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Dos meses después de ser deportado desde EEUU a la República Centroafricana, el cubano Yasmany Moreno denuncia que permanece recluido en un centro de detención en Bangui, la capital, donde asegura que apenas recibe una comida al día, tiene restringida la salida y ha sido secuestrado en dos ocasiones.
“Cada día los ánimos están peor. Es horrible todo: la comida, el trato… No puedo más”, contó Moreno en una entrevista con la cadena Univisión.
El migrante de 32 años afirma que continúa llegando gente deportada y calcula que ya habría entre 80 y 90 personas en los centros de detención de la capital centroafricana, un dato que no tiene confirmación oficial.
Según su testimonio, los deportados son distribuidos entre distintos centros, uno de los cuales alberga a 11 mujeres.
Los migrantes permanecen en instalaciones bajo presencia de personal de Naciones Unidas y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), pero Moreno describe las condiciones como precarias y asegura que no existe suficiente comida ni seguridad.
“No hay comida, solo nos dan una al día”, afirmó. Los propios migrantes deben conseguir pan, azúcar, carne, leche y jabón con el dinero que reciben de sus familiares y mediante campañas de recaudación en internet.
Moreno asegura además que solo pueden salir durante dos horas al día y permanecer dentro del complejo: “Aquí no podemos salir a la calle”. En otro de sus testimonios resumió la situación con una frase: “No hay garantías ni seguridad”.
Dos secuestros y pagos para recuperar la libertad
Las ocasiones en que Moreno ha abandonado el lugar donde permanece para grabar videos y mostrar las condiciones en las que viven los deportados terminaron, según su relato, con dos secuestros.
“Cuando te ven en la calle y no presentas alguna identificación, te meten preso a una especie de calabozo y te piden dinero” para dejarlos salir, relató.
Según Moreno, su familia tuvo que enviar en dos ocasiones unos 50 mil francos CFA, alrededor de 85,5 dólares, para conseguir su liberación.
En uno de los episodios, un funcionario de la ONU que se encontraba en el centro intervino, de acuerdo con su testimonio.
Moreno también utiliza las redes sociales para mostrar las condiciones de vida de los deportados y recaudar dinero destinado a comprar alimentos y medicamentos.
En videos difundidos por Univisión aparece visitando otros centros acompañado por un guardia y llevando medicinas a migrantes que, según sus denuncias, padecen enfermedades como malaria.
Hasta la fecha, ni las autoridades estadounidenses ni las cubanas se han pronunciado sobre este y otros casos de cubanos deportados a terceros países.
Deportado a un país que no conocía
“Lo más cruel es que no se avise de que nos llevan a estos países”, lamentó. Según contó, lo subieron a un avión sin saber hacia dónde se dirigía y solo durante el viaje conoció que lo llevaban a África.
“Imaginen el choque de saber que aterrizas en un país en África, sin pasaporte, sin documentación. No se lo deseo a nadie”, dijo.
Moreno llegó a EEUU hace diez años en una balsa junto a otras 26 personas, cuando todavía estaba vigente la política de “pies secos, pies mojados”. Posteriormente, se acogió a la Ley de Ajuste Cubano.
“Me acogí a la Ley de Ajuste Cubano, pero en mayo de 2025 ICE me arrestó; no sirvió el parole humanitario ni nada. Estuve un año en centros de detención y ahora aquí. Sinceramente, esto da más miedo que jugarte la vida en una balsa”, relató a Univisión.
En agosto, EFE informó sobre el traslado a Bangui de cuatro cubanos —Omar Rodríguez, Arístides Fernández García, Yasmany Noel Moreno de Armas y Daniel Lázaro Fuente— junto a un hondureño y un ecuatoriano.
Los migrantes denunciaron que no conocieron el destino hasta avanzado el vuelo y pidieron ayuda para regresar a Estados Unidos.
El caso de Moreno coincide con otros testimonios publicados posteriormente por medios estadounidenses sobre personas trasladadas a la República Centroafricana.
Univisión documentó también el caso de un migrante nicaragüense enviado a Bangui que también aseguró haber conocido su destino cuando el avión ya se dirigía hacia África Central.
Un mecanismo que puede continuar
La República Centroafricana aceptó recibir migrantes expulsados por EEUU dentro de los acuerdos de deportación a terceros países impulsados por la Administración Trump.
La política permite trasladar a personas a países distintos del suyo cuando EEUU no puede o no quiere enviarlas directamente a su país de origen.
En ese escenario, más de 25 mil personas habían sido deportadas hasta septiembre; según Reuters, que señala que los principales destinos han sido México y otros países, entre ellos naciones africanas.
Un tribunal federal había considerado ilegal que las expulsiones se realizaran sin dar previamente a los migrantes una oportunidad significativa para plantear temores de persecución o tortura en el país de destino. Una corte de apelaciones mantuvo esa posición en septiembre.
Sin embargo, el 29 de septiembre la Corte Suprema de Estados Unidos permitió temporalmente a la Administración reanudar las deportaciones a terceros países mientras continúa el litigio. El máximo tribunal acordó además examinar el caso en diciembre.
Más de una docena de expertos independientes de Naciones Unidas pidieron detener la política y advirtieron de un mayor riesgo de tortura, persecución y otros abusos.
Tras conocer la decisión de la Corte Suprema, Moreno advirtió: “Va a ser aterrador lo que les espera a esas personas. La verdad es que nadie se esperaba esa decisión, es algo bien fuerte para todos”.
Mientras espera una posible solución a su propio caso, el cubano resume su experiencia en Bangui como una situación que, según dice, ha empeorado con la llegada de nuevos deportados.













