Una investigación periodística reconstruyó la operación del grupo de diez hombres que partió de los Cayos de Florida rumbo a Cuba en febrero pasado con armas, municiones y explosivos, en un intento por desencadenar un levantamiento contra el Gobierno cubano y provocar una intervención militar de Estados Unidos.
Un reportaje, publicado este miércoles por Belly of the Beast en colaboración con Drop Site y Miami New Times, recoge los testimonios de cuatro de los cinco sobrevivientes de la incursión, entrevistados en julio mientras permanecían detenidos en Cuba.
Sus versiones fueron contrastadas, según los autores, con evidencias forenses, registros de propiedad, testimonios de familiares y personas vinculadas al grupo.
La génesis
La operación, según revela el reportaje, comenzó a gestarse a través de redes sociales.
José Manuel Rodríguez Castelló, un camionero cubano de 33 años residente en Nashville, entró en contacto por TikTok con Raúl Quevedo, administrador de la cuenta La Nueva Cuba, dedicada a difundir contenidos sobre una eventual caída del Gobierno cubano y que incluye imágenes generadas mediante inteligencia artificial.
Rodríguez contó que Quevedo lo invitó a Florida para conocer a otros exiliados que buscaban personas dispuestas a participar en un levantamiento armado. Otro de los sobrevivientes, Christian Ernesto Acosta Guevara, relató que llegó al grupo también a través de TikTok, tras establecer contacto con Pavel Alling Peña, uno de los hombres que murió luego en el enfrentamiento con fuerzas cubanas.
Según los entrevistados, varios de los participantes comenzaron a entrenarse con armas en una finca de Florida. Allí, entre otros, practicaban tiro y preparaban lo que sería una incursión en Cuba.
La finca estaba vinculada a Maritza Lugo Fernández, activista cubana radicada en el sur de Florida y dirigente del Partido 30 de Noviembre. Lugo reconoció haber dado acceso al terreno a algunos de los participantes, pero negó haber conocido o respaldado los planes de la incursión. También rechazó las acusaciones de que hubiera financiado u organizado la operación.
Diez hombres y un arsenal
La noche del 24 de febrero, los diez hombres salieron de Marathon, en los Cayos de Florida, rumbo a Cuba. Llevaban, según las autoridades cubanas, 25 armas de fuego, 14 largas y 11 cortas. También, unas 13 mil municiones, más de un centenar de cargadores, artefactos explosivos de fabricación casera, cócteles molotov, chalecos antibalas, uniformes y cascos de camuflaje, cuchillos, equipos de visión nocturna, un dron, un terminal de internet Starlink y suministros médicos.
Los participantes pretendían llegar a territorio cubano durante la noche. “El plan de acción era simple: lograr que el pueblo cubano se levantara en armas, controlar una provincia durante 72 horas y pedir una intervención militar del gobierno de EE.UU.”, dijo Rodríguez en una entrevista.
Otra versión recogida en la investigación sitúa el objetivo en una estación policial de Cárdenas, Matanzas. Las autoridades cubanas, sin embargo, dijeron que el plan contemplaba la toma de una estación en Santa Marta y de una unidad de Tropas Guardafronteras cercana a Varadero.
La operación comenzó a complicarse cuando el motor de una de las embarcaciones falló durante la travesía. Los hombres trasladaron las armas y el resto del equipo a un segundo barco, identificado como El Tornado, una embarcación pesquera de 24 pies construida en 1981.
El retraso hizo que el grupo se aproximara a Cuba con la luz del día. Cerca de las 7:00 de la mañana, un puesto de vigilancia de Tropas Guardafronteras detectó la embarcación a menos de cuatro millas náuticas de la costa.
Entonces, los hombres intentaron esconderse hasta que oscureciera, pero El Tornado quedó varado en aguas poco profundas. Cuando lograron liberarlo, una embarcación de Guardafronteras se aproximó.
Enfrentamiento en el mar
Los propios sobrevivientes confirmaron a los periodistas que el primer disparo provino de su embarcación. Las versiones sobre quién disparó inicialmente difieren: uno de los entrevistados señaló a Amijail Sánchez González, mientras otros dijeron desconocer quién efectuó el primer tiro.
El enfrentamiento duró varios minutos. Nueve de los diez hombres resultaron heridos y cinco murieron: Ledián Padrón Guevara, Héctor Duani Cruz Correa, Pavel Alling Peña y Michel Ortega Casanova fallecieron durante el enfrentamiento o mientras eran evacuados; Roberto Álvarez Ávila murió el 4 de marzo como consecuencia de sus heridas.
El capitán de las tropas cubanas recibió un disparo en el abdomen, pero no hubo víctimas mortales entre los efectivos de la isla.
Los investigadores contabilizaron 23 impactos de bala en El Tornado y 14 en la embarcación de Guardafronteras. Un perito balístico citado en el reportaje señaló que la evidencia disponible no permite determinar con precisión la distancia entre ambos barcos durante el intercambio de disparos.
