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No pasan cinco minutos sin que Tamara eche otro vistazo a su Whatsapp. Espera la noticia de la llegada de pan a la mipyme de la esquina, abierta las 24 horas, sin que esto sea una trampa de marketing para trasnochados. “Hay que estarlo cazando. Llega y vuela”, dice.
Por los apagones, hace semanas ya que el horno de la panadería estatal de la comunidad pasa horas irradiando frío y para colmo, el motor que hace girar la plataforma o carro interno donde se colocan las bandejas con pan dejó de funcionar al romperse el rotor, por enésima vez.
La pieza fue hecha a partir de una indebida aleación y no aguantó “el queme diario” y ahora yace en un taller privado en espera de una solución duradera. El pan entonces es importado desde otros establecimientos, pero no hay garantías diarias de que eso ocurra y menos a una hora determinada. Un caos.

Pan para un “desaforado” y un delantal con la torre Eiffel
“Tengo que garantizar el pan del desayuno y el de la merienda de mi hijo”, refiere a OnCuba mientras cuelga ropa recién lavada en un patio con dimensiones de celda de castigo. El niño (va para sexto y ya está de vacaciones) “anda mataperreando o jugando fútbol” con su clan de amigos y “llega desaforado”, adelanta Tamara, una ex laboratorista que ahora se dedica, cuchillo en la boca, “a lo que se presente” en el mercado informal.
Lo último que hizo fue pasteles de coco y guayaba para una cafetería del barrio. “La harina y los huevos están por las nubes. Tuve que dejarlo”, cuenta, señalando con aflicción el delantal con la torre Eiffel que compró para la ocasión. De hecho, los pasteles escalaron de 100 CUP a 140 CUP en menos de un mes.
Al volver a consultar su Whatsapp, Tamara quedó contrariada, pero no sorprendida. Las tres balizas giratorias en rojo alertaban de un nuevo precio del pan. La oferta de ocho unidades de unos dudosos 80 gramos y una calidad más dudosa aún, subió de 250 pesos a 280 pesos. “De la noche a la mañana!”, acota con un rictus de disgusto. “¡¿Adónde vamos a parar!?” suspira con la pregunta nacional que está en boca de todos sin obtener respuesta.
El pan que compra Tamara es su opción menos cara, “la que me puedo permitir”. Otros negocios del barrio lo tienen a 400 o 450 CUP la bolsa de seis, pero de mucho mejor calidad, dado que es bon; se trata de un tipo de pan tradicional de origen caribeño, muy asociado a Panamá, Jamaica y otras islas del Caribe, aunque también se consume en regiones de Colombia y Venezuela.

Somero inventario y danza macabra
En las barriadas capitalinas de La Víbora y Santos Suárez, los precios atracan el bolsillo de los consumidores en un país con un salario promedio cercano a los 7 mil CUP. El yogur natural que ayer costaba 1400 CUP hoy se vende a 1800. El arroz trepó de 650 a 900, y el jabón de baño se ríe de la higiene al saltar de 190 a 230. Los frijoles negros pasaron a 800 desde un kilogramo a 750, mientras que la leche en polvo, tradicionalmente un artículo caro, engordó de 3 mil a 3700, y un simple paquetico de galletas de soda se burla del consumidor al subir de 210 a 250.
El aceite es ahora el villano de turno. Por algunas semanas desaparecido de los anaqueles, resucitó entre 1750 y 2 mil CUP, pese a ser un producto protegido por el Estado que en 2024 topó el litro a 990 CUP, excepto el de oliva. Esto significa que, siendo un artículo “topado”, su valor en el mercado casi se duplicó en apenas dos años al incrementarse entre 76,8 % y 102 %.
Frente a un salario promedio estatal de 7 mil CUP, estas cifras muestran un deterioro profundo del poder adquisitivo: un litro de aceite representa entre el 25 % y el 29 % del sueldo, un kilogramo de leche en polvo más de la mitad, y productos cotidianos como arroz o yogur consumen entre el 13 % y el 26 % del ingreso mensual.

En medio de este universo inflamado, el huevo se ha comportado con una ambigüedad celebrada por muchos. Se ha mantenido en 3 mil o 3200, pero en algunos timbiriches se comercializa hoy día en una banda oscilante entre 2700 y 2900 CUP.
“Es que algunos vendedores se beneficiaron de una arribazón del producto que estaba retenido en el Mariel por falta de combustible y había mucha oferta”, explicó a OnCuba el dueño de un abarrote empotrado en la salita de su casa, donde apenas cabe una nevera vertical y varios entrepaños con mercancías.

