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Hilos de la tierra es el título de la muestra colectiva que desde el pasado 18 de septiembre la galería habanera ArteMorfosis ofrece al público. Tres jóvenes artistas, tres poéticas —cada cual de ellas más incitante—, y un punto de partida común: las artes textiles.
Bajo la mirada de la curadora Ana Beatriz Almeida (La Habana, 2000), aportaron obras recientes Adriana Mugia (Pinar del Río, 1985), Karla Betancourt (Sancti Spíritus, 1992) y Nadia Díaz (La Habana, 1982). En el texto del catálogo, la también crítica de arte nos introduce en el cómo y el porqué de su trabajo curatorial:
“(…) Hilos de la tierra reúne tres prácticas que se aproximan a los ciclos vitales y cósmicos asociados al crecimiento, la mutación, el deterioro y la regeneración. Lejos de converger en una resolución homogénea, cada artista despliega una metodología propia que parte del arte textil y establece, desde allí, relaciones con otros lenguajes de las artes visuales, como la fotografía, la pintura, la instalación y la cerámica.

“En este entramado, lo textil funciona como principio articulador de soportes y formas de producir sentido. Vinculado a prácticas ancestrales y a saberes transmitidos, adquiere aquí nuevas posibilidades discursivas, mientras sus cualidades físicas intervienen de manera activa en la construcción conceptual de las obras. Fibras, cuentas de vidrio, superficies, imágenes, objetos, pigmentos y elementos de procedencias diversas se integran en procesos en los que cada puntada y cada engarce conservan las huellas de su propia elaboración. Materiales y procedimientos se convierten así en vehículos de memoria, capaces de entretejer las vivencias individuales con narrativas colectivas y de enriquecer las formas de comprender la experiencia propia y su conexión con el entorno.
“Las intersecciones que se establecen —entre materia y símbolo, naturaleza y cosmos— conviven con las diferencias formales, procesuales y de enfoque que distinguen cada una de estas prácticas. Es precisamente esa tensión producida por la afinidad y la divergencia la que amplía las posibilidades de lectura de la muestra. Sin perder su autonomía, las obras construyen un territorio común en el que la transformación acontece tanto en los grandes ciclos que articulan sus imaginarios como en la escala mínima del gesto y del hacer.”

GSM. Edición especial, 30 x 40 cm.
Me acerqué a Hilos… motivado por las referencias que ya tenía del trabajo de Adriana. Había visto sus bordados sobre fotografías impresas en papel. Me sedujo en aquel momento la técnica, que no es nueva, pero más el modo en que defendía y ejercía la función autocognoscitiva del arte. Ella se exploraba, se aceptaba, se ofrecía a la mirada de los otros. Ahora, cuando observo sus grandes piezas sobre lienzo, me dice:
“Estas obras forman parte de la serie El hilo dorado, aún en proceso, donde el óleo y el bordado se encuentran. Cada obra parte de un acto de psicomagia: encarno un arquetipo femenino, tomo su postura, me fotografío y traslado esa imagen al lienzo. La Doncella, la Sabia y la Mística son las primeras figuras. Sobre el óleo, cada puntada bordada a mano marca el ritmo y la línea que refuerza la forma. El óleo fluye, el hilo contiene. Es la misma práctica de siempre —la puntada como presencia— ahora conversando con la pintura. La serie indaga en una pregunta: ¿qué parte de mí está manifestándose en este momento? Habitar la postura del arquetipo es un acto simbólico que se vuelve real.”