Finalmente, Leordán Cruz Gómez levantó un brazo para indicar la rendición.
Los sobrevivientes y el proceso judicial
Los cinco sobrevivientes fueron detenidos. José Manuel Rodríguez Castelló, Christian Ernesto Acosta Guevara, Leordán Enrique Cruz Gómez y Conrado Galindo Sariol aceptaron ser entrevistados por los periodistas mientras permanecían bajo custodia.
El quinto sobreviviente, Amijail Sánchez González, también permanece detenido, aunque no participó en las entrevistas.
Los periodistas señalaron que las conversaciones tuvieron lugar en una instalación del Ministerio del Interior (Minint), en presencia del fiscal del caso y de un coronel encargado de las investigaciones sobre delitos contra la seguridad del Estado.
Allí, los detenidos dijeron haber aceptado hablar voluntariamente y que no recibieron promesas a cambio, aunque los autores advierten que esa circunstancia no pudo ser verificada de manera independiente. Los testimonios también fueron diferentes respecto a las responsabilidades dentro del grupo.
Acosta dijo arrepentirse de haber participado y calificó la operación de una locura. Cruz mantuvo su convicción de que Cuba necesita un cambio, aunque cuestionó el camino seguido. Galindo aseguró que fue obligado a participar. Rodríguez, en cambio, mantuvo su decisión de luchar por el derrocamiento del Gobierno cubano.
“Es ilógico pensar que 10 hombres pueden declararle la guerra a un país. Eso sería absurdo”, dijo Cruz. “Pero éramos conscientes del descontento social. Sabíamos que la gente quería que sucediera algo. Una chispa, tal vez”.
Los cinco sobrevivientes y Duniel Hernández Santos, señalado por las autoridades como colaborador del grupo dentro de Cuba, permanecen en prisión provisional y enfrentan cargos relacionados con terrorismo. Según el fiscal citado en el reportaje, las acusaciones podrían conllevar penas de hasta 30 años de prisión e incluso la pena de muerte.
La lancha de Florida interceptada en Cuba llevaba 14 fusiles y 13 mil balas, según el Minint
Las dudas sobre quién organizó la operación
Uno de los principales puntos aún sin resolver es quién financió y organizó la incursión, de acuerdo con la investigación periodística.
Los testimonios de los participantes apuntan hacia distintas figuras y organizaciones del exilio cubano en Florida, entre ellas el Partido 30 de Noviembre, Auto Defensa del Pueblo (ADP), el Republican Party of Cuba y el movimiento Cardumen.
Maritza Lugo negó haber participado en la planificación y aseguró que desconocía que el grupo pretendiera viajar a Cuba. También rechazó las declaraciones de algunos detenidos que la señalan como responsable de haberlos reclutado o amenazado.
El reportaje encontró, no obstante, evidencias de que algunos de los participantes habían realizado entrenamientos con armas en la finca vinculada a Lugo.
Investigadores del condado de Hendry inspeccionaron posteriormente el lugar y describieron una estructura que parecía destinada a ejercicios de tiro desde diferentes ángulos, aunque la oficina del sheriff indicó que no disponía de pruebas que confirmaran que allí se hubiera realizado entrenamiento militar para una incursión contra Cuba.
Contacto con Estados Unidos
Tras el enfrentamiento, las autoridades cubanas informaron a la Guardia Costera estadounidense sobre lo ocurrido. Según el jefe de Estado Mayor de Tropas Guardafronteras, ambas instituciones mantuvieron comunicaciones relacionadas con el incidente.
El 31 de marzo, una delegación del FBI viajó a Cuba y recibió información de las autoridades sobre la operación, luego de inspeccionar las embarcaciones involucradas y de reunirse brevemente con los detenidos y tomar sus huellas dactilares y muestras de ADN.
Las autoridades cubanas dijeron que entregaron preguntas sobre la organización y financiación de la incursión, pero que hasta julio no habían recibido respuestas sustanciales. La Guardia Costera, el Departamento de Estado y el FBI declinaron comentar específicamente el caso.
Los sobrevivientes fueron atendidos inicialmente en el hospital provincial Arnaldo Milián Castro, en Santa Clara, mientras dos de ellos necesitaron cirugía. Después pasaron por Villa Marista, centro de detención de la Seguridad del Estado, y luego fueron trasladados a una sección de máxima seguridad del Combinado del Este.
Tres de los entrevistados dijeron no haber sufrido torturas o agresiones físicas durante su encarcelamiento, aunque Rodríguez denunció amenazas y una agresión contra su pierna lesionada. En tanto, Galindo aseguró haber sido golpeado a su llegada a prisión.
Las autoridades cubanas negaron que los detenidos hubieran sido maltratados.
La investigación concluye que la operación, concebida por sus participantes como el detonante de una rebelión en Cuba, terminó antes de que los hombres pudieran llegar a tierra.