Es una danza macabra de cifras que convierte las economías familiares en un laboratorio, donde cada producto básico de repente se transforma, por la alquimia inflacionaria, en un lujo inalcanzable.
El mercado se ha vuelto un torneo de máximos. La inflación galopante no solo vaporiza salarios, sino que desestructura la vida cotidiana, llevándola a un teatro de precariedades que vulnera las lógicas de una racionalidad doméstica consistente con la modernidad más básica.

El transporte es otro de los paraísos inflacionarios. No ya el movido por combustibles fósiles, un mercado donde el litro promedio de gasolina cotiza a 7 USD, sino también el sector de la electromovilidad, afectado por apagones que puede atravesar 40 o 50 horas consecutivas.
En Matanzas, el periódico Girón denunció esta semana que el precio de los triciclos eléctricos particulares subió de 100 a 150 pesos de un día para otro, reflejo de un escenario convergente donde también se disparan los alimentos y productos de aseo —como el pollo a 550 CUP la libra y el aceite a 1 800 CUP— subordinados al ascenso del dólar en el mercado informal.
La nota periodística advierte que, si los artículos con precios máximos regulados por la Resolución 225/2024 se encarecen sin control, resulta lógico que cada cual imponga tarifas en los servicios que ofrece, agravadas además por el déficit y el alto costo de los combustibles, más marcado tras la orden ejecutiva firmada por Donald Trump a inicios de año.
Costo de la vida se dispara a más de 61 mil pesos mensuales para un hogar promedio, según economista
¿Una inflación ya endémica?
Hace cuatro años, el profesor Steve Hanke ya advertía que Cuba figuraba entre los países más castigados por la inflación, apenas detrás de Venezuela, Irán y Corea del Norte. Su ranking, elaborado desde la Universidad Johns Hopkins, colocaba a Zimbabue con un 377 % y a Sri Lanka con 128 %, seguidos por Turquía, Líbano y Venezuela.
En esa lista, Cuba aparecía como un país atrapado en el fuego cruzado del mercado oficial y el sumergido, donde el poder adquisitivo se desangraba día tras día. La advertencia no fue un eco lejano. Hoy se confirma en cada mostrador; en algún aviso en la pantalla de los móviles; en cada etiqueta que se cambia por otra de mayor cuantía.

Cifras oficiales, apartheid estadístico
Según datos oficiales, el índice de precios al consumidor alcanzó en mayo en el mercado formal una variación interanual del 15,89 %, mientras que estimaciones basadas en el mercado informal, hasta este minuto segregado de las cuentas de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), sitúan la inflación en torno al 66 %.
En términos prácticos, hablamos de inflación galopante cuando los precios suben tan velozmente que la población pierde confianza en la moneda local, se refugia en divisas extranjeras y el ahorro se vuelve inútil. Si no se controla, puede evolucionar hacia la hiperinflación, donde los precios crecen más del 50% mensual y el sistema económico colapsa.
Por categorías, resalta el incremento interanual en Restaurantes y Hoteles (26,54 %), seguido del Transporte (21,75 %), Educación (19,49 %), Alimentos y Bebidas no Alcohólicas (19,24 %) y los Servicios de la Vivienda (18,17 %).
Se consolida así el repunte registrado en los meses previos, reflejando el shock económico que ha supuesto el cerco petrolero de EE.UU. a la isla, que disparó los precios de manera generalizada, pero especialmente en la alimentación y el transporte.
De acuerdo con el economista independiente Pedro Monreal, por segundo mes consecutivo en 2026 el aumento acumulado de precios al consumidor en Cuba (9,16 %) es mayor que el acumulado en igual período de 2025 (7,45 %).
“Combinado con el desplome del PIB indicaría una estanflación incontenible”, reveló el doctor Monreal, radicado en Madrid y un milimétrico observador de los movimientos de la economía de la isla.
El experto advierte que en 2026 la economía cubana podría caer al menos un 15 % del PIB, mientras la inflación oficial —que “subvalora la realidad”— sigue en ascenso, con los alimentos y bebidas alcohólicas como principales motores del alza en mayo. Señala que el “Programa Económico Social del Gobierno 2026” y las medidas de junio no contienen la estanflación, y que el retraso de salarios y pensiones funciona como “herramienta antinflacionaria con inevitable efecto recesivo”.
Monreal atribuye el descalabro a las sanciones de EE.UU. y a un modelo de planificación centralizada disfuncional, subrayando que “hoy es insuficiente el empobrecimiento masivo y la contracción del gasto presupuestario real como instrumentos antinflacionarios”.
Según su punto de vista, una estabilización macroeconómica es inviable sin rediseñar la inserción internacional y que ello pasa por una negociación con Washington.

