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La captura y enjuiciamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro parece haber impulsado una nueva estrategia de la Administración de Donald Trump para lograr un cambio de gobierno en Cuba antes de que finalice este año.
De acuerdo con un artículo publicado por el Wall Street Journal, que cita a fuentes familiarizadas con el tema, la Casa Blanca estaría buscando identificar a personas influyentes dentro del Gobierno de la isla dispuestas a negociar una fórmula para apartar del poder a la cúpula que encabeza Miguel Díaz-Canel.
El ejecutivo estadounidense considera que la economía cubana se encuentra al borde del colapso.
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Según WSJ, aunque Washington reconoce que no existe por el momento un plan específico para un derrocamiento, algunos funcionarios estadounidenses valoran que la captura de Maduro y las concesiones del nuevo gobierno venezolano encabezado por chavistas puede ser una vía a explorar para lograr cambios en Cuba.
Tras la acción militar ejecutada en Caracas, el presidente Trump lanzó una “sugerencia” al Gobierno cubano, acompañada de una advertencia. El mandatario confirmó que no habría más petróleo venezolano para la isla, y conminó a sus dirigentes a llegar a un acuerdo antes de que fuese “demasiado tarde”.
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Las fuentes de la publicación aseguran que han existido reuniones con exiliados cubanos y grupos cívicos en Miami y Washington, centradas en identificar a alguien dentro del gobierno actual dispuesto a negociar ante la gravedad de la situación.
Amenaza
Si bien la Administración Trump no ha adelantado públicamente que su estrategia con Cuba pase por una acción similar a la ejecutada contra el pasado 3 de enero contra Venezuela, algunos de sus altos cargos han deslizado que la misma debería servir como advertencia para el actual gobierno de la isla.
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Sin embargo, el medio indica que por ahora los analistas de inteligencia de EEUU parecen más dispuestos a esperar que el corte de suministro petrolero de Venezuela agrave la crisis en Cuba y que esto desencadene un proceso negociador, con algún miembro de la actual estructura gubernamental pilotando el proceso.
Además de cortar el hasta hace poco principal soporte energético de la isla, Estados Unidos también ha enfocado su estrategia en debilitar el papel de las brigadas médicas cubanas en varias naciones del continente, una de las fuentes más vigorosas de entrada de divisas para la economía.
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Cerrar el cerco
En medio de las circunstancias actuales, Trump y su círculo más íntimo, con fuertes vínculos e intereses en el estado de Florida, consideran que derrocar al actual Gobierno cubano sería “la prueba que apuntalará definitivamente su estrategia de seguridad nacional para rehacer el hemisferio”.
En un reciente comunicado, el Departamento de Estado afirmó que es de interés para la seguridad nacional de Estados Unidos que Cuba “sea gobernada de manera competente por un gobierno democrático y que se niegue a albergar a los servicios militares y de inteligencia de nuestros adversarios”, recuerda la publicación.
Funcionarios de la Casa Blanca, citados por WSJ, dijeron que Trump rechaza las estrategias de cambio de régimen empleadas en el pasado y que “busca llegar a acuerdos siempre que sea posible, aprovechando las oportunidades a medida que surgen”, precisa la publicación.
Sin embargo, el mandatario estaría evitando que un derrocamiento genere algún tipo de turbulencia y crisis humanitaria en la región, algo que trató de contener en Venezuela manteniendo a los principales líderes chavistas en el poder.
Debido a ese recelo, asegura WSJ, Estados Unidos estaría diseñando un plan claro sobre qué sucederá después y quién podría reemplazar al régimen actual, aunque los propios expertos consideren que el modelo venezolano puede ser más difícil de replicar en Cuba.
“Estos tipos son un hueso mucho más duro de roer”, considera Ricardo Zúñiga, exfuncionario de la administración Obama que participó en las negociaciones para el breve acercamiento entre Estados Unidos y Cuba entre 2014 y 2017.
Desde su punto de vista, “no hay nadie que se sienta tentado a colaborar con Estados Unidos”, agregó, citado por el medio.
Cuba, objeto de deseo
Además del propósito de Trump de poner fin al régimen de La Habana como parte de su legado, también es un objetivo declarado del actual secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que llegaron a Estados Unidos en 1956.
En Miami, epicentro de los inmigrantes y la oposición a los gobernantes de la isla, los cambios en Venezuela siempre fueron vistos como la antesala del derrocamiento del régimen cubano, por lo que la destitución de Maduro ha sido asumida con júbilo y disparado las expectativas.
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Sin embargo, en el llamado exilio reconocen que en casi siete décadas Cuba ha rechazado cualquier cambio sustancial en su sistema político, y solo ha introducido algunas reformas en el plano económico.
A raíz de los sucesos en Caracas, y en el acto de recibimiento de los restos de 32 cubanos que fallecieron el pasado 3 de enero, el presidente Díaz-Canel aseguró que “no hay posibilidad de rendición ni capitulación, ni ningún tipo de entendimiento basado en la coerción o la intimidación”.











