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Hombre, patria y humanidad: homenaje masónico a Martí es el título que los curadores y artistas Ricardo López Drago y Yosvaldi Ferro Pérez dieron a la muestra de artes visuales que desde el 19 de mayo hasta este primero de julio ha estado abierta en el Centro de Artes Plásticas y Diseño de La Habana.
Conformada con piezas realizadas por artistas masones cubanos activos, residentes todos en el país, la exposición, según se consigna en la fundamentación del proyecto, se propuso “visibilizar y reinterpretar la dimensión masónica del ideario martiano a través del lenguaje contemporáneo de las artes visuales, en el aniversario 131 de su caída en combate”, así como “ofrecer al público habanero y visitantes una lectura novedosa y profunda de la figura de Martí, alejada de la iconografía tradicional y academicista”.
OnCuba contactó a los curadores, quienes corroboraron que un evento así no tiene antecedentes conocidos en el país, donde “artistas miembros de diversas logias masónicas y órdenes paramasónicas legalmente constituidas” rinden tributo al que consideran “el más universal de los hermanos”. También le confiere una significación especial a la exposición el hecho de que se haya realizado fuera de los templos, y que el sistema de instituciones estatales dedicadas a la exhibición de las artes visuales le haya concedido un espacio legitimador.

Parece ser una verdad establecida que la masonería llegó a Cuba en 1762, durante la toma de La Habana por los ingleses, introducida por soldados irlandeses pertenecientes al ejército imperial. La primera logia independiente reconocida en suelo cubano data de 1802, y se denominó Templo de las Virtudes Teologales. La fundación de la Gran Logia de Cuba, en 1859, marca el comienzo de la práctica masónica regular en nuestro país.

x 45 cm.
Como se sabe, muchas figuras destacadas de la cultura y la política cubanas fueron iniciados en esa fraternidad. Baste citar a Carlos Manuel de Céspedes, Juan Bautista Vermay, José María Heredia, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Bartolomé Masó, Vicente Francisco Aguilera, Tomás Estrada Palma (primer presidente de la República), Gerardo Machado, Barbarito Diez, Armando Romeu, entre otros.
Gerardo Machado y Morales, quinto presidente de la República de Cuba (1925-33), participó en la Guerra de Independencia (1995-98), en la cual ganó el grado de General de Brigada. En 1933, durante la huelga general con que la población derrocó a su tiránico gobierno, fue expulsado de por vida de las filas masónicas.

lienzo, 80 x 60 cm.
Las obras
Entre todas las piezas exhibidas me gustaría detenerme en cinco: “El sol de todos”, de Hernández Castro; “Espejo del alma”, de Kamil Ballauidi; “Martí”, de Luismay Medina; “Cardos ni ortigas”, de Yosvaldi Ferro, y “Sanctus apostolus”, de Raynier Morales Infantes.
En “El sol de todos” aparece Martí con los atributos de Cristo, corazón flamígero visible, contenido en una chapa de Coca Cola. Es una obra de gran densidad conceptual, que —para mí—, discursa sobre los dos extremos en la frecuente exégesis del personaje: santificación y vulgarización.

150×150 x 10 cm.
Kamil es, probablemente, el artista cubano que más veces ha representado a Martí. De hecho, el autor de los Versos sencillos devino una de las líneas temáticas de su ya extensa obra. “Espejo del alma”, su ensamble en madera, nos muestra un Martí inquisitivo, alerta, tal vez como exijan los dramáticos momentos que vive el país. Kamil trata al personaje con familiar cercanía. En otras piezas suyas Martí danza, se enamora, es “un tipo común”, un cubano más, sólo que iluminado e iluminador.

variables.
Luismay Medina expone un Martí de gran candor, rodeado de símbolos masónicos, muy apegado a los propósitos curatoriales de la muestra. La condición naive de la figura nos remonta a la época de la niñez, cuando la mayoría de los cubanos fuimos iniciados en el “culto” al Apóstol.
“Cardos ni ortigas” es un dibujo virtuoso. Parece una instantánea del sujeto en plena faena, hincado de rodillas, arrancando de raíz la planta agresiva e inútil, sembrada en una maceta. ¿Qué hace un cardo en un tiesto para uso ornamental? ¿Alguien quiere pasar el mal por virtud?

sobre cartulina, 26 x 21 cm.
La obra de Reynier Morales Infante recuerda los iconos bizantinos. Su Martí, vestido —que no arropado— por la bandera cubana, tiene aires de Quijote. La enseña como prenda de uso diario, como prolongación de la piel, como algo hecho a la medida de nuestro cuerpo. La mano al pecho, la expresión sensible de quien piensa o se duele, o ambas cosas a un tiempo.

madera, 29.5 x 66 cm.
Así argumentaron los curadores el porqué del proyecto que hoy, 1ro de julio, concluye:
“Iniciado en la Logia Masónica ‘Caballeros Cruzados No. 62’, perteneciente al Gran Oriente Lusitano Unido, en Madrid, España en 1871, Martí encontró en la masonería no solo un refugio espiritual durante sus años de exilio y persecución, sino un sistema ético y filosófico que permeó toda su obra. Los principios de la Orden: la búsqueda de la luz (la verdad), el trabajo sobre uno mismo (tallar la piedra bruta), la fraternidad universal, la creencia en un Gran Arquitecto del Universo y la lucha contra el dogmatismo y la tiranía, son pilares que sostienen su ideario revolucionario y pedagógico.”