Inconsistencia temporal: El reloj del cambio prohíbe jugar con sus manecillas
Conversando vía Whatsapp con OnCuba desde La Habana, el joven economista Fabio Chirolde del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, opina que la reciente reforma esbozada por el presidente Díaz-Canel podría surtir algún efecto sobre la ola inflacionaria, pero percibe que el timing no juega a favor de la urgente operatividad del rediseño gubernamental.
“El tema está en un fenómeno que existe en la macroeconomía que se llama inconsistencia temporal, y es cuando las instituciones luego de varias fallas en las políticas (fiscales y monetarias) frente a externalidades pierden credibilidad, y es altamente probable que el mercado se vea afectado por este fenómeno, sin contar que es cierto que ha sido bastante tardía la propuesta, y esto puede traer consigo otras complicaciones”, analiza.
La inflación interanual sigue en alza en Cuba y sube hasta el 15,89 % en mayo
¿Crees, por ejemplo, que la brutal contracción de viajes a Cuba, ya sea de la diáspora y del turismo en general, esté provocando una aridez en la oferta de dólares en el mercado informal, y tal escasez proyecte su sombra en los precios de venta de las divisas?
Eso sí es un hecho: la escasez de viajes a la isla, ya sea por la salida de aerolíneas, cadenas hoteleras y la falta de turistas, lo que impacta gravemente sobre el mercado de divisas, y por supuesto provoca toda esta escasez y subida de precios, sobre todo en el mercado informal. También la alta circulación de dinero en la calle provoca que se eleve el precio del dólar en el mercado informal, porque la devaluación viene desde muchas aristas. Eso sin contar que casi el 80 % del dinero en circulación está en manos de alrededor de un 20 % de la población, según datos del Dr. José Luis Rodríguez, exministro de Finanzas y de Economía durante el Período Especial de los años 90.
Tampoco es que haya mucho incentivo bancario para los ahorristas…
La falta de incentivos monetarios al ahorro, la acumulación, la recogida de billetes pequeños y la impresión de billetes grandes sin incentivos al ahorro, e incluso las bajas tasas de interés, provocan escasez de reservas en los bancos, falta de efectivo, devaluación, etc. Sumándole los fenómenos de las colas en los bancos, la corrupción, etc.
¿Y las presiones y bloqueos de Washington, han terminado por ser incontestables?
La presión de Estados Unidos se sigue acrecentando tanto que trasciende lo económico. No sé hasta qué punto sea incontestable o no, pero si puedo asegurar que están jugando muy bien sus cartas y se están viendo los efectos, los precios de los alimentos están subiendo y la población cuando se trata de alimentos no responde igual.

Lucho, el mandadero y el gamer
En los últimos tres meses, el dólar en el mercado informal cubano pasó de unos 515 CUP en marzo a 680 CUP a mediados de junio de 2026, lo que representa un incremento acumulado de aproximadamente 32 %. Ese “galope de la bestia”, como él le llama, está matando las ilusiones de Lucho.
Nacido entrados los 90 en un pueblito al sur de Manicaragua que la cartografía más puntual ningunea, tal vez Lucho hubiera sido un gran ciclista si no fuera por una fractura de tobillo a la altura de los doce años. “Ahí terminó mi carrera en la Eide de Santa Clara”, cuenta al lado de su bike todoterreno, con herrajes Shimano y sillín prostático. “Con esto voy tirando”, dice palmoteando el timón y luego ajustándose la mochila de mandadero. Todavía le quedan tres viajes en este caluroso domingo de junio. “Por cada envío me gano unos mil pesitos. A veces un poco menos, otras más. Depende”.
Pese a su solvencia —puede acumular hasta 5 mil pesos pedaleando por jornada— la carestía de la vida está volatilizando sus beneficios. “Este es un país de sanguijuelas. Aquí casi nadie trabaja. Esto no levanta. Con bloqueo y sin bloqueo”, lamenta. La manutención de su hija preadolescente y del abuelo materno encamado en Villa Clara, además de su renta de alquiler en Alamar, han reducido prácticamente a cero su tasa de ahorro.
“Mi proyecto es terminar Civil —tiene vencido dos años de la carrera en la Cujae desde 2022— y conseguirme un buen hierro —aspira a un MSI Cyborg 14 para correr Valorant o Fortnite— y jugar un rato los fines de semana con algún socio del barrio. No hay masná”, resume, ahora colocándose el casco chino de colorines sobre una cabeza recién rapada.
¿Y eso (la laptop) cómo se llama?
Ocho quilos verdes. [800 USD].











