POBREZA VISTA HOY EN NUESTOS COMPATRIOTAS.
Buen fin de semana para todos.
Espero vivir para ver cómo la historia lo pone en su verdadero sitio: como una de las dos figuras más lamentables y funestas que ha tenido la patria en toda su historia, junto a su némesis Fulgencio Batista.
Entre ellos dos se encargaron de destruir la democracia en nuestra patria, con todo lo que implica para los derechos de los ciudadanos, y sobre todo de sumir a nuestra gente en la pobreza material y espiritual más absoluta. Ese será el legado de este señor que ni el nombre deseo escribir aquí. Ojala me publiquen.