390. GSM. Edición especial, 30 x 40 cm.

390. GSM. Edición especial, 30 x 40 cm.
Tal como lo percibo, su gesto pone en solfa el arquetipo, que no es otra cosa que limitación, simplificación y confinamiento de lo eterno femenino. Mostrándolo, Adriana dinamita sus cimientos.
Nadia trabaja la cerámica, el tejido y la fotografía. Va, en esta ocasión, de escrutar las fases de la luna a las interrogantes —¿designios?— del Tarot. Una parte de su obra, como la de Adriana, es autorreferencial. Se mueve en la doble condición de objeto y sujeto. Creando, se crea. Ella dice:
“Establezco vínculos entre la experiencia femenina, la espiritualidad y la creación, entendiendo el proceso como parte esencial de la obra. En Trinidad (2025), reinterpreto tres figuras del Tarot —la Sacerdotisa, la Emperatriz y la Reina de Copas— a partir de sus correspondencias astrológicas y numerológicas. A través de la fotografía, encarno estos arquetipos y construyo una lectura personal de sus símbolos.
“‘Luna nueva’ y ‘Luna llena’ (2026), de la serie Lunaciones, parten de la relación simbólica entre el ciclo lunar y el ciclo menstrual. Realizadas en cerámica, tabla de estambre y crochet, las piezas representan momentos clave de estos ciclos.




“En ambas propuestas, la investigación, la elección de los materiales y la elaboración manual intervienen en la construcción de la obra y permanecen visibles en su resultado final.”
Karla, por su parte, se sumerge y nos lleva con ella hacia uno de los temas de la más desesperante actualidad: la posible extinción de la vida en el planeta por causa de la indolencia y la avaricia de la especie que se cree superior: el hombre. Encuentro en su intención un gesto cargado de densidad simbólica. Crea obras de arte con los mismos elementos que usamos para destruir los ecosistemas de los mares. Sus formaciones coralinas denotan una mirada atenta al entorno vital que le (nos) ha tocado. Representan una inmersión feliz, por su alcance estético, en un mundo contradictorio, cruel, pero aún bello.




He aquí sus argumentos:
“Geometría sagrada es una serie que se encuentra entre lo escultórico y el textil; que explora los códigos de la naturaleza para representarla a partir de formas geométrico-matemáticas, como si la ciencia fuera el lenguaje divino en que está escrito el universo. Por ello se construye todo a partir de formas simples repetidas, al igual que la química une elementos básicos para crear estructuras complejas.
“Las obras expuestas intentan reflejar un problema medioambiental actual que es la muerte de los arrecifes coralinos. Estas estructuras naturales, cuando están vivas, albergan la mayor cantidad de organismos del planeta, pero por causas antropogénicas y el calentamiento del agua del mar, están muriendo, lo cual es evidente al perder su coloración natural y tornarse blancas. El resultado de este fenómeno es un desierto sumergido, el cual, aun así, destaca en belleza y vislumbra la majestuosidad de la naturaleza al crear variedad de formas vivientes.
“Tejiendo con cuentas he recreado motivos vegetales, la textura del agua, su espuma y sus reflejos, intentando dar vida a los esqueletos marinos, pero construyéndolos con los materiales de desecho que más afectan a la vida natural: el vidrio y el plástico”.


60 cm.


55 cm.




Karla tiene una maestría en Conservación del Patrimonio (Universidad de las Artes); Nadia, como Adriana, es graduada de la Academia Nacional de Bellas Artes “San Alejandro”. La venturosa conjunción de sus obras en Hilos de la tierra mueve a la observación sensible y al goce de un arte que no se atiene a las modas.
Atentos todos los que en nuestro país se mueven dentro de la institución arte y sus alrededores. Hay mucho que admirar en el trabajo de cada una de ellas.




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Qué: Hilos de la tierra, exposición de artes visuales de Adriana Mugia, Nadia Díaz y Karla Betancourt. Curaduría: Ana Beatriz Almeida.
Dónde: Event Rooms ArteMorfosis. Calle 11, n.º 912, entre 6 y 8, El Vedado, La Habana.
Cuándo: Septiembre y octubre. De lunes a viernes, de 10:00 a. m. a 3:00 p. m.
Cuánto: Entrada libre. Se aconseja solicitar cita.